Humala presidente
Para llegar a la Presidencia de Perú, el candidato Ollanta Humala despejó el camino del poder moderando su discurso y reconociendo las realidades de la economía y la política. Obtuvo una victoria particularmente reñida, como la que resultó en Venezuela cuando compitieron Rafael Caldera y Gonzalo Barrios, que se decidió por menos de 30.000 votos.
Esto indica que Perú y los peruanos confían en su sistema y en sus instituciones. La candidata derrotada, Keiko Fujimori, no dudó en reconocer el triunfo del adversario. Lo hizo con palabras breves pero apropiadas. El organismo electoral goza de la confianza de todos, actuó con prontitud y, sin duda, con trasparencia. Además, con el mínimo costo posible. Un ejemplo para Venezuela. Ni derroche, ni argucias ni ventajismos vergonzosos.
Antes de las elecciones, Ollanta Humala definió los puntos centrales de su proyecto. Reiteró que no alteraría el sistema económico ni retiraría a Perú de los tratados en vigencia, particularmente aquellos referidos al libre comercio. Que respetaría las inversiones extranjeras e, incluso, profundizaría las condiciones para estimular las nuevas.
Desde luego, que al propio tiempo, prometía una política de contenido social necesaria para un país donde la pobreza tiene índices singularmente altos. Es cierto que el desarrollo económico y el crecimiento logrado por la nación en los últimos diez años ha sido consistente, ha creado empleos, y ha elevado el nivel de vida de muchos peruanos. Pero no logró ir más allá.
El discurso de Humala llegó a las clases más pobres porque supo interpretar la realidad. Tiene la experiencia de una campaña radical que lo llevó a la derrota frente al presidente Alan García cinco años atrás. Fue entonces cuando la influencia de Hugo Chávez campeaba en la región andina y Ollanta no escapó del virus. Reconoció a tiempo que por ese camino nunca alcanzaría la Presidencia, y si la alcanzaba le sería muy difícil gobernar.
Con esos antecedentes, con rectificaciones fundamentales, ha sido elegido, finalmente, presidente de Perú. Sus rivales se dividieron en tantas candidaturas que terminaron abriéndole el camino y dejándolo sólo para que compitiera con la señora Fujimori en la segunda vuelta.
Hay quienes no confían en la palabra del Presidente electo. Están en su derecho. No obstante, al día siguiente de su elección la Bolsa de Lima bajó a niveles inusuales. Una advertencia que se pareció demasiado a una maniobra, como si la campaña no hubiera terminado. Como si la Bolsa quisiera gobernar al pueblo peruano. Fue un error que puede resultar costoso.
No había razones para ese comportamiento del mercado, puesto que Ollanta Humala apenas es Presidente electo y sólo tomará posesión el 28 de julio. Esto indica la hipersensibilidad existente y la incertidumbre reinante. Pera que haya equilibrio y equidad, la comprensión del capital no es menos fundamental que las políticas del nuevo presidente.
Esto indica que Perú y los peruanos confían en su sistema y en sus instituciones. La candidata derrotada, Keiko Fujimori, no dudó en reconocer el triunfo del adversario. Lo hizo con palabras breves pero apropiadas. El organismo electoral goza de la confianza de todos, actuó con prontitud y, sin duda, con trasparencia. Además, con el mínimo costo posible. Un ejemplo para Venezuela. Ni derroche, ni argucias ni ventajismos vergonzosos.
Antes de las elecciones, Ollanta Humala definió los puntos centrales de su proyecto. Reiteró que no alteraría el sistema económico ni retiraría a Perú de los tratados en vigencia, particularmente aquellos referidos al libre comercio. Que respetaría las inversiones extranjeras e, incluso, profundizaría las condiciones para estimular las nuevas.
Desde luego, que al propio tiempo, prometía una política de contenido social necesaria para un país donde la pobreza tiene índices singularmente altos. Es cierto que el desarrollo económico y el crecimiento logrado por la nación en los últimos diez años ha sido consistente, ha creado empleos, y ha elevado el nivel de vida de muchos peruanos. Pero no logró ir más allá.
El discurso de Humala llegó a las clases más pobres porque supo interpretar la realidad. Tiene la experiencia de una campaña radical que lo llevó a la derrota frente al presidente Alan García cinco años atrás. Fue entonces cuando la influencia de Hugo Chávez campeaba en la región andina y Ollanta no escapó del virus. Reconoció a tiempo que por ese camino nunca alcanzaría la Presidencia, y si la alcanzaba le sería muy difícil gobernar.
Con esos antecedentes, con rectificaciones fundamentales, ha sido elegido, finalmente, presidente de Perú. Sus rivales se dividieron en tantas candidaturas que terminaron abriéndole el camino y dejándolo sólo para que compitiera con la señora Fujimori en la segunda vuelta.
Hay quienes no confían en la palabra del Presidente electo. Están en su derecho. No obstante, al día siguiente de su elección la Bolsa de Lima bajó a niveles inusuales. Una advertencia que se pareció demasiado a una maniobra, como si la campaña no hubiera terminado. Como si la Bolsa quisiera gobernar al pueblo peruano. Fue un error que puede resultar costoso.
No había razones para ese comportamiento del mercado, puesto que Ollanta Humala apenas es Presidente electo y sólo tomará posesión el 28 de julio. Esto indica la hipersensibilidad existente y la incertidumbre reinante. Pera que haya equilibrio y equidad, la comprensión del capital no es menos fundamental que las políticas del nuevo presidente.

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