Disparos y cabillas
Ya los venezolanos han perdido su capacidad de asombro con el desorden, la corrupción y el vandalismo que está sucediendo en las empresas básicas de Guayana. El jueves se produjo un violento tiroteo a las puertas de Ferrominera Orinoco con el saldo trágico de un muerto y un herido.
El trabajador Renny Rojas, quien laboraba en esa empresa desde hace aproximadamente tres años, recibió un disparo que le quitó la vida, en un confuso incidente ocurrido previo a la designación de la comisión electoral que se encargaría de las elecciones en sindicato Sintraferrominera.
Para mayor sorpresa, Renny Rojas era militante del PSUV y, según las primeras versiones recogidas en el sitio, quien le disparó fue un compañero de su propio partido. Estas cuestiones son muy difíciles de explicar pero obedecen sin lugar a dudas al clima de odio y violencia que el chavismo radical ha venido sembrando entre los trabajadores.
Los testigos presenciales señalaron que el dirigente oficialista Héctor Maicán portaba un arma de fuego y, en medio de los forcejos ocurridos en el portón principal de Ferrominera, comenzó a "disparar a lo loco". Se presume que uno de los proyectiles alcanzó a Renny Rojas, aunque las autoridades policiales no han concluido las investigaciones.
De acuerdo con el despacho del corresponsal en Puerto Ordaz de El Nacional, Clavel Rangel, poco después de ocurridos los sucesos, el secretario general de Sintraferrominera, Rubén González, habló con la prensa y dijo haber visto a Maicán disparando contra los trabajadores: "Es un hecho público y notorio que no fue ninguna gente de Ciudad Piar, sino la gente de Alfredo Spooner la que desenfundó un arma y comenzó a disparar. Yo lo vi cuando le disparó a Luis Quilarte en la pierna; era tanta la locura, que el hombre mató a un compañero de ellos", afirmó.
Independientemente de la gravedad de los hechos, lo que mantiene en estado de zozobra a los trabajadores, a los dirigentes sindicales y a la ciudadanía en general es que este tipo de violencia armada nunca había ocurrido en la zona. Pero desde hace unas semanas se han producido balaceras a las puertas de los centros de trabajo, con un muerto y varios heridos como resultado. Para colmo, el gobernador, Francisco Rangel Gómez, no sólo permite que impere este ambiente de vandalismo sino que acicatea los enfrentamientos al culpar, falsamente, a los dirigentes de la oposición de ser los causantes de estas tragedias que enlutan a las empresas básicas de Guayana.
Pero en Guayana las tragedias no cesan. Ayer los diarios independientes revelaron que un alto burócrata de dos de las siderúrgicas estatales fue detenido por estar involucrado en la "venta clandestina de cabillas en el mercado negro".
La Fiscalía General identificó al implicado como Luis Salvador Velásquez, presidente de Orinoco Iron y director de Comercialización de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor). Pobres empresas de Guayana, entre la violencia y la corrupción.
El trabajador Renny Rojas, quien laboraba en esa empresa desde hace aproximadamente tres años, recibió un disparo que le quitó la vida, en un confuso incidente ocurrido previo a la designación de la comisión electoral que se encargaría de las elecciones en sindicato Sintraferrominera.
Para mayor sorpresa, Renny Rojas era militante del PSUV y, según las primeras versiones recogidas en el sitio, quien le disparó fue un compañero de su propio partido. Estas cuestiones son muy difíciles de explicar pero obedecen sin lugar a dudas al clima de odio y violencia que el chavismo radical ha venido sembrando entre los trabajadores.
Los testigos presenciales señalaron que el dirigente oficialista Héctor Maicán portaba un arma de fuego y, en medio de los forcejos ocurridos en el portón principal de Ferrominera, comenzó a "disparar a lo loco". Se presume que uno de los proyectiles alcanzó a Renny Rojas, aunque las autoridades policiales no han concluido las investigaciones.
De acuerdo con el despacho del corresponsal en Puerto Ordaz de El Nacional, Clavel Rangel, poco después de ocurridos los sucesos, el secretario general de Sintraferrominera, Rubén González, habló con la prensa y dijo haber visto a Maicán disparando contra los trabajadores: "Es un hecho público y notorio que no fue ninguna gente de Ciudad Piar, sino la gente de Alfredo Spooner la que desenfundó un arma y comenzó a disparar. Yo lo vi cuando le disparó a Luis Quilarte en la pierna; era tanta la locura, que el hombre mató a un compañero de ellos", afirmó.
Independientemente de la gravedad de los hechos, lo que mantiene en estado de zozobra a los trabajadores, a los dirigentes sindicales y a la ciudadanía en general es que este tipo de violencia armada nunca había ocurrido en la zona. Pero desde hace unas semanas se han producido balaceras a las puertas de los centros de trabajo, con un muerto y varios heridos como resultado. Para colmo, el gobernador, Francisco Rangel Gómez, no sólo permite que impere este ambiente de vandalismo sino que acicatea los enfrentamientos al culpar, falsamente, a los dirigentes de la oposición de ser los causantes de estas tragedias que enlutan a las empresas básicas de Guayana.
Pero en Guayana las tragedias no cesan. Ayer los diarios independientes revelaron que un alto burócrata de dos de las siderúrgicas estatales fue detenido por estar involucrado en la "venta clandestina de cabillas en el mercado negro".
La Fiscalía General identificó al implicado como Luis Salvador Velásquez, presidente de Orinoco Iron y director de Comercialización de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor). Pobres empresas de Guayana, entre la violencia y la corrupción.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.