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viernes, 29 de agosto de 2008

Danzad, danzad benditos


400 parejas de todo el planeta luchan en Buenos Aires por el trono mundial del tango

Afuera brilla el sol, el frío, el invierno; adentro, no. Adentro hace una de esas noches falsas que se hacen cuando las luces son verdes rojas amarillas, la música se arrastra y hay personas que bailan.

Dale, Pochi!
-¡Avanti, Marité!
Aquí, en el estadio de Obras Sanitarias, a cien metros de la funesta Escuela de Mecánica de la Armada, suelen tocar los rockeros argentinos. Pero esta noche falsa, sobre el estrado reluciente, 12 parejas bailan tango: viejos discos, con ruido a disco viejo. Las mujeres van de faldas vaporosas, sus tacos, los pelos bien tirantes; los hombres de chaqueta y corbata, charol en los zapatos, un número en la espalda. Los números dicen que las parejas bailan para ganar: están tratando de pasar la primera eliminatoria del Sexto Mundial de Tango de Buenos Aires, especialidad Tango Salón, que convoca a 250 parejas de 22 países. En las tribunas a media asta, amigos y parientes los jalean.
-¡Vamos el Rengo todavía!
El Mundial se divide en dos especialidades: el Tango Escenario es el profesional, el más joligudiano; el Tango Salón es el viejo tango de barrio, el que no soporta piruetas y acrobacias.
-No, no es raro que un baile sea una competencia. El tango siempre fue muy competitivo. Cuando había milongas en los clubes, la puja era tremenda. Venían cuatro o cinco bailarines de un barrio y querían imponer su forma de bailar, empezaban a tirar unos pasos, los locales tiraban otros, se enfrentaban, y muchas veces terminaban a las piñas o a los sillazos. Era un clásico.
Lo dice Óscar Velázquez, maestro bailarín y miembro del jurado. Mientras, el locutor anuncia otras 12 parejas que van subiendo al escenario: dos colombianas, una serbia, una coreana, dos italianas, seis argentas; todas tienen más de veinte años, menos de setenta. Los señores caminan rectos, convencidos; las señoras echan el trasero para atrás, la delantera hacia delante. Suena otro disco viejo y las señoras y señores se miran, se conversan como si tal cosa: sería terrible error bailar con el primer acorde. Después arrancan; sus movimientos son lentos, arrastrados, bien marcados: sería terrible error tomar el escenario por un escenario y andar desparramando firuletes.

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