¿Hasta cuándo?
Se cumple una semana del inicio de la tragedia de la cárcel Rodeo II y no existe forma ni manera de que el gobierno bolivariano solucione esta situación tan desesperante, que mantiene en vilo a decenas de familias apostadas en los alrededores de esa prisión. Y para agravar más las cosas, la Guardia Nacional Bolivariana le ha dado por reprimir no a los presos que están armados y atrincherados sino a los familiares, en su gran mayoría mujeres, que pacíficamente piden información sobre el destino de los "privados de libertad" que no aparecen en las listas oficiales.
A estas mujeres humildes se les persigue y se les humilla como si fueran vulgares malhechores y no esposas y madres angustiadas por tener acceso a una información fidedigna que se les niega como una forma de tortura más. El Gobierno alega que durante la cuarta república las condiciones eran peores y el hacinamiento superaba todo lo imaginable. Habría que investigar un poco sobre esto y preguntarle al Presidente de la República si cuando estuvo preso en Yare le lanzaron gas del bueno o le cayeron a plomo limpio.
Los periodistas que lo visitaron en busca de noticias, los escritores que lo entrevistaron para sustentar sus investigaciones sobre el golpe militar del 4-F, fueron testigos de las comodidades que los complotados disfrutaban en sus celdas.
Ahora desde Miraflores nos vienen con el cuento de que las cárceles de la cuarta república eran un infierno y que hoy son apenas una suerte de purgatorio, desde el cual los presos van directo al paraíso terrenal del socialismo del siglo XXI, cuando este reine sobre la tierra. Mientras tanto, los reclusos deben aceptar el reinado de los pranes (los jefes entre los presos), y los sobornos que exigen los guardias civiles y militares para que se les permita a sus familiares ingresar ropa, medicinas y comida.
Una de las últimas huelgas de hambre de los "privados de libertad" conmovió a la opinión pública porque los reos exigían que se dotara de medicinas la enfermería de la prisión, y que se dotara de buenos ejemplares una biblioteca para que ellos pudieran tener la posibilidad de acceder a mejores lecturas que las monsergas socialistas del siglo XXI que nadie lee.
A quienes piensan que a estos reclusos se les están dando mucho privilegios y que por ser malandros deberían ser castigados duramente sin tener la protección de los derechos humanos, hay que recordarles que la prensa nacional ha revelado que existe un entramado entre quienes supuestamente atrapan a un delincuente y lo conducen al sitio de retención para sacarles dinero, y aquellos que en verdad manejan el crimen organizado y no son molestados porque "se bajan de la mula" con cifras millonarias.
Optimizar nuestro sistema de justicia, acentuar la confianza en la actuación modernizadora de la Fiscalía General y limpiar de manzanas podridas el Cicpc podría ser un buen comienzo.
A estas mujeres humildes se les persigue y se les humilla como si fueran vulgares malhechores y no esposas y madres angustiadas por tener acceso a una información fidedigna que se les niega como una forma de tortura más. El Gobierno alega que durante la cuarta república las condiciones eran peores y el hacinamiento superaba todo lo imaginable. Habría que investigar un poco sobre esto y preguntarle al Presidente de la República si cuando estuvo preso en Yare le lanzaron gas del bueno o le cayeron a plomo limpio.
Los periodistas que lo visitaron en busca de noticias, los escritores que lo entrevistaron para sustentar sus investigaciones sobre el golpe militar del 4-F, fueron testigos de las comodidades que los complotados disfrutaban en sus celdas.
Ahora desde Miraflores nos vienen con el cuento de que las cárceles de la cuarta república eran un infierno y que hoy son apenas una suerte de purgatorio, desde el cual los presos van directo al paraíso terrenal del socialismo del siglo XXI, cuando este reine sobre la tierra. Mientras tanto, los reclusos deben aceptar el reinado de los pranes (los jefes entre los presos), y los sobornos que exigen los guardias civiles y militares para que se les permita a sus familiares ingresar ropa, medicinas y comida.
Una de las últimas huelgas de hambre de los "privados de libertad" conmovió a la opinión pública porque los reos exigían que se dotara de medicinas la enfermería de la prisión, y que se dotara de buenos ejemplares una biblioteca para que ellos pudieran tener la posibilidad de