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domingo, 8 de mayo de 2011

Editorial El Nacional

Periodistas en la mira "Objetivos militares" Esta semana abundó en amenazas contra la libertad de expresión, y los periodistas y expertos en comunicación social en Venezuela se esmeraron en analizar la situación cada vez más tensa en que la profesión se desenvuelve en nuestro país. Desde el poder trascendió la noticia de que el régimen del socialismo del siglo XXI se propone controlar 60% o más de 60% de los medios existentes en Venezuela, sean radioeléctricos o impresos. No es, en verdad, una noticia sino la ratificación de una conducta que nació con la propia revolución bolivariana.

El jerarca máximo comprendió que un proyecto autocrático no es compatible con la libertad de expresión ni con la existencia de unos medios independientes que, como ocurre en países democráticos y libres, tienen el deber primordial de informar con objetividad, sean cuales fueren las consecuencias que corran o las implicaciones que el ejercicio profesional pueda tener.

A medida que el gobierno bolivariano expande la espesa red de su sistema oficial, desde Telesur -convertida en instrumento de la subversión mundial, y especialmente latinoamericana- hasta los medios regionales, mayor presión se ejerce contra los medios de información independiente. No hay acceso a las fuentes gubernamentales, contra lo que la Constitución ordena con absoluta claridad.

El gobierno bolivariano ha privatizado el Estado y le ha tendido una muralla china a su alrededor. Es el Ejecutivo el que ha hecho del secretismo una táctica doblemente perversa, atenta por una parte contra los medios que tienen derecho a esas fuentes, y por la otra le niega a la ciudadanía el suyo de estar debida y oportunamente informados. Con estas políticas se les niegan derechos primordiales de una ciudadanía que no es indiferente al curso de las cosas.

Además de las presiones, el Gobierno e, incluso, la propia Asamblea Nacional reprime a los periodistas de manera inverosímil. Ningún parlamento de América Latina pone en práctica medidas tan excluyentes y discriminatorias como la Asamblea Nacional de Venezuela. Como si fuera poco, los medios de la red oficial discriminan a los diputados independientes, los silencian cuando no los atacan con el barrage característico.

El fin de semana trascendió una versión que no había sido desmentida a la hora de escribir esta nota, y que por su gravedad debió hacerse de inmediato. Se dijo que a tres periodistas y columnistas independientes se les había señalado en una publicación oficial u oficiosa, es lo mismo, como "objetivos militares". De ser esto cierto, la situación de la libertad de expresión en Venezuela estaría bordeando el precipicio, y la seguridad personal de los profesionales sometida al azar de cualquier desquiciado. Es demasiado ingenuo, quizás, pedirle al Gobierno que rectifique en su guerra contra los medios independientes, sus propósitos de controlar la opinión pública e imponer fuentes únicas de información. Pero tenemos que hacerlo.

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