El fantasma de la escasez
"Solamente aquél que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado". Nietzsche Entre las actividades económicas más perturbadoras, en un país, se encuentran los controles y regulaciones acompañados de amenazas permanentes para que productores, industriales y comerciantes operen a pérdida. Tal percepción política se convierte en un bumerán que a nadie beneficia y a todos perjudica. Los productores dejan de producir y los consumidores terminan pagando el producto más caro, el que no se consigue, como ya se percibe en diferentes rubros que componen la cesta venezolana. Las regulaciones de un número de alimentos imposibilita hacerse de una gama de ellos como carne de res, leche fresca y en polvo, azúcar, café y granos como la caraota negra, detectándose fallas también en el abastecimiento de papel higiénico y de detergentes para el lavado. Compartimos la preocupación gubernamental por los brotes especulativos, pero lo que conduce a esa anomalía es la regulación misma y que las autoridades se niegan a admitir, no obstante la necesidad de mantener los márgenes operativos en la cadena de comercialización de modo que el producto llegue a los consumidores y los productores cubran sus costos y alcanzar un margen de utilidad equilibrado. La escasez que producen las regulaciones y los controles han fracasado en todos los países donde se han establecido, además de las incomodidades que producen en todos los estratos sociales de la sociedad. Enorme repercusión tendrán también en la escasez y la inflación el desmantelamiento de la estructura impositiva, como el caso del IVA, el cual es considerado por los analistas como uno de los tributos más equitativos. Se desarticula el IVA y a la vez no se estimula ni la producción o la inversión, mientras la espiral inflacionaria sube y sube.
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