2001Hablar del PUS, Partido Único Socialista, resulta una falacia porque lo que se está ocultando y gestando detrás de esta fachada es el PUM, el Partido Único Militar, siendo el ordeno y mando el verdadero propósito. A Chávez nunca le interesaron los partidos democráticos, el debate y la pluralidad de ideas, siempre los ha utilizado tal cual dijo respecto de los militares, como condones. Los usa y luego los desecha, qué lo digan el MAS, Podemos y el arrastrado PPT. En dos palabras el PUM le hará PUM.. PUM.. al PUS, así como suena: un disparo, PUM.. PUM.. al parapeto del PUS. La Reforma Constitucional y la Ley Habilitante muestran el talante totalitario del régimen, a Chávez lo único que lo mueve es perpetuarse en el mando. La nueva geometría del poder son los Consejos Comunales, previstos para eliminar las Gobernaciones y Alcaldías, pasando todo a depender de los designios de la bota del mandamás. Los dirigentes de la izquierda hacen un papelón al haber hipotecado su dignidad, sueños de justicia social y sacrificios de toda una vida, a favor de un militarismo avasallante, vulgar y silvestre, que combatieron en su mejores años.
Tras la cuestionada legitimación de Chávez por parte de los dirigentes sumisos y calculadores, que defraudaron al pueblo democrático cuando incumplieron la promesa de atreverse a cobrar en las elecciones del 3D, el régimen, fiel a su naturaleza “no democrática” semejante al escorpión del cuento que terminó emponzoñando a la noble y servicial ranita que le salvó la vida, avanza desaforadamente en la implantación de la “nueva geometría del poder”. A toda velocidad y al mando del timón de la “Hummer Revolucionaria”, el teniente coronel le tiró tres trompetillas al pretendido “espacio ganado” con base a los cuatro millones de votos alcanzados por Rosales. Esa es la forma de reconocer a los que piensan distinto, a pesar de la buena conducta demostrada por los dirigentes blandengues de la oposición al concurrir como corderitos a una degollina en manos del verdugo tribunal electoral parcializado, que contabilizó de antemano en el buche los votos del régimen. Así paga el diablo. La legitimidad de Chávez estaba para el momento de las elecciones del 3D seriamente debilitada, y ya los factores internacionales comenzaban a expresar sus suspicacias frente a un parlamento unicolor y espurio, electo con poco más del 10% de los electores, y es cuando sale a escena la oposición colaboracionista a prestarle el servicio de potenciarle la legitimidad, al admitir Rosales una diferencia de votos abismal no acorde con la terca realidad de los hechos. Fue un espejismo la superioridad de la oposición en las visibles y multitudinarias movilizaciones de calle. La serie de incongruencias e inconsecuencias hacen que la oposición se encuentre dividida y escéptica, siendo pertinente acometer la oportuna propuesta democrática formulada por Carlos Blanco de precisar lo ocurrido el 3D: determinar si Chávez ganó o si se produjo un descomunal fraude, montado por el régimen para perpetuarlo en el poder. La Comisión de la Verdad estaría presidida por Enrique Márquez, reputado técnico del equipo de Rosales, e integrada entre otros, por el ex rector de la Universidad Simón Bolívar, Freddy Malpica, el profesor Mosquera y la gente de Súmate. Si del cruce de la información se desprende la victoria de Chávez , tal como lo reconociera tajantemente Rosales, se aclararía la estrategia sobre lo que habría que hacer en los terrenos político y social, y se lograría unir a los sectores disidentes que hasta ahora se mantienen distanciados por este punto. Si por el contrario, el análisis arroja que se perpetró un fraude, entonces el problema no sería solamente el de cómo conectarse con una mayoría que se ha manifestado apática frente a la oposición, sino como frenar a una minoría tiránica que dispone del país, impunemente, como si de su botín se tratara, ante la vista gorda de los poderes públicos rojos rojitos, y actuando en contra de una mayoría que luce impotente al cerrársele los cauces democráticos para dirimir su desacuerdo. Al restablecerse la verdad de lo sucedido, se produciría el reencuentro del pueblo opositor, quien en función de una visión compartida adoptaría estrategias acertadas.
Tras la cuestionada legitimación de Chávez por parte de los dirigentes sumisos y calculadores, que defraudaron al pueblo democrático cuando incumplieron la promesa de atreverse a cobrar en las elecciones del 3D, el régimen, fiel a su naturaleza “no democrática” semejante al escorpión del cuento que terminó emponzoñando a la noble y servicial ranita que le salvó la vida, avanza desaforadamente en la implantación de la “nueva geometría del poder”. A toda velocidad y al mando del timón de la “Hummer Revolucionaria”, el teniente coronel le tiró tres trompetillas al pretendido “espacio ganado” con base a los cuatro millones de votos alcanzados por Rosales. Esa es la forma de reconocer a los que piensan distinto, a pesar de la buena conducta demostrada por los dirigentes blandengues de la oposición al concurrir como corderitos a una degollina en manos del verdugo tribunal electoral parcializado, que contabilizó de antemano en el buche los votos del régimen. Así paga el diablo. La legitimidad de Chávez estaba para el momento de las elecciones del 3D seriamente debilitada, y ya los factores internacionales comenzaban a expresar sus suspicacias frente a un parlamento unicolor y espurio, electo con poco más del 10% de los electores, y es cuando sale a escena la oposición colaboracionista a prestarle el servicio de potenciarle la legitimidad, al admitir Rosales una diferencia de votos abismal no acorde con la terca realidad de los hechos. Fue un espejismo la superioridad de la oposición en las visibles y multitudinarias movilizaciones de calle. La serie de incongruencias e inconsecuencias hacen que la oposición se encuentre dividida y escéptica, siendo pertinente acometer la oportuna propuesta democrática formulada por Carlos Blanco de precisar lo ocurrido el 3D: determinar si Chávez ganó o si se produjo un descomunal fraude, montado por el régimen para perpetuarlo en el poder. La Comisión de la Verdad estaría presidida por Enrique Márquez, reputado técnico del equipo de Rosales, e integrada entre otros, por el ex rector de la Universidad Simón Bolívar, Freddy Malpica, el profesor Mosquera y la gente de Súmate. Si del cruce de la información se desprende la victoria de Chávez , tal como lo reconociera tajantemente Rosales, se aclararía la estrategia sobre lo que habría que hacer en los terrenos político y social, y se lograría unir a los sectores disidentes que hasta ahora se mantienen distanciados por este punto. Si por el contrario, el análisis arroja que se perpetró un fraude, entonces el problema no sería solamente el de cómo conectarse con una mayoría que se ha manifestado apática frente a la oposición, sino como frenar a una minoría tiránica que dispone del país, impunemente, como si de su botín se tratara, ante la vista gorda de los poderes públicos rojos rojitos, y actuando en contra de una mayoría que luce impotente al cerrársele los cauces democráticos para dirimir su desacuerdo. Al restablecerse la verdad de lo sucedido, se produciría el reencuentro del pueblo opositor, quien en función de una visión compartida adoptaría estrategias acertadas.
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