Otra mentira oficial
Privados de libertad
El último producto de la manipulación del lenguaje, característica de este Gobierno, es que ya no se hable de presos sino de "privados de libertad". Los sucesos de las cárceles Rodeo I y Rodeo II, que han provocado muertos y heridos entre guardias y reclusos, condujeron a una militarización de la acción oficial que no ha logrado la paz penitenciaria. El ministro de Interior ha intentado torpemente disminuir la gravedad de los hechos y ocultado información.
No reparan en que el castellano artificioso que utilizan puede prestarse a confusión. Porque "privados de libertad" estamos todos los venezolanos. Los que no formamos parte del régimen porque somos acosados por leyes y medidas arbitrarias, y los rojitos que forman parte de él porque deben atenerse a las órdenes y caprichos del comandante que emanan de Miraflores o de un centro hospitalario en La Habana.
Los privados de libertad que están presos deben ser mencionados como reclusos, hacinados, internos o maltratados. O, como ellos mismos proclaman: "Somos también seres humanos", donde el "también" es un ruego.
Tampoco se dan cuenta los ministros de que cuando declaran que los reclusos disponen de buenos servicios, además de mentir nos están recordando a los "privados de libertad" que hacemos vida civil en la calle todos los cortes de electricidad, la falta de agua, la acumulación de basura, el desabastecimiento en alimentos y medicinas.
La otra excusa a la que recurren para minimizar la tragedia penitenciaria es afirmar que los presidios son controlados por mafias de presos que rivalizan entre sí. Olvidan que es su responsabilidad constitucional garantizar la sobrevivencia y el orden de los confinados en esos recintos carcelarios.
Este fracaso no justifica la brutal militarización de las cárceles y el uso de armamentos y tanquetas contra los reos. El olvido de los planes anunciados durante una década para dignificar a los "privados de libertad" desembocó en un simple echarles plomo a los beneficiarios de esos planes. Nunca disfrutaron de las mejoras prometidas por el presidente Chávez y, además, para beneficio pecuniario de sus carceleros, terminaron dominados por mafiosos también "privados de libertad".
Estos "privados de libertad" poseen arsenales dentro de los recintos y aterrorizan no sólo a sus compañeros de prisión sino que además, a través de las mafias externas, extorsionan a la población en general. Nada de esto es posible sin una red de corrupción que presuntamente recorre y envuelve tanto a los custodios civiles de las cárceles como a los integrantes de la Guardia Nacional Bolivariana.
El Gobierno y la Guardia Nacional Bolivariana han reaccionado con pánico y sin coordinación creando más caos y acentuando la inseguridad entre los "privados de libertad", tanto de quienes estamos en la calle como ciudadanos comunes como aquellos que están dentro de los infiernos carcelarios.
No reparan en que el castellano artificioso que utilizan puede prestarse a confusión. Porque "privados de libertad" estamos todos los venezolanos. Los que no formamos parte del régimen porque somos acosados por leyes y medidas arbitrarias, y los rojitos que forman parte de él porque deben atenerse a las órdenes y caprichos del comandante que emanan de Miraflores o de un centro hospitalario en La Habana.
Los privados de libertad que están presos deben ser mencionados como reclusos, hacinados, internos o maltratados. O, como ellos mismos proclaman: "Somos también seres humanos", donde el "también" es un ruego.
Tampoco se dan cuenta los ministros de que cuando declaran que los reclusos disponen de buenos servicios, además de mentir nos están recordando a los "privados de libertad" que hacemos vida civil en la calle todos los cortes de electricidad, la falta de agua, la acumulación de basura, el desabastecimiento en alimentos y medicinas.
La otra excusa a la que recurren para minimizar la tragedia penitenciaria es afirmar que los presidios son controlados por mafias de presos que rivalizan entre sí. Olvidan que es su responsabilidad constitucional garantizar la sobrevivencia y el orden de los confinados en esos recintos carcelarios.
Este fracaso no justifica la brutal militarización de las cárceles y el uso de armamentos y tanquetas contra los reos. El olvido de los planes anunciados durante una década para dignificar a los "privados de libertad" desembocó en un simple echarles plomo a los beneficiarios de esos planes. Nunca disfrutaron de las mejoras prometidas por el presidente Chávez y, además, para beneficio pecuniario de sus carceleros, terminaron dominados por mafiosos también "privados de libertad".
Estos "privados de libertad" poseen arsenales dentro de los recintos y aterrorizan no sólo a sus compañeros de prisión sino que además, a través de las mafias externas, extorsionan a la población en general. Nada de esto es posible sin una red de corrupción que presuntamente recorre y envuelve tanto a los custodios civiles de las cárceles como a los integrantes de la Guardia Nacional Bolivariana.
El Gobierno y la Guardia Nacional Bolivariana han reaccionado con pánico y sin coordinación creando más caos y acentuando la inseguridad entre los "privados de libertad", tanto de quienes estamos en la calle como ciudadanos comunes como aquellos que están dentro de los infiernos carcelarios.
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