Los apagones
Basta con revisar rápidamente el escenario que el Gobierno ha dibujado en estos últimos días para combatir la crisis en el sector eléctrico para darse cuenta, por desgracia, de que el Gobierno no tiene la menor intención de reconocer su inmensa cuota de responsabilidad en la epidemia de apagones que nos ha caído encima por la ineptitud de la burocracia bolivariana.
A pesar de que el ministro de Energía Eléctrica, Alí Rodríguez, pasa por ser un marxista ilustrado, no ha hecho gala, en ningún momento, del mecanismo de la autocrítica tan a la mano siempre de socialistas y comunistas cuando quieren borrar sus errores.
Rodríguez ni siquiera ha hecho el aguaje politiquero de un mea culpa: actúa como si la cosa no fuera con él, como si acabara de desembarcar de un platillo volador y, cual marciano desorientado, comenzara a preguntar por qué hay tantos apagones en esta parte del planeta Tierra. Pone cara de palo y arremete contra los consumidores de electricidad ya sean estos de la clase media, comerciantes o industriales.
Para el Gobierno la cuestión reside en acusar a los demás de una crisis que ellos mismos han causado por su imprevisión y, desde luego, por su obsesiva y maniática tendencia dirigida a acabar con la gestión de la iniciativa privada, que manejaba con eficiencia la producción y distribución de energía en el país.
A Alí Rodríguez se le ha acusado de ser un diente roto y, por el camino que va, terminará siendo recordado más por evadir sus responsabilidades que por solucionar los graves problemas que han caído en sus manos. Y no tiene excusa alguna: durante la ya hoy anhelada cuarta república fue miembro de la Comisión de Energía y Minas del Congreso, y participó en los debates parlamentarios dirigidos tanto a perfeccionar el sector eléctrico con nuevas inversiones en plantas generadoras como la adecuación y modernización de la red de distribución eléctrica nacional.
De manera que lo del diente roto puede ser quizás en otros aspectos pero no precisamente en el de energía. Entonces ¿por qué ese empeño en ocultar cínicamente una crisis que, en el más optimista de los escenarios, puede llevar al abismo al país si, por algún hecho fortuito, se eleva la demanda y se caen a escala nacional los mecanismos de emergencia que se activan en estos casos? El ministro Alí Rodríguez ha sido muy activo estableciendo "cortes programados" (¿cómo se puede programar algo que está fuera de control del Gobierno?) y desde su despacho amenaza a las regiones con apagones "en algunas partes del país". Olvida que los apagones son parte de la rutina de los venezolanos que viven en provincia y que nuevos "cortes programados" significan oscuridad total y definitiva.
Los caraqueños ya están organizándose frente a los "cortes programados" que Rodríguez le va a imponer a la ciudad. No hay duda de que el hampa hará de las suyas gracias al ministro y sus apagones. Sálvese quien pueda.
A pesar de que el ministro de Energía Eléctrica, Alí Rodríguez, pasa por ser un marxista ilustrado, no ha hecho gala, en ningún momento, del mecanismo de la autocrítica tan a la mano siempre de socialistas y comunistas cuando quieren borrar sus errores.
Rodríguez ni siquiera ha hecho el aguaje politiquero de un mea culpa: actúa como si la cosa no fuera con él, como si acabara de desembarcar de un platillo volador y, cual marciano desorientado, comenzara a preguntar por qué hay tantos apagones en esta parte del planeta Tierra. Pone cara de palo y arremete contra los consumidores de electricidad ya sean estos de la clase media, comerciantes o industriales.
Para el Gobierno la cuestión reside en acusar a los demás de una crisis que ellos mismos han causado por su imprevisión y, desde luego, por su obsesiva y maniática tendencia dirigida a acabar con la gestión de la iniciativa privada, que manejaba con eficiencia la producción y distribución de energía en el país.
A Alí Rodríguez se le ha acusado de ser un diente roto y, por el camino que va, terminará siendo recordado más por evadir sus responsabilidades que por solucionar los graves problemas que han caído en sus manos. Y no tiene excusa alguna: durante la ya hoy anhelada cuarta república fue miembro de la Comisión de Energía y Minas del Congreso, y participó en los debates parlamentarios dirigidos tanto a perfeccionar el sector eléctrico con nuevas inversiones en plantas generadoras como la adecuación y modernización de la red de distribución eléctrica nacional.
De manera que lo del diente roto puede ser quizás en otros aspectos pero no precisamente en el de energía. Entonces ¿por qué ese empeño en ocultar cínicamente una crisis que, en el más optimista de los escenarios, puede llevar al abismo al país si, por algún hecho fortuito, se eleva la demanda y se caen a escala nacional los mecanismos de emergencia que se activan en estos casos? El ministro Alí Rodríguez ha sido muy activo estableciendo "cortes programados" (¿cómo se puede programar algo que está fuera de control del Gobierno?) y desde su despacho amenaza a las regiones con apagones "en algunas partes del país". Olvida que los apagones son parte de la rutina de los venezolanos que viven en provincia y que nuevos "cortes programados" significan oscuridad total y definitiva.
Los caraqueños ya están organizándose frente a los "cortes programados" que Rodríguez le va a imponer a la ciudad. No hay duda de que el hampa hará de las suyas gracias al ministro y sus apagones. Sálvese quien pueda.

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