2001/NDDespués de ocho años en la Presidencia, Hugo Chávez emerge como un autócrata y con un perfil bien definido, su fin es el poder absoluto. Antes las divagaciones confundían a sus detractores, comunismo, fascismo o la mezcla de ambos de acuerdo a sus conveniencias. Chávez está llegando a su final, después de largos serpenteos, el “jacarandoso” personaje para algunos motivos de mofa y para otros puro bla bla sin concretar nada, dejó de ser una entelequia y hoy es una “realidad”. Muchos resultaron equivocados, las críticas fueron irrelevantes, y los menosprecios desviaron la atención de la gente. ¿Qué importa ahora si no aprobó el curso de estado mayor? ¿Qué importa su verruga o el color de su piel? A ello, se dirigían las imprecaciones, como si fuéramos una sociedad de castas o de privilegios y boatos reconocidos, esto en vez de disminuirlo lo sembró en los sectores populares, quienes en nutridos casos se sintieron identificados con él. Chávez aprovechó todas estas descalificaciones para “enaltecerse” he allí una de sus virtudes, sabiendo moverse como ningún otro político que hasta el momento lo haya enfrentado. Él, reflejó algo distinto para el acontecer venezolano, donde las instituciones medio funcionaban y las apariencias se guardaban. Las descalificaciones eran suficientes para desenmascarar a cualquiera, ahuyentarlo o aventarlo a la cárcel. Las opiniones hoy por hoy cambian, Rafael Poleo lo considera después de Rómulo Betancourt un político instintivo, sin encontrar a otro en nuestro entorno residual de politiqueros con las mismas claridades. Fueron abundantes los intentos de la disidencia para sacarlo del poder, conocidas vicisitudes que, en ningún caso parecen haberle hecho mella, ni siquiera en su supuesta ilegitimidad. Profusa cotorra y cero pruebas, presunciones, arrebatos de cólera que, posiblemente lograrán probarse en algún momento sin que hasta ahora exista la evidencia. Si seguimos su parafernalia en las cosas anunciadas, vemos como cumple en la practica sus políticas represivas, privaciones de la libertad de expresión, inversamente en materia de planificación es bastante errático, no obstante el chorro de dólares con que cuenta. Pensamos que Chávez no es impensado como algunos juzgaron, y si miramos sus planes, observamos que sus “incoherencias” llevan un sentido real y al final tienden a concretarse. En este período sus anuncios deben ser tomados en cuenta para defendernos de ellos. Y cuando utilizamos el vocablo defendernos no lo hacemos de manera defensiva, sino de avanzada. La defensa debe ser hacia delante, no permitiendo nos pisoteen la libertad de expresión, como intentan hacerlo con el cierre de RCTV o acosando a Tal Cual; vulnerando la propiedad privada a través de arbitrios administrativos o ahogando la industria para acabar con la libre competencia. Todos estos impedimentos del régimen deben ser rechazados hasta el final, preservando lo que tanto nos tocó conquistar a sangre y fuego desde que somos una república. Las “virtudes” de Chávez deberán ser contempladas con mayor rigor para poder salvarnos de su totalitarismo salvaje. Con un sólo partido, como el de Benito Mussolini, y una sola voz de mando que, obliga a obedecer al “comandante” No señor, defendámonos de verdad como siempre lo hicimos, contra las dictaduras del General Gómez, de Pérez Jiménez y no busquemos al Mirabeau, de la revolución francesa para que altisonantemente exalte nuestras prerrogativas. Asumamos la verdadera dimensión de las “locuacidades” del presidente que, todas conducen a un mismo lugar. Haber subestimado a Hugo Chávez nos ha costado ocho años nebulosos y de luto. Sus “virtudes” son evidentes, supo imponerse, “triunfando”, desviando la atención en los verdaderos objetivos de la disidencia, hacia supuestos debates ideológicos, mientras destruía nuestro marco legal. Es qué acaso, la disidencia no tiene también sus “virtudes” y causas para defenderse, o si quieren entenderlo de otra manera, para derrotar una tiranía.
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