Isabel y Cristina
La muerte de Néstor Kirchner ha conmovido a Argentina y a Latinoamérica. El ex presidente fue un personaje representativo de la transición del continente desde las dictaduras militares hacia las democracias. Con sus luces y sus sombras. Por una parte, en su juventud participó de manera destacada en la lucha contra el autoritarismo y la crueldad del régimen castrense; fue un buen gobernador de su estado natal; y como presidente pudo superar la profunda crisis económica que azotó a su país a comienzos de siglo.
Por la otra, exhibió rasgos de personalismo, concentrando el poder en sí mismo, y de un nepotismo que culminó con la entrega de la Presidencia a su señora esposa. Además, para lograr sus objetivos, tanto personales como políticos, utilizó todos los medios a su alcance, algunos muy cuestionables. En América Latina comenzaba a jugar un papel destacado como secretario general de Unasur. Y en sus relaciones con Venezuela supo sacar provecho de la ingenuidad de nuestro gobernante. Una maleta rellena de petrodólares le fue enviada desde Caracas para la campaña de Cristina.
Por la otra, exhibió rasgos de personalismo, concentrando el poder en sí mismo, y de un nepotismo que culminó con la entrega de la Presidencia a su señora esposa. Además, para lograr sus objetivos, tanto personales como políticos, utilizó todos los medios a su alcance, algunos muy cuestionables. En América Latina comenzaba a jugar un papel destacado como secretario general de Unasur. Y en sus relaciones con Venezuela supo sacar provecho de la ingenuidad de nuestro gobernante. Una maleta rellena de petrodólares le fue enviada desde Caracas para la campaña de Cristina.
La desaparición de Néstor Kirchner crea graves dilemas a Argentina. Aunque no inéditos. Era considerado el poder detrás del trono y lideraba el principal partido de la nación, el Justicialista. Se especulaba que aspiraba a suceder a su esposa, Cristina Fernández, en la Presidencia de la República o a imponer a un candidato que siguiera sus pasos. A esas incertidumbres se añade ahora el rumbo que seguirá el gobierno ante su ausencia y la duda sobre si es posible mantener una semblanza de unidad dentro de su movimiento, el peronismo.
La situación no es nueva. La última vez que el general Perón llegó a la presidencia, en los años setenta del siglo pasado, hizo elegir como vicepresidente a su esposa, María Estela Martínez, "Isabelita", a quien había conocido como bailarina de cabaret en Panamá. Cuando a los pocos meses el general falleció, ella lo sucedió y no se sabía qué orientación adoptaría su mandato. Lamentablemente, se entregó en manos de un ministro con pretensiones de brujo y quiso ser reelecta, lo que provocó una reacción que condujo a una de las peores dictaduras militares de la historia argentina.
Ahora la incógnita es la misma, pero no así las condiciones objetivas. Cristina Fernández tiene mucha más preparación para ejercer la presidencia de la que tenía Isabelita y ha ejercido el cargo varios años, aunque sea llevada de la mano de su marido. Le corresponde ahora mostrar que tiene una personalidad propia y que es capaz de lidiar con las fuerzas enfrentadas que agitan su país.
Ojalá que esté a la altura de sus responsabilidades y saque a relucir lo mejor de sí misma. Que invoque sus años de estudiante en la Universidad de la Plata, cuando era una idealista que luchaba por la democracia y conoció a Néstor Kirchner. Que no recuerde nunca a Isabelita.

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