La crisis de los marines: ¿habrá guerra en Irán? Teherán se niega a liberar a los 15 soldados británicos. Y Estados Unidos tiene desplegada en la zona una inmensa fuerza naval. Sin embargo, no es claro aún que una nueva conflagración sea posible. El diario argentino Clarín analiza hoy este espinoso tema.
Un estremecimiento recorre las espaldas del mundo por el temor de que una nueva guerra, mucho más explosiva de las que se han producido hasta ahora, estalle en Oriente Medio gatillada por la crisis de los marinos británicos detenidos el 23 de marzo por Irán.
Las condiciones objetivas están dadas aunque no todas ellas para que este nuevo desastre se produzca. Veamos:
# Hay una enorme concentración naval militar cerca del estrecho de Ormuz y frente a las costas iraníes que desplegó EE.UU. y que incluye dos portaaviones, destructores misilísticos, cuadrillas de aviones y helicópteros y más de 11.000 hombres.
# El presidente norteamericano George Bush habló ayer abiertamente de “rehenes” y no detenidos al referirse a los soldados en manos de Teherán y calificó el episodio como una “conducta inexcusable”, aumentando una escala más la tensión.
# La crisis de los marinos arrestados se sumó al conflicto anterior y de mayor dimensión por el programa nuclear que la Revolución Islámica iraní esta llevando adelante en desafío a la presión de Occidente. El Consejo de Seguridad de la ONU decidió ya dos rondas de sanciones contra ese plan que Teherán insiste es para resolver sus graves problemas de energía.
Sin embargo, si bien estos argumentos son consistentes, en la columna de las fuertes dudas sobre si se avanza a una conflagración inevitable, se anota el liderazgo perforado de Washington y Londres de resultas de la calamidad en que se ha convertido el escenario iraquí hundido ya en una guerra civil desmadrada. Hace apenas semanas funcionarios de alto nivel de EE.UU. se encontraron con pares de Irán entre otros países en Bagdad en la primera de una serie de conferencias multinacionales para intentar hallar una solución común al desastre en Irak donde la teocracia de Teherán tiene decidida influencia sobre la mayoría shiíta. Para la Casa Blanca y sus aliados, esas reuniones aparecen como la única alternativa a mano para intentar evitar que se propague el incendio en el Golfo.
Teherán insiste que los marinos fueron detenidos luego de ingresar en sus aguas jurisdiccionales, cuestión que Londres rechaza. Pero por afuera de ese punto de vista homogéneo, parecen convivir en el gobierno iraní al menos dos actitudes superpuestas para gerenciar esta crisis lo que deja abierta la posibilidad de una salida negociada. Así, ayer, mientras el presidente ultraislámico Mahmoud Ahmadinejad volvió a criticar con dureza a los británicos, la cancillería, que no depende directamente del jefe de Estado, anunció su disposición a eventualmente examinar una nota diplomática enviada por Londres en la que reclama la liberación de sus hombres.
Junto a esa señal se agregó también ayer otra aún más relevante. Teherán informó sorpresivamente que esta dispuesto a continuar “sin limitaciones ni interrupciones” las inspecciones que la Agencia Internacional de Energía Atómica, dependiente de las Naciones Unidas, realiza para determinar la evolución del cuestionado programa atómico.
Otro elemento no menor es la disparada incesante del precio del barril de petróleo que ronda hoy los 70 dólares y que podría escalar a niveles sin precedentes si se desata una conflagración que bloquee el estrecho de Ormuz, el paso obligado del cuarenta por ciento del petróleo que se negocia en el mundo y del 90% que se exporta desde el Golfo Pérsico. Estos elementos entre otros explicarían la leve respuesta de la ONU a las demandas de Tony Blair para un respaldo en su crisis con Irán y también la tenue o por lo menos imprecisa declaración europea que no incluyó medidas de presión.
