La era Makled
Ayer, el ministro de Interior y Justicia, Tareck el Aissami, se mostraba eufórico porque el preso Walid Makled por fin sería entregado a nuestro país, y, de paso, calificó ese hecho como una gran victoria de la justicia venezolana, de acuerdo con la mayoría de los despachos de las agencias internacionales de noticias.
La verdad, lamentablemente, es que es muy temprano para aplaudir a la justicia venezolana en este caso, porque poco tiene que ver con este proceso de extradición, como no sea revisar, estudiar y autorizar el trámite de extradición, lo cual es simplemente un paso previo para traer aquí a la persona a la cual se le considera presunto narcotraficante.
Aquí el camino de la justicia apenas comienza y el Gobierno de Venezuela debe actuar sin hipocresías ni debilidades en un juicio que promete ser en extremo interesante y significativo, y que debe convertirse en ejemplo de transparencia para la sociedad venezolana que, hoy por hoy, está angustiada y estremecida por el auge del narcotráfico en casi todo el territorio nacional.
Walid Makled será, de ahora en adelante, la estrella de la propaganda oficial en el sentido de acumular sobre su carrera delictiva un cúmulo de acusaciones que lo convierten en el mal de todos los males. Pero sus contactos oficialistas y su red de contactos lo sitúan como una pieza fundamental en la red de corrupción que atraviesa los altos mandos chavistas y de los gerentes de Pdvsa, hasta llegar a los controles civiles y militares que han sido establecidos para detectar y detener con eficiencia los efectos malignos del narcotráfico.
Véase, por ejemplo, cómo Makled no sólo contribuyó con las campañas del PSUV en Carabobo y les dio dinero en abundancia, sino cómo fue construyendo una red oficialista de apoyo a sus andanzas, en especial aquellas que se vinculaban con el manejo de las actividades de los almacenes y muelles de Puerto Cabello y con la compra y distribución de urea, suministrada en abundancia por la Petroquímica de El Palito. La urea es un precursor fundamental para la elaboración de la cocaína.
Ayer El Nacional desnudó, en una exhaustiva investigación del periodista Edgar López, los presuntos lazos de los altos ejecutivos de esa petroquímica con Walid Makled, sus contactos y la manera irresponsable como le autorizaron el manejo exclusivo de toneladas de urea y lo convirtieron en el zar de la urea en Venezuela. No tiene la culpa el ciego sino quien desde la Petroquímica le dio el garrote, de manera que conjuntamente con Makled deben ir a juicio quienes le respaldaron en esta jugada.
No será fácil para el Gobierno este juicio de quien, solo o en familia, es símbolo y testigo de la corrupción de un gobierno militar. Porque, en esencia, los señalados por Walid Makled no son específicamente civiles sino prominentes generales y altos oficiales militares ansiosos, según algunos, de riquezas, sin que importe su origen.
La verdad, lamentablemente, es que es muy temprano para aplaudir a la justicia venezolana en este caso, porque poco tiene que ver con este proceso de extradición, como no sea revisar, estudiar y autorizar el trámite de extradición, lo cual es simplemente un paso previo para traer aquí a la persona a la cual se le considera presunto narcotraficante.
Aquí el camino de la justicia apenas comienza y el Gobierno de Venezuela debe actuar sin hipocresías ni debilidades en un juicio que promete ser en extremo interesante y significativo, y que debe convertirse en ejemplo de transparencia para la sociedad venezolana que, hoy por hoy, está angustiada y estremecida por el auge del narcotráfico en casi todo el territorio nacional.
Walid Makled será, de ahora en adelante, la estrella de la propaganda oficial en el sentido de acumular sobre su carrera delictiva un cúmulo de acusaciones que lo convierten en el mal de todos los males. Pero sus contactos oficialistas y su red de contactos lo sitúan como una pieza fundamental en la red de corrupción que atraviesa los altos mandos chavistas y de los gerentes de Pdvsa, hasta llegar a los controles civiles y militares que han sido establecidos para detectar y detener con eficiencia los efectos malignos del narcotráfico.
Véase, por ejemplo, cómo Makled no sólo contribuyó con las campañas del PSUV en Carabobo y les dio dinero en abundancia, sino cómo fue construyendo una red oficialista de apoyo a sus andanzas, en especial aquellas que se vinculaban con el manejo de las actividades de los almacenes y muelles de Puerto Cabello y con la compra y distribución de urea, suministrada en abundancia por la Petroquímica de El Palito. La urea es un precursor fundamental para la elaboración de la cocaína.
Ayer El Nacional desnudó, en una exhaustiva investigación del periodista Edgar López, los presuntos lazos de los altos ejecutivos de esa petroquímica con Walid Makled, sus contactos y la manera irresponsable como le autorizaron el manejo exclusivo de toneladas de urea y lo convirtieron en el zar de la urea en Venezuela. No tiene la culpa el ciego sino quien desde la Petroquímica le dio el garrote, de manera que conjuntamente con Makled deben ir a juicio quienes le respaldaron en esta jugada.
No será fácil para el Gobierno este juicio de quien, solo o en familia, es símbolo y testigo de la corrupción de un gobierno militar. Porque, en esencia, los señalados por Walid Makled no son específicamente civiles sino prominentes generales y altos oficiales militares ansiosos, según algunos, de riquezas, sin que importe su origen.

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