
ASUNCION (Reuters) - Fernando Lugo, un ex obispo católico de una zona extremadamente necesitada de Paraguay, asumió el viernes la presidencia del país con la promesa de usar sus ideales socialistas para combatir la alta corrupción y la pobreza.
Su llegada al poder marcó el final de más de seis décadas ininterrumpidas de Gobierno del derechista Partido Colorado, lo que generó gran expectativa en una población ávida de cambios y desencantada con una expansión económica que no se traduce en un estado de bienestar.
"Hoy termina un Paraguay exclusivo, un Paraguay segreguista, un Paraguay con fama de corrupción. Hoy se inicia la historia de un Paraguay cuyas autoridades serán implacables con los ladrones de pueblo," dijo tras jurar Lugo, vestido sencillamente con un típico tejido paraguayo.
El nuevo mandatario, que no usa trajes ni corbatas y casi siempre calza sandalias, consiguió semanas atrás una dispensa del Papa Benedicto XVI para volver al estado laical, permitiéndole asumir el poder sin conflictos con la Iglesia Católica tras renunciar a sus hábitos para dedicarse a la política.
Uno de sus grandes desafíos será generar los puestos de trabajo que prometió, en una economía altamente dependiente de sus exportaciones de soja y carne y que no posee un aparato industrial sólido.
También deberá imponer su autoridad para evitar que la heterogénea alianza que lo llevó al poder se resquebraje por las diferencias políticas que la cohabitan.
SIN TEMOR
Para lograr aumentar los ingresos del Estado, Lugo, de 57 años y que gobernará hasta el 2013, podría elevar impuestos y renegociar con Argentina y Brasil una subida de los precios de la electricidad en dos represas hidroeléctricas binacionales, en un acuerdo que promete ser espinoso.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, dijo en Asunción que cualquier ajuste que incida en un aumento de tarifas para los brasileños sería complicado, aunque señaló que esperaría conocer la propuesta de Lugo antes de tomar una decisión.
"Cuando hablé con el presidente Lugo le dije que iba a establecer una pauta de conversación. Estaré a su disposición en Brasilia para conversar sobre los acuerdos que tenemos que hacer con el Paraguay," dijo el gobernante brasileño.
En su discurso en la explanada del Congreso en Asunción, ante la mirada de Lula y de la presidenta argentina, Cristina Fernández, Lugo apeló a la "objetividad y solidaridad" de sus vecinos por ese tema.
Lugo también estuvo apañado en la ceremonia por otros mandatarios sudamericanos, como el boliviano Evo Morales y el venezolano Hugo Chávez, que considera al ex obispo como un nuevo miembro de su cruzada regional contra Estados Unidos.
"Comienza un cambio profundo aquí, no tengo dudas," afirmó Chávez a periodistas.
Lugo, que asumió en un país que según los índices internacionales es uno de los menos transparentes de la región, no reniega de su simpatía por Chávez pero dijo que quiere mantener buenas relaciones con todos los países.
"La gente dice 'no te fíes tanto de Chávez, cuidado con Chávez, cuidado con Evo'. Yo no le tengo miedo a Chávez, no le tengo miedo a Evo, no le tengo miedo a nadie," aseguró en una conferencia de prensa conjunta con sus colegas venezolano y ecuatoriano.
"Paraguay hará su propio proceso. Muchos temen y tienen dudas: bueno, vamos a ser todos venezolanitos o ecuatorianitos o bolivianitos. No, vamos a ser paraguayos en verdad y vamos a tener relaciones respetuosas con todos," aseguró.
EVENTOS
Lugo juró como presidente en una soleada mañana en un escenario montado al aire libre, ante la presencia de nueve mandatarios de la región y el de Taiwán, más decenas de invitados extranjeros y miles de ciudadanos que ondeaban banderas paraguayas en una fiesta popular con música folclórica.
"El Paraguay no cambiará definitivamente el 16 de agosto. Empezará a cambiar paulatinamente el día y la hora en que te sumes a los que acudirán a ganar las calles, de los que están actuando, evaluando y trabajando por nuestro país," dijo dirigiéndose a la multitud.
Miles de personas soportaron largas horas bajo el sol para poder saludar y gritar palabras de apoyo a los presidentes de la región. Lugo paseó entre la gente parado en la parte trasera de un vehículo militar con la banda presidencial azul, roja y blanca, contrastando con su radiante camisa blanca.
"Toda mi vida he pedido para mi país un hombre justo. Y creo que mi corazón y Dios están diciendo que este hombre que hoy esta jurando delante de su pueblo es ese hombre justo," dijo María Elodia Nendieta, una ama de casa que siguió de cerca la ceremonia.