La pregunta
La pregunta en el título de este artículo es la que más gira en estas horas por el planeta. Y carece de una respuesta única y rotunda. La nueva crisis con Irán por el arresto de los marinos británicos, que se suma a la controversia anterior por el programa nuclear de la nación islámica, es como un barril de pólvora abierto en un salón iluminado con velas. Todo puede suceder particularmente por la imprevisibilidad del conjunto incluyendo la de los principales enemigos de Teherán. Esta fragilidad en que se mueve el mundo es inaceptable. Ha sido la consecuencia de una reducción exponencial de la diplomacia que desbarató equilibrios que costó generaciones consolidar. Es por eso que la pregunta además denuncia asombro y temor.
Marcelo CantelmiClarín, Argentina
Gran Bretaña baja el tono en busca de una solución negociada
Nueve días después de la captura de 15 militares británicos en aguas controvertidas, Gran Bretaña baja el tono para buscar una solución a la crisis mientras Irán lo alza. El presidente iraní exige —sin eufemismos— una “disculpa pública” del reino por haber ingresado a su jurisdicción ilegalmente.
“Gran Bretaña está buscando un rápido y pacífico final a la crisis”, dijo la canciller británica, Margaret Beckett desde Bremen, donde no ha conseguido sensibilizar más que formalmente a sus socios de la Unión Europea para una acción enérgica contra Irán, que Gran Bretaña no obtuvo en Naciones Unidas. La Unión amenaza con imprecisas medidas a aplicar si los Royal Marines, detenidos y exhibidos ostentosamente en la televisión iraní en una guerra de propaganda y acción psicológica, no son liberados inmediatamente.
El cambio de tono de la cancillería británica llegó ayer a la tarde, después de que el embajador iraní en Moscú, Gholamreza Ansari, anunciara, en una entrevista televisiva, que se había iniciado un “proceso legal” contra los militares británicos en Irán y que deberían cumplir prisión si eran condenados.
Una nota diplomática fue enviada inmediatamente del Foreign Office a los iraníes.
La canciller Beckett agregó: “Pienso que cada uno lamenta la escalada. Lo que buscamos es una salida. Nosotros la queremos pacífica y a la brevedad posible“.
Poco después, la agencia oficial iraní IRNA informó que, en la entrevista con el embajador en Moscú, había existido ”un error de traducción”.
La cancillería iraní y británica parecían haber tomado el control de la disputa cuando el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad hablo en Teherán ante una multitud enfervorizada y exigió una disculpa pública a la “arrogante” Gran Bretaña.
“La cuestión esta bajo revisión judicial por el impropio acercamiento británico”, anunció el presidente, que no controla todo el poder en la lucha entre moderados y radicales iraníes, pero tiene el apoyo incondicional de los Guardias de la Revolución, que detuvieron a los británicos.
La pedido de disculpas es imposible de cumplir para el primer ministro Tony Blair, aislado, humillado . Blair se debilita por diferentes razones. El incidente se produjo poco después de que acusaran a Irán de pagar 500 dólares a cada uno que atacara a un soldado británico. Los aliados europeos le cobran a Blair su intransigencia en la guerra de Irak, su incapacidad de hacer concesiones cuando todos se las exigían. Su alianza con Estados Unidos en una guerra en Irak que no controla y que está perdiendo lo complica aún más.
EE.UU. rechazó toda posibilidad de intercambiar los prisioneros británicos por cinco iraníes (que serían de la Guardia de la Revolución) detenidos por los norteamericanos en Irak
Un tema tabú en la prensa londinense es el análisis de los contenidos de las cartas de la marinera Faye Turney y las “profundas disculpas” del marino Nathan Summers por haber entrado en aguas iraníes.
Mas allá de la presión bajo la que los detenidos se encuentran, los 15 detenidos están entrenados para soportarla. Los expertos militares británicos creen que no están siendo extorsionados, contra la opinión del primer ministro Tony Blair, que habla de “coerción”. El comportamiento de los marineros detenidos no tienen antecedentes en Gran Bretaña y exhiben el profundo descontento, frustración y hartazgo que existe entre los miembros de las fuerzas armadas británicas por su rol en Irak y Afganistán y el disgusto que les provoca los falsos motivos invocados por Blair para enviarlos a la guerra.
