Por Javier Rodríguez Marcos / El País / EspañaAntonio Gamoneda -el ganador de la edición más reciente del Premio Cervantes- afirma que “la poesía es una realidad en sí misma”.
Madrid. El poeta leonés Antonio Gamoneda, flamante ganador del Premio Cervantes de Literatura, ha terminado unas memorias de infancia que se abren en 1936 y se cierran cuando, a los 14 años, empezó a trabajar de recadero en un banco.
Gamoneda nació en Oviedo en 1931, pero ha vivido en León desde los tres años. Allí llegó poco después de morir su padre y allí sobrevivió a la guerra y la posguerra, junto a su madre, protagonista de muchos de sus poemas. De esas raíces surgió una obra marcada por la conciencia de la muerte.
“La obra de Cervantes no es literatura, es vida”
Antonio Gamoneda
¿Qué cree que pensaría su madre de todos estos fastos?
Conociéndola, se sentiría simultáneamente orgullosa e intranquila. Pensaría: “¿Esto le va a cambiar la vida a mi hijo?”
¿Y se la va a cambiar?
En un mes cumpliré 76 años. Ya no hay ni tiempo ni intereses que puedan hacerme modificar mi manera de estar en la vida. Eso sí, llevo algunos meses con más agitación de la que me conviene.
¿Va a retomar las memorias que interrumpió cuando le concedieron el premio en noviembre pasado?
Sí, las retomaré, aunque sea para destruirlas. Están teóricamente acabadas, pero quiero tenerlas lejos de mí y están bajo llave. Estos meses me han servido para tomar distancia. No les he puesto el ojo encima para que la lectura no esté contaminada por la escritura.
¿Se siguen titulando “Un armario lleno de sombra”?
Sí, aunque a los que conocen la primera versión el título no les gusta nada. Pero yo estoy encabezonado con él.
Ese armario existió realmente ¿no?
Es un armario en el que mi madre guardaba, cómo diría, los objetos testimoniales de su intimidad, aparte de ropa. Una pequeña manía que tenía es que ese armario sólo lo abría ella. Un día, dos o tres años después de muerta, lo abrí yo. Tuve una experiencia muy impresionante: al abrirlo me llegó el olor de mi madre viva. Estaba en las ropas. = Mi madre... viva.
¿Sus memorias llegan hasta el presente?
No, son memorias de infancia. Empiezan en 1936 y llegan exactamente hasta el día que cumplo 14 años, pero he acumulado lo que yo llamo recuerdos heredados, que son los que me transmitió mi madre de nuestra vida anterior a mi posibilidad de recordar.
¿Qué pasó a los 14 años?
Por un lado, me pareció un límite natural de la infancia. Por otro, a los 14 años y un día, a las cinco de la mañana yo empecé a trabajar de meritorio en el Banco Mercantil. Fue un corte. Los estímulos, buenos y malos, que empezó a recibir mi sensibilidad cambiaron.
¿Recuerda todavía ese día?
Perfectamente. Salí a las cinco menos cuarto de la mañana de casa, regresé a las dos y volví al banco a las tres y media a empezar la segunda fase de mi trabajo, que era la de meritorio, una tarea que se pagaba en promesas. Por la mañana cargaba carbón para la calefacción. Pero esto ya no está en las memorias. Es el día siguiente.
¿Y cómo recuerda la guerra?
Incluso una criatura se daba cuenta de las cosas. Aunque León no fue ciudad de combate, fue tomada desde el principio por los nacionales y se convirtió en uno de los centros de represión más fuerte de España. Había un gran penal en el actual Hotel de San Marcos.
Usted siempre ha sostenido que la poesía no pertenece a la literatura...
La literatura está en la ficción, que puede ser maravillosa, pero la poesía es una realidad en sí misma. La poesía no es literatura. Contiene nuestros goces y nuestros sufrimientos y esa relación con la existencia le da un carácter que va más allá de los géneros. Por eso también hay poetas literatos y novelistas poetas.
¿Qué sería Cervantes?
Un poeta, sin duda. Su modernidad consiste en que incrusta la poesía en la narrativa. En poesía los géneros no significan demasiado, son divisiones académicas. La obra de Cervantes no es literatura, es vida. De ahí que yo intente reforzar la relación que, en su caso, hay entre la vida y la obra, que no sería ficción, sino una emanación de la vida.
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