El Universal Una excusa para acribillar la oposición civil y sacar a los militares molestos
Ellos pagan por nosotros y no hay quien libre por ellos. Forero, Vivas, Simonovis, y otros acusados por haber defendido la causa de los ciudadanos el 11A, sufren sus confinamientos arbitrarios.
¿Su delito? Saber demasiado. Por su experticia, experiencia y los lazos que mantenían con los cuerpos de seguridad, podían conocer no sólo lo que realmente pasó el 11A sino lo que ha pasado después. Conocían algunos intríngulis y podían averiguar el resto de la macabra jugada que se jugó el Gobierno ese día.
Pero el aire frío de la historia convierte la conjetura en hipótesis clara; tarde o temprano saldrá la verdad del autogolpe, fríamente calculado. Juego peligroso, sin duda, pero de alto rendimiento: Sacar de las filas a los respetados militares demócratas y desmontar la oposición, sobre todo la "sociedad civil" alborotada y alborotando la calle. Relancina pero simple jugada: El 9A se dio la orden de marchar sobre Chuao. Fue el primer desacato. El Gobierno sabía lo que podía esperar. La estrategia de la oposición era vox populi. Se decía todas las noches por TV y estaba determinada por un complejo juego de voluntad ciudadana más agitadores infiltrados y camuflajeados como de oposición en la todavía amorfa Coordinadora Democrática. Empezando por el compañero de armas del Presidente que la oposición acogió como hijo pródigo en vez de renegado o traidor. Si los ciudadanos marchamos a Miraflores creyendo que era idea propia poco sabíamos que servía el propósito gubernamental: Tener una excusa para acribillar la oposición civil y sacar a los militares molestos. El 11A fue una historia de traiciones y engaños en jugada relancina. La han podido perder. Habrían perdido si la oposición hubiera tenido una conspiración, un plan de golpe. Les resultó justamente porque no hubo golpe de Estado sino un autogolpe.
Muchos quisiéramos librar por todos los presos políticos pero también nosotros estamos pagando la inocencia perdida. No hay quien libre por todos, todavía.
ruthcapriles@yahoo.com
Ellos pagan por nosotros y no hay quien libre por ellos. Forero, Vivas, Simonovis, y otros acusados por haber defendido la causa de los ciudadanos el 11A, sufren sus confinamientos arbitrarios.
¿Su delito? Saber demasiado. Por su experticia, experiencia y los lazos que mantenían con los cuerpos de seguridad, podían conocer no sólo lo que realmente pasó el 11A sino lo que ha pasado después. Conocían algunos intríngulis y podían averiguar el resto de la macabra jugada que se jugó el Gobierno ese día.
Pero el aire frío de la historia convierte la conjetura en hipótesis clara; tarde o temprano saldrá la verdad del autogolpe, fríamente calculado. Juego peligroso, sin duda, pero de alto rendimiento: Sacar de las filas a los respetados militares demócratas y desmontar la oposición, sobre todo la "sociedad civil" alborotada y alborotando la calle. Relancina pero simple jugada: El 9A se dio la orden de marchar sobre Chuao. Fue el primer desacato. El Gobierno sabía lo que podía esperar. La estrategia de la oposición era vox populi. Se decía todas las noches por TV y estaba determinada por un complejo juego de voluntad ciudadana más agitadores infiltrados y camuflajeados como de oposición en la todavía amorfa Coordinadora Democrática. Empezando por el compañero de armas del Presidente que la oposición acogió como hijo pródigo en vez de renegado o traidor. Si los ciudadanos marchamos a Miraflores creyendo que era idea propia poco sabíamos que servía el propósito gubernamental: Tener una excusa para acribillar la oposición civil y sacar a los militares molestos. El 11A fue una historia de traiciones y engaños en jugada relancina. La han podido perder. Habrían perdido si la oposición hubiera tenido una conspiración, un plan de golpe. Les resultó justamente porque no hubo golpe de Estado sino un autogolpe.
Muchos quisiéramos librar por todos los presos políticos pero también nosotros estamos pagando la inocencia perdida. No hay quien libre por todos, todavía.
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