María Laura AvignoloClarín, Argentina noticias 24
Un estremecimiento recorre las espaldas del mundo por el temor de que una nueva guerra, mucho más explosiva de las que se han producido hasta ahora, estalle en Oriente Medio gatillada por la crisis de los marinos británicos detenidos el 23 de marzo por Irán.
Las condiciones objetivas están dadas aunque no todas ellas para que este nuevo desastre se produzca. Veamos:
# Hay una enorme concentración naval militar cerca del estrecho de Ormuz y frente a las costas iraníes que desplegó EE.UU. y que incluye dos portaaviones, destructores misilísticos, cuadrillas de aviones y helicópteros y más de 11.000 hombres.
# El presidente norteamericano George Bush habló ayer abiertamente de “rehenes” y no detenidos al referirse a los soldados en manos de Teherán y calificó el episodio como una “conducta inexcusable”, aumentando una escala más la tensión.
# La crisis de los marinos arrestados se sumó al conflicto anterior y de mayor dimensión por el programa nuclear que la Revolución Islámica iraní esta llevando adelante en desafío a la presión de Occidente. El Consejo de Seguridad de la ONU decidió ya dos rondas de sanciones contra ese plan que Teherán insiste es para resolver sus graves problemas de energía.
Sin embargo, si bien estos argumentos son consistentes, en la columna de las fuertes dudas sobre si se avanza a una conflagración inevitable, se anota el liderazgo perforado de Washington y Londres de resultas de la calamidad en que se ha convertido el escenario iraquí hundido ya en una guerra civil desmadrada. Hace apenas semanas funcionarios de alto nivel de EE.UU. se encontraron con pares de Irán entre otros países en Bagdad en la primera de una serie de conferencias multinacionales para intentar hallar una solución común al desastre en Irak donde la teocracia de Teherán tiene decidida influencia sobre la mayoría shiíta. Para la Casa Blanca y sus aliados, esas reuniones aparecen como la única alternativa a mano para intentar evitar que se propague el incendio en el Golfo.
Teherán insiste que los marinos fueron detenidos luego de ingresar en sus aguas jurisdiccionales, cuestión que Londres rechaza. Pero por afuera de ese punto de vista homogéneo, parecen convivir en el gobierno iraní al menos dos actitudes superpuestas para gerenciar esta crisis lo que deja abierta la posibilidad de una salida negociada. Así, ayer, mientras el presidente ultraislámico Mahmoud Ahmadinejad volvió a criticar con dureza a los británicos, la cancillería, que no depende directamente del jefe de Estado, anunció su disposición a eventualmente examinar una nota diplomática enviada por Londres en la que reclama la liberación de sus hombres.
Junto a esa señal se agregó también ayer otra aún más relevante. Teherán informó sorpresivamente que esta dispuesto a continuar “sin limitaciones ni interrupciones” las inspecciones que la Agencia Internacional de Energía Atómica, dependiente de las Naciones Unidas, realiza para determinar la evolución del cuestionado programa atómico.
Otro elemento no menor es la disparada incesante del precio del barril de petróleo que ronda hoy los 70 dólares y que podría escalar a niveles sin precedentes si se desata una conflagración que bloquee el estrecho de Ormuz, el paso obligado del cuarenta por ciento del petróleo que se negocia en el mundo y del 90% que se exporta desde el Golfo Pérsico. Estos elementos entre otros explicarían la leve respuesta de la ONU a las demandas de Tony Blair para un respaldo en su crisis con Irán y también la tenue o por lo menos imprecisa declaración europea que no incluyó medidas de presión.
La pregunta
La pregunta en el título de este artículo es la que más gira en estas horas por el planeta. Y carece de una respuesta única y rotunda. La nueva crisis con Irán por el arresto de los marinos británicos, que se suma a la controversia anterior por el programa nuclear de la nación islámica, es como un barril de pólvora abierto en un salón iluminado con velas. Todo puede suceder particularmente por la imprevisibilidad del conjunto incluyendo la de los principales enemigos de Teherán. Esta fragilidad en que se mueve el mundo es inaceptable. Ha sido la consecuencia de una reducción exponencial de la diplomacia que desbarató equilibrios que costó generaciones consolidar. Es por eso que la pregunta además denuncia asombro y temor.
Marcelo CantelmiClarín, Argentina
Gran Bretaña baja el tono en busca de una solución negociada
Nueve días después de la captura de 15 militares británicos en aguas controvertidas, Gran Bretaña baja el tono para buscar una solución a la crisis mientras Irán lo alza. El presidente iraní exige —sin eufemismos— una “disculpa pública” del reino por haber ingresado a su jurisdicción ilegalmente.
“Gran Bretaña está buscando un rápido y pacífico final a la crisis”, dijo la canciller británica, Margaret Beckett desde Bremen, donde no ha conseguido sensibilizar más que formalmente a sus socios de la Unión Europea para una acción enérgica contra Irán, que Gran Bretaña no obtuvo en Naciones Unidas. La Unión amenaza con imprecisas medidas a aplicar si los Royal Marines, detenidos y exhibidos ostentosamente en la televisión iraní en una guerra de propaganda y acción psicológica, no son liberados inmediatamente.
El cambio de tono de la cancillería británica llegó ayer a la tarde, después de que el embajador iraní en Moscú, Gholamreza Ansari, anunciara, en una entrevista televisiva, que se había iniciado un “proceso legal” contra los militares británicos en Irán y que deberían cumplir prisión si eran condenados.
Una nota diplomática fue enviada inmediatamente del Foreign Office a los iraníes.
La canciller Beckett agregó: “Pienso que cada uno lamenta la escalada. Lo que buscamos es una salida. Nosotros la queremos pacífica y a la brevedad posible“.
Poco después, la agencia oficial iraní IRNA informó que, en la entrevista con el embajador en Moscú, había existido ”un error de traducción”.
La cancillería iraní y británica parecían haber tomado el control de la disputa cuando el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad hablo en Teherán ante una multitud enfervorizada y exigió una disculpa pública a la “arrogante” Gran Bretaña.
“La cuestión esta bajo revisión judicial por el impropio acercamiento británico”, anunció el presidente, que no controla todo el poder en la lucha entre moderados y radicales iraníes, pero tiene el apoyo incondicional de los Guardias de la Revolución, que detuvieron a los británicos.
La pedido de disculpas es imposible de cumplir para el primer ministro Tony Blair, aislado, humillado . Blair se debilita por diferentes razones. El incidente se produjo poco después de que acusaran a Irán de pagar 500 dólares a cada uno que atacara a un soldado británico. Los aliados europeos le cobran a Blair su intransigencia en la guerra de Irak, su incapacidad de hacer concesiones cuando todos se las exigían. Su alianza con Estados Unidos en una guerra en Irak que no controla y que está perdiendo lo complica aún más.
EE.UU. rechazó toda posibilidad de intercambiar los prisioneros británicos por cinco iraníes (que serían de la Guardia de la Revolución) detenidos por los norteamericanos en Irak
Un tema tabú en la prensa londinense es el análisis de los contenidos de las cartas de la marinera Faye Turney y las “profundas disculpas” del marino Nathan Summers por haber entrado en aguas iraníes.
Mas allá de la presión bajo la que los detenidos se encuentran, los 15 detenidos están entrenados para soportarla. Los expertos militares británicos creen que no están siendo extorsionados, contra la opinión del primer ministro Tony Blair, que habla de “coerción”. El comportamiento de los marineros detenidos no tienen antecedentes en Gran Bretaña y exhiben el profundo descontento, frustración y hartazgo que existe entre los miembros de las fuerzas armadas británicas por su rol en Irak y Afganistán y el disgusto que les provoca los falsos motivos invocados por Blair para enviarlos a la guerra.
María Laura AvignoloClarín, Argentina noticias 24
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