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sábado, 7 de abril de 2007

MISIÓN HUMMER de Julio César Arreaza B.

2001
El mensaje de Chávez durante la campaña electoral de 1998 satisfizo las esperanzas de inclusión afectiva de los sectores populares, demostrando el candidato su habilidad para conectarse con ellos, que ya estaban hartos y decidieron pasarle factura a una dirigencia indolente que se fue distanciando de sus aspiraciones y demandas al dejar de interpretarlos. Luego de 8 largos años de gestión chavista el drama social no puede ser más desolador. El 40% de los hogares venezolanos dispone de Bs. 4.000 por persona/día para comer y otros 4.000 para vivir, con esas cantidades ni se come ni se vive, se continua atado a la pobreza. Un 57% de los venezolanos no posee las capacidades para labrarse una vida digna. Con un ingreso promedio mensual de Bs. 800.000 al mes las familias no calzan los estándares mínimos de educación, salud, vivienda y transporte. Estos son los problemas que un estadista responsable encararía con los recursos provenientes del ciclo más prolongado de altos ingresos petroleros. Pero el timonel es Chávez, y en lugar de trabajar, nos preguntamos cuando lo hace, se la pasa de acto en acto predicando el marxismo, y si no brincando de un país a otro, a bordo del lujoso avión presidencial, regalando recursos sustraídos del bienestar de los venezolanos, buscando sentirse querido y popular, cuando los afectos comprados demuestran al final que no son leales. Al pervertir el sistema comicial y convertirlo en una Caja Negra Electoral, el régimen admite que perdió el respaldo de las mayorías y requiere taparse su indigencia democrática con una delgada hoja de parra, para disimular su autoritarismo ante la comunidad internacional. La relación inteligente Lula-Bush ha debilitado el super financiado con dinero venezolano eje subversivo La Habana-Caracas. Las demandas y aspiraciones de los sectores populares apuntan a la seguridad y la mejora de su calidad de vida, y no a la necesidad de voltearle la cabeza al caballo del escudo. El régimen no está en sintonía con las aspiraciones del colectivo mediante la reforma constitucional de corte ideológico : reelección indefinida, ser rico es malo, lucha antiimperialista, implantación del modelo cubano. Chávez pretende transferir la fuerza de su liderazgo social a su liderazgo político, para imponer a la gente cuestiones ajenas a sus demandas concretas de trabajo, educación seguridad, salud y vivienda. Las masas resienten ver a los líderes del proceso inmersos en la Misión Hummer, y mientras sus necesidades son desatendidas, aquellos se enriquecen obscenamente con las comisiones y sobreprecios de los contratos de obras públicas otorgados a dedo y no mediante licitaciones pulcras, para comprase las camionetotas Hummer y los Pent House de contado y en efectivo. Con la reforma constitucional Chávez busca la joya de la corona: reelegirse indefinidamente que, aunado a la eliminación de la libertad de expresión, como es el cierre de RCTV, pinta para los venezolanos un horizonte negro. Exige que el partido PUS se defina marxista leninista y renazcan las vetustas tesis de partido y líder único, la expropiación de los medios de producción y medios de comunicación privados. La CIDH mete en un mismo saco a Venezuela, Cuba y Haití. En las cárceles venezolanas se vive una guerra civil no declarada, resultando peores que las africanas, con 410 muertos en el 2006 dentro de una población penitenciaria de 19.000 internos; un total de 91% de las muertes se produjeron con armas de fuego entre los mismos reclusos. Entre los años 2000 y 2005, fueron asesinados por funcionarios policiales 6.377 compatriotas. Súmese la impunidad que rodea las ejecuciones extrajudiciales, los ataques contra la libertad de expresión, la parcialidad de los poderes públicos, los problemas de acceso igualitario a la justicia, procesos judiciales lentos y violación al debido proceso. El gobierno con este prontuario está aplazado en materia de derechos humanos y por eso se niega a recibir la visita del relator de la CIDH. Pretende reestructurar la sociedad venezolana sobre las bases del comunismo, lesionando las reglas esenciales de la convivencia social y política. La ausencia de una masa crítica de líderes políticos con principios y valores facilita la ofensiva autoritaria de Chávez. La respuesta debe ser la resistencia popular.

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