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sábado, 31 de marzo de 2007

CÓMICA INSTITUCIONAL de Julio César Arreaza B.

2001
A otro perro con el hueso del fabricado conflicto institucional entre “dos poderes públicos serios e independientes”, como serían el TSJ y la AN. Los venezolanos no debemos tragarnos el cuento de que la disputa obedece a diferencias de orden jurídico-ético y mucho menos al celo republicano de defender la competencia de cada poder. La excusa escogida por la Asamblea Nacional, nombre calcado de su par cubana, aquí siempre se ha llamado Congreso Nacional, es una sentencia del TSJ que establece que el impuesto sobre la renta se basará en el salario básico sin incluir los bonos. Los ventrílocuos del parlamento propiedad de Chávez se rasgan las vestiduras por considerar que los magistrados de la Sala Constitucional actuaron en beneficio propio al modificar el modo de pagar el impuesto al enriquecimiento, sacando de la base imponible los millonarios bonos que devengan. El hedor que aflora de esta caricatura de conflicto es el más patético bochinche administrativo y despelote institucional nunca antes visto, que asfixia a los ciudadanos y les menoscaba sus derechos fundamentales de justicia, de empleo decente y libertad. Queda grande el vocablo Justicia en boca de los destructores y trastornadores del principio de separación e independencia de los poderes públicos y del tejido social solidario de lo auténtico venezolano. Nada tiene que decirnos una Asamblea espuria, rojita y gris, elegida con menos del 10% de los electores, un Parlamento democráticamente votado jamás hubiera entregado su potestad esencial de legislar por año y medio al Poder Ejecutivo como lo hizo aquella. Ahora los falsos diputados, que no representan ni a su familia, saltan indignados porque el TSJ usurpa su facultad legislativa y ordenan el desacato, después que el máximo tribunal se ha cansado de legislar a favor del régimen durante estos últimos años de revolución retrograda. No abrieron la boca cuando el TSJ avaló las morochas a todas luces inconstitucionales, las firmas planas y le regaló a Chávez una ñapa grandota de meses adicionales en el ejercicio del poder.
Callan ante la ausencia canallesca de justicia para los presos políticos, Vivas , Forero, Simonovis, etc, que llevan años privados ilegítimamente de su libertad, constituyéndose en uno de los casos más perversos y emblemáticos de denegación de justicia en nuestra vida republicana. Carecen además de autoridad moral, al tolerar que Chávez les arrebatara su función de sancionar leyes; y resulta patético ver a los infelices eunucos aplaudir las gracias de su padrote que hace y deshace con el país, con tal que les mantenga su misión beca “quince y último”, razón que mueve a estos seres básicos. La bufonada sería cómica sino fuera por las terribles consecuencias para el presente y futuro. Si aplicamos al régimen ”el que esté libre de haber usurpado que tire la primera piedra”, los parásitos del mandamás quedarían petrificados. Por los dimes y diretes entre los secuaces del proceso, nos enteramos que la tristemente célebre tribu judicial “banda de los enanos” tiene su cabeza en el TSJ.
Chávez el usurpador de usurpadores no sólo ha concentrado los poderes públicos bajo su absoluto dominio, sino que ha usurpado la voluntad popular, el bien más preciado de la democracia, al impedir elecciones limpias, mediante las ejecutorias de la abyecta, usurpada y usurpadora,” Caja Negra Electoral” (CNE). Recientemente a Chávez se le preguntó que se definiera en una frase y luego de pensar un poco espetó “un subversivo en Miraflores”, todo lo contrario al deber ser de su rol que no es precisamente trastornar, revolver, destruir, sino resguardar el orden público. Despilfarra el tiempo valioso de un gobernante en subvertir la democracia para inculcar los nuevos dogmas del absolutismo y el pensamiento único.
La estrategia del régimen está muy clara, la redacción en secreto de un nuevo texto constitucional, la habilitante , la conformación a juro del partido único comunista y el sainete de puja entre la AN y el TSJ, encierran un solo propósito: la reelección indefinida del teniente coronel. Esto es el sueño del “gran jefe”. La sociedad democrática debe resistir y denunciar el despropósito de eliminar el sagrado principio de la alternabilidad del poder.

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