“Ejercer el poder es organizar la idolatría”, expresó Bernard Shaw. Se equivoca quien limite la frase a otra de las ‘boutades’ que botaba su ingenio irlandés.La “idolatría” sube desde los pies del “ídolo”, imagen divina a la que, arrodillados, se rinde culto. En antes, cuanto en el humano despertó emoción (un rayo, un eclipse), generó búsqueda de explicación. Surgieron mitos y creencias, ídolos e idolatría. No descubre el agua tibia quien vea la antiquísima idolatría de rodillas ante el pedestal del moderno culto a la personalidad.
¿Por qué gentes comprensivas del daño causado por el cultopersonalismo al socialismo soviético o chino, por ejemplo; gentes que por naturaleza rechazan horrorizadas el sólo pensarse objetos de tal culto; o tan leídas que imposible aplicarles aquello ‘santayano’ de que el desconocimiento de la historia condena a repetirla… en fin, por qué, sabiendo adónde lleva, callan y se calan el cultopersonalismo a Fidel y a Chávez, por ambos poderosos conscientemente impulsado?
Me pasman ellos, colegas calificados, amigos inteligentes, bondadosos, sabedores de que aquello contribuyó al derrumbe soviético y del socialismo real. Me pasman y me pregunto por los genomas y las neuronas y cuanto fisiológico opera en sus mentes. No fue, seguro, porque navegaran en Internet lascivo. ¿Será que de niños sufrieron padres o maestros dominantes, incluso maltratadores, pero necesitados para siempre?
La relación con las masas justificaría el pliegue de los espinazos como sublimación del Yo disuelto en el Colectivo, esa masa que les sacará la chicha. O quizá la causa resida en una relación individuo y poder, tan kafkiana como la de Kafka, o como la sufrida por Milán Kundera y Reinaldo Arenas, más alienante hoy pues el poder sabe embriagarse con la chicha de sus víctimas embriagadas.
Queda volver al inicio. En tales cultopersonalistas (¿cabe preocuparse por ellos?), sobrevive la primaria idolatría, ampliada hasta las justificaciones –cínicas y sin seso– de que el proceso requiere que masas no educadas –por culpa de la cuarta– adoren al Jefe… ya en el camino se enderezará la carga, dicen. Ninguna experiencia histórica avala tal necedad, síntoma de la enfermedad del Poder.
Por contrario. En escuelas, aunque llamadas bolivarianas y robinsonianas, no cabe formación crítica. Su misión adánica, o cainita, es la generación de la primera degeneración imprescindible para el ejercicio vitalicio del Poder, como enseñó Fidel. Perderemos un posible Paraíso y los hermanos nos entremataremos. En educación superior nos acuñarán –ya dijeron– la conversión de la autonomía en el parapeto con que el ‘academicismo’ socavó el Núcleo UDO-Sucre, es decir, el populismo en forma ‘estudiantista’, corrupto y violento. Y ni pensar en siembra de ciudadanos, como Sucre, Vargas, Andrés Eloy o De Venanzi. Mucho, sí, de un Maiz sectario, transgénico, dedicado a amasar la masa para asfixiar al odiado “Individuo”. Más, cuando el poder ya aprendió cómo hacer que sus propias víctimas le carguen las pilas.
Queda volver al inicio. En tales cultopersonalistas (¿cabe preocuparse por ellos?), sobrevive la primaria idolatría, ampliada hasta las justificaciones –cínicas y sin seso– de que el proceso requiere que masas no educadas –por culpa de la cuarta– adoren al Jefe… ya en el camino se enderezará la carga, dicen. Ninguna experiencia histórica avala tal necedad, síntoma de la enfermedad del Poder.
Por contrario. En escuelas, aunque llamadas bolivarianas y robinsonianas, no cabe formación crítica. Su misión adánica, o cainita, es la generación de la primera degeneración imprescindible para el ejercicio vitalicio del Poder, como enseñó Fidel. Perderemos un posible Paraíso y los hermanos nos entremataremos. En educación superior nos acuñarán –ya dijeron– la conversión de la autonomía en el parapeto con que el ‘academicismo’ socavó el Núcleo UDO-Sucre, es decir, el populismo en forma ‘estudiantista’, corrupto y violento. Y ni pensar en siembra de ciudadanos, como Sucre, Vargas, Andrés Eloy o De Venanzi. Mucho, sí, de un Maiz sectario, transgénico, dedicado a amasar la masa para asfixiar al odiado “Individuo”. Más, cuando el poder ya aprendió cómo hacer que sus propias víctimas le carguen las pilas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.