La reciente aplicación de la Ley Seca de Semana Santa me puso a reflexionarsobre qué es lo que en realidad se está secando en Venezuela. Entiendo queel licor y las vacaciones pueden convertirse en llaves peligrosas, pero nocreo que la manera en que la ley fue concebida haya contribuido a disminuirla cantidad de accidentes. Tendremos que esperar por los resultadosoficiales. Particularmente pienso que ese tipo de prohibiciones estimulan envez de restringir las ansias de tomar. En los Estados Unidos, por ejemplo,nunca se ha vendido tanto licor como durante la vigencia de la ley seca.Aquí terminaron pagando los platos rotos los restaurantes, pues tenían elhorario más restringido y no pudieron ni vender una sangría para acompañarun almuerzo tardío. Quienes ganaron un dineral fueron los vendedoresambulantes, ocasionales, sin licencia de expender alcohol. A ésos nadie loschequeó.El Domingo de Ramos en la noche estuve en un paseo muy concurrido, donde lagente va a caminar, a practicar deportes, a comer, en fin, a pasar un ratoagradable. Cuando se inauguró este paseo, hubo personas que aprovecharon laafluencia de gente para vender tortas y yogures caseros, jugos naturales yrefrescos. Ahora que volví encontré que los vendedores se han multiplicado.Pero no precisamente los vendedores de granolas y otros productossaludables. Al lado del módulo policial que funciona para garantizar laseguridad ciudadana, no sólo hay ventas de CDs y DVDs ilegales (¿recuerdanaquello de "dile no a la piratería"?)... También hay improvisados expendiosde parrillitas que por ninguna parte dan señal de poseer permiso sanitario.Y en plena vigencia de la "ley seca", un hombre que había transformado sucarro en una suerte de botiquín, incluido equipo de sonido a todo volumenpara no pasar inadvertido, hacía su agosto vendiendo cerveza. El módulopolicial estaba lleno de agentes. De manera que las ventas no estabaninstaladas de manera clandestina. Pero los policías, bien, gracias. Como sino fuera con ellos.Ese mini estado de anarquía, muestra del estado total del país, me hizorecordar Las Vegas, ciudad del Estado de Nevada donde está permitido lo queen el resto de los Estados Unidos está prohibido. En Las Vegas se puedefumar en todas partes. Casarse y divorciarse es tan fácil que la gente secasa y se divorcia en un santiamén. Hasta dos y tres veces el mismo día,aunque sea difícil de creer. La prostitución no es penada, en muchasocasiones es más bien estimulada. Los establecimientos no tienen horapreestablecida de cierre. La venta de licores funciona veinticuatro horas aldía, y por supuesto, todos los juegos son legales. Las Vegas es el paraísode los mafiosos, trajinadores de oficio y especuladores. Las Vegas es laexcepción de la regla, y tienen reglas que le permiten serlo. Por fortunapara el país, en el resto de los Estados Unidos las reglas de civilizaciónfuncionan. El punto es que aquí, donde contamos con supuestas reglas decivilización, casi todo funciona al revés, como si estuviéramos en LasVegas. Empezando por el mismo gobierno. Desde el intento de cerrar RCTV"porque les da la gana", pues no hay razón legal para cerrarla, pasando porlos ataques y discriminaciones a todos aquellos que se atreven a disentir dela línea oficial, (y aquí no me refiero sólo a la lista de Tascón y laMaisanta y las persecuciones a periodistas y líderes políticos de oposición,sino las presiones sobre los miembros del llamado Bloque del Cambio que nodesean adherirse al partido único). También hablo de los abusos de poder, lainseguridad que cada día es peor, los enfrentamientos intestinos entre lospoderes del Estado que ya no pueden, ni quieren, disimular, y así adinfinitum: complete usted la lista."En este establecimiento se observa con todo rigor la ley seca, de maneraque compren su caña en el horario permitido", rezaba un anuncio en unsupermercado. Yo me pregunté: ¿no será la patria la que se nos estásecando?...E-mail: cjaimesbranger@gmail.com
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lunes, 9 de abril de 2007
PATRIA "SECA" de Carolina Jaimes Branger
La reciente aplicación de la Ley Seca de Semana Santa me puso a reflexionarsobre qué es lo que en realidad se está secando en Venezuela. Entiendo queel licor y las vacaciones pueden convertirse en llaves peligrosas, pero nocreo que la manera en que la ley fue concebida haya contribuido a disminuirla cantidad de accidentes. Tendremos que esperar por los resultadosoficiales. Particularmente pienso que ese tipo de prohibiciones estimulan envez de restringir las ansias de tomar. En los Estados Unidos, por ejemplo,nunca se ha vendido tanto licor como durante la vigencia de la ley seca.Aquí terminaron pagando los platos rotos los restaurantes, pues tenían elhorario más restringido y no pudieron ni vender una sangría para acompañarun almuerzo tardío. Quienes ganaron un dineral fueron los vendedoresambulantes, ocasionales, sin licencia de expender alcohol. A ésos nadie loschequeó.El Domingo de Ramos en la noche estuve en un paseo muy concurrido, donde lagente va a caminar, a practicar deportes, a comer, en fin, a pasar un ratoagradable. Cuando se inauguró este paseo, hubo personas que aprovecharon laafluencia de gente para vender tortas y yogures caseros, jugos naturales yrefrescos. Ahora que volví encontré que los vendedores se han multiplicado.Pero no precisamente los vendedores de granolas y otros productossaludables. Al lado del módulo policial que funciona para garantizar laseguridad ciudadana, no sólo hay ventas de CDs y DVDs ilegales (¿recuerdanaquello de "dile no a la piratería"?)... También hay improvisados expendiosde parrillitas que por ninguna parte dan señal de poseer permiso sanitario.Y en plena vigencia de la "ley seca", un hombre que había transformado sucarro en una suerte de botiquín, incluido equipo de sonido a todo volumenpara no pasar inadvertido, hacía su agosto vendiendo cerveza. El módulopolicial estaba lleno de agentes. De manera que las ventas no estabaninstaladas de manera clandestina. Pero los policías, bien, gracias. Como sino fuera con ellos.Ese mini estado de anarquía, muestra del estado total del país, me hizorecordar Las Vegas, ciudad del Estado de Nevada donde está permitido lo queen el resto de los Estados Unidos está prohibido. En Las Vegas se puedefumar en todas partes. Casarse y divorciarse es tan fácil que la gente secasa y se divorcia en un santiamén. Hasta dos y tres veces el mismo día,aunque sea difícil de creer. La prostitución no es penada, en muchasocasiones es más bien estimulada. Los establecimientos no tienen horapreestablecida de cierre. La venta de licores funciona veinticuatro horas aldía, y por supuesto, todos los juegos son legales. Las Vegas es el paraísode los mafiosos, trajinadores de oficio y especuladores. Las Vegas es laexcepción de la regla, y tienen reglas que le permiten serlo. Por fortunapara el país, en el resto de los Estados Unidos las reglas de civilizaciónfuncionan. El punto es que aquí, donde contamos con supuestas reglas decivilización, casi todo funciona al revés, como si estuviéramos en LasVegas. Empezando por el mismo gobierno. Desde el intento de cerrar RCTV"porque les da la gana", pues no hay razón legal para cerrarla, pasando porlos ataques y discriminaciones a todos aquellos que se atreven a disentir dela línea oficial, (y aquí no me refiero sólo a la lista de Tascón y laMaisanta y las persecuciones a periodistas y líderes políticos de oposición,sino las presiones sobre los miembros del llamado Bloque del Cambio que nodesean adherirse al partido único). También hablo de los abusos de poder, lainseguridad que cada día es peor, los enfrentamientos intestinos entre lospoderes del Estado que ya no pueden, ni quieren, disimular, y así adinfinitum: complete usted la lista."En este establecimiento se observa con todo rigor la ley seca, de maneraque compren su caña en el horario permitido", rezaba un anuncio en unsupermercado. Yo me pregunté: ¿no será la patria la que se nos estásecando?...E-mail: cjaimesbranger@gmail.com
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