Su llegada al poder marcó el final de más de seis décadas ininterrumpidas de Gobierno del derechista Partido Colorado, lo que generó gran expectativa en una población ávida de cambios y desencantada con una expansión económica que no se traduce en un estado de bienestar.
"Hoy termina un Paraguay exclusivo, un Paraguay segreguista, un Paraguay con fama de corrupción. Hoy se inicia la historia de un Paraguay cuyas autoridades serán implacables con los ladrones de pueblo," dijo tras jurar Lugo, vestido sencillamente con un típico tejido paraguayo.
El nuevo mandatario, que no usa trajes ni corbatas y casi siempre calza sandalias, consiguió semanas atrás una dispensa del Papa Benedicto XVI para volver al estado laical, permitiéndole asumir el poder sin conflictos con la Iglesia Católica tras renunciar a sus hábitos para dedicarse a la política.
Uno de sus grandes desafíos será generar los puestos de trabajo que prometió, en una economía altamente dependiente de sus exportaciones de soja y carne y que no posee un aparato industrial sólido.
También deberá imponer su autoridad para evitar que la heterogénea alianza que lo llevó al poder se resquebraje por las diferencias políticas que la cohabitan.
SIN TEMOR
Para lograr aumentar los ingresos del Estado, Lugo, de 57 años y que gobernará hasta el 2013, podría elevar impuestos y renegociar con Argentina y Brasil una subida de los precios de la electricidad en dos represas hidroeléctricas binacionales, en un acuerdo que promete ser espinoso.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, dijo en Asunción que cualquier ajuste que incida en un aumento de tarifas para los brasileños sería complicado, aunque señaló que esperaría conocer la propuesta de Lugo antes de tomar una decisión.
"Cuando hablé con el presidente Lugo le dije que iba a establecer una pauta de conversación. Estaré a su disposición en Brasilia para conversar sobre los acuerdos que tenemos que hacer con el Paraguay," dijo el gobernante brasileño.
En su discurso en la explanada del Congreso en Asunción, ante la mirada de Lula y de la presidenta argentina, Cristina Fernández, Lugo apeló a la "objetividad y solidaridad" de sus vecinos por ese tema.
Lugo también estuvo apañado en la ceremonia por otros mandatarios sudamericanos, como el boliviano Evo Morales y el venezolano Hugo Chávez, que considera al ex obispo como un nuevo miembro de su cruzada regional contra Estados Unidos.
"Comienza un cambio profundo aquí, no tengo dudas," afirmó Chávez a periodistas.
Lugo, que asumió en un país que según los índices internacionales es uno de los menos transparentes de la región, no reniega de su simpatía por Chávez pero dijo que quiere mantener buenas relaciones con todos los países.
"La gente dice 'no te fíes tanto de Chávez, cuidado con Chávez, cuidado con Evo'. Yo no le tengo miedo a Chávez, no le tengo miedo a Evo, no le tengo miedo a nadie," aseguró en una conferencia de prensa conjunta con sus colegas venezolano y ecuatoriano.
"Paraguay hará su propio proceso. Muchos temen y tienen dudas: bueno, vamos a ser todos venezolanitos o ecuatorianitos o bolivianitos. No, vamos a ser paraguayos en verdad y vamos a tener relaciones respetuosas con todos," aseguró.
EVENTOS
Lugo juró como presidente en una soleada mañana en un escenario montado al aire libre, ante la presencia de nueve mandatarios de la región y el de Taiwán, más decenas de invitados extranjeros y miles de ciudadanos que ondeaban banderas paraguayas en una fiesta popular con música folclórica.
"El Paraguay no cambiará definitivamente el 16 de agosto. Empezará a cambiar paulatinamente el día y la hora en que te sumes a los que acudirán a ganar las calles, de los que están actuando, evaluando y trabajando por nuestro país," dijo dirigiéndose a la multitud.
Miles de personas soportaron largas horas bajo el sol para poder saludar y gritar palabras de apoyo a los presidentes de la región. Lugo paseó entre la gente parado en la parte trasera de un vehículo militar con la banda presidencial azul, roja y blanca, contrastando con su radiante camisa blanca.
"Toda mi vida he pedido para mi país un hombre justo. Y creo que mi corazón y Dios están diciendo que este hombre que hoy esta jurando delante de su pueblo es ese hombre justo," dijo María Elodia Nendieta, una ama de casa que siguió de cerca la ceremonia.
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