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miércoles, 18 de mayo de 2011

Editorial El Nacional

El mismo dilema
España y América


"Estamos hartos del paro, de la corrupción de los políticos.
Siempre es lo mismo. Estoy sin trabajo y no veo que vaya a tenerlo pronto. Que sepan cómo nos sentimos", le dijo Jordi Pérez en Madrid a la agencia de noticias AFP. Pérez, de 25 años de edad, es uno de los jóvenes que, según el despacho de AFP, "decidieron ayer mostrar su descontento, a pocos días de las elecciones locales en España el domingo".
En Venezuela sabemos bien de lo que hablan los desempleados y los jóvenes en España porque bastante hemos sufrido con el descalabro moral y la ineficiencia del estamento político nacional, más interesado en mirarse el ombligo que en renovarse y reinventarse en profundidad. Pareciera que no se dan cuenta de que al traje que llevan puesto se le notan a leguas los remiendos.
El cable de AFP no tiene desperdicio y coloca a los ciudadanos en una disyuntiva interesante para la democracia como lo es, sin duda, el imperativo de exigirle autenticidad y firmeza ética al desteñido mensaje de los partidos y a las respuestas que los políticos les sirven a los ciudadanos como platos recién hechos y que no son más que refritos sacados de la nevera y calentados en el microondas.
El desempleado madrileño Jordi Pérez, que sufre en una España con 21,19% de paro, se lamenta y se indigna porque "siempre ganan los mismos". Si Jordi Pérez viviera en Venezuela, ya se hubiera lanzado en el Metro porque aquí no hay manera de repetir sino escogiendo una manada de dirigentes del PSUV impuestos desde arriba y sin preciso inventario ciudadano de su labor ministerial, parlamentaria o municipal.
A ellos, a los dirigentes políticos, les da lo mismo porque su "capital político y electoral" les nace, se define y se prolonga en la misma medida en que el comandante los aprecia y los desprecia. De allí la inutilidad de hacer un trabajo político, social o comunitario en las bases populares de los adeptos al régimen porque no van a modificar el examen final que hace el Presidente, basado más en su percepción particular como comandante y jefe político.
Desde luego, esta situación de inquietud y de malestar incesante de los jóvenes profesionales desempleados o mal empleados que recorre los países árabes, que también se nota aceleradamente en los países de la Unión Europea, se convertirá en una ola mundial de protestas que no tendrá el estigma de estar atado a algún partido porque, casualmente, se alza contra ellos.
En España, siguiendo a la agencia AFP, quienes protestan "responden a una plataforma ¡Democracia Real Ya! a través de Internet, que han ido haciendo suya otros movimientos alejados de partidos e ideologías, pero unidos por un sentimiento común de hartazgo e indignación ante la situación política y económica". Menuda lección lo que esto significa. "Confío en que esto siga así, que la gente salga de su letargo", dijo Teresa, una enfermera. Que el pueblo de España la escuche. Y el de Venezuela también.

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