Leo y releo mis columnas los días que median entre una y otra aparición. A ratos para solaz individual, eso tan horroroso a los ojos de la dogmática revolucionaria colectivista. O quizá porque sabiendo cuán pocos me leen, procuro multiplicar ilusamente mis lectores.Ciertas tardes, me leo como el pedante que no me lee. Otras, me pongo en el lugar de los funcionarios a quienes critico, a sabiendas de que funcionarios son, justo por eso, porque apenas si leen, los quince y último, el estado de cuentas y cestatickets. Otras, finjo ser de quienes me rocían agua de rosas o de quienes me echan pestes. Juntos, no más de media docena.
No me releo, pues, como íngrimo lector. Con frecuencia, soy uno parecido al par que cada semana me felicita, o al trío que me critica ‘constructivamente’, como solíamos decir los poseedores de la Verdad Única del Partido Único, posesos por el materialismo dialéctico e histórico; es decir, comunistas que conociendo ya lo inhumano y antidemocrático inherente al comunismo real, seguíamos de hipócritas y cínicos reverenciando en Stalin al redivivo Santo de Asís, en Mao a San Miguel abatiendo al dragón, y en Castro a una especie de tropicalizada madre Teresa de Calcuta .
Por lo dicho, me gustará decir lo bien que quedó la “Diapositiva” anterior compartiendo página con un escrito conmovido por la tragedia que asola al Parque Guaiquerí (pudiera decir “asuela”, pero desconsuela más; “asola” se asocia más a su desolación.
Apenas sé de su autor lo que dice de sí mismo: Un “artesano humilde y paisajista”, “enamorado del parque”. donde sus hijos jugaban y respiraban aire puro. Firma Oswaldo Ramírez Arenas. Mucho lirismo deja en su texto el mucho dolor de su alma. Tanto que al asomarse al viejo territorio de al lado del Manzanares, , ve “la tristeza de todos los abandonados parques de la tierra”.
Saludo su escrito y anoto que igual que su amigo Lucho Rosales, también desconocido por mí, años llevo soñando y repitiendo que el Guaiquerí, más el Ayacucho, deberían funcionar como Jardín Botánico. Por supuesto que libres de la inseguridad y sin carteles cultopersonalistas del alcalde, el gobernador y el presidente, dañinos para el ambiente, el erario público y el buen gusto… y la dignidad humana.
Así, ambos parques servirían al turismo que alguna vez vendrá, a la ciudadanía y a su educación, con árboles cuidados, guías que ilustren a visitantes y a escolares, y un vademécum de rigor científico, sabiduría didáctica y excelencia fotográfica y editorial. Algo como lo hecho por el viejo reaccionario Tobías Lasser en el Botánico de la UCV cuando la cuarta.
La ciudad reclama un parque vivo, donde los enamorados vuelvan a sus bancos y oigan de nuevo las campanadas horarias de Santa Inés. Un parque integrado al rescate del Centro Histórico y del Manzanares, todo dentro de un plan integral de recuperación urbana, pensado al menos para un siglo. Si no es así, mejor sigan sin hacer nada, malgastando en pañitos o pañotes calientes.
(El Mensajero, semanario de Cumaná. 9/02/07)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.