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viernes, 4 de mayo de 2007

EL SALTIMBANQUI DE LA OEA

Chávez le grita a voz en cuello dos verdades que nadie es capaz de desmentir: que es un pendejo y que si se atreve a sancionarlo, se retira de la OEA. E Insulsa, hecho en los pantalones, corre arrodillado a decirle que nadie pretende sancionarlo, ofreciéndole de paso la cabeza de Posada Carriles. Lo comenta hoy Pedro Lastra.
Los dictadores, en su brutalidad sin cortapisas, suelen gritar verdades del tamaño de una catedral. Y apoyados en ellas pueden meterle el puño al corazón de sociedades en estado de descomposición. Las carnes putrefactas, se sabe, no son resistentes al tacto. Y en las circunstancias que vivimos, las democracias de la región parecen enfermas del mismo mal que corrompió a las democracias que se arrodillaron ante Hitler: la cobardía.
Chávez, que se sabe protegido por su monumental inescrupulosidad y su decisión de jugarse el todo por el todo contra unas democracias que no están dispuestas a defenderse, se permite insultar, ofender y menospreciar a quien representa la máxima autoridad regional: el secretario general de la OEA.
Y le grita a voz en cuello dos verdades que nadie es capaz de desmentir: que es un pendejo y que si se atreve a sancionarlo, se retira de la OEA. E Insulsa, hecho en los pantalones, corre arrodillado a decirle que nadie pretende sancionarlo, ofreciéndole de paso la cabeza de Posada Carriles. Con lo cual demuestra ser no sólo un pendejo, sino un cobarde y un imbécil. Cobarde, por razones obvias. Imbécil por no comprender que a Chávez no hay otra manera de enfrentarlo que rodilla en tierra.
Se somete de manera tan ominosa por razones propias de su talante: maniobrero, logrero e inescrupuloso, como que se ha paseado por los distintos matices de la clase política sureña hasta aterrizar en esa escuela de maniobreros que es su Partido Socialista. Aspira a la presidencia de la república. Y en sus cálculos considera que debe arrodillársele a Fidel Castro, que lo llamó insulso, y a Chávez que yendo más lejos lo calificó de pendejo. Sin que se le arrugara el semblante. Cree que los necesita para mantenerse al frente de esa ficción que es la OEA. Plataforma de su candidatura y caja chica que le permite viajar por el mundo a expensas de los gobiernos que la componen. Cálculo propio de quien no entiende la circunstancia ni el momento. Lo atropelló el principio de Peter. ¿Futuro presidente de Chile? ¡Ya te aviso, chirulí!
Chávez tiene absoluta razón: la OEA es una farsa. Castro pudo aferrarse al poder durante medio siglo, lavándose el fundillo con la OEA. Que no ha servido para salvar, sino para hundir a las democracias. Como cuando el Sr. Gaviria y Mr. Carter traicionaran a los demócratas venezolanos y le extendieran un certificado de legitimidad al mayor fraude cometido en la historia de América Latina.
Puede el Sr. Insulza hacer con la carta democrática lo que Chávez le recomendara a cierto empresario mediático venezolano: doblarla bien doblada y metérsela por el…bolsillo. Luego puede ir a lavarse ese paltó. Ya se sabe: el lenguaje al caso lo ponen los dictadores. Los demócratas callan y se arrodillan.
Es la hora de la brutalidad.
EL SALTIMBANQUI DE LA OEAPedro Lastra/Noticias 24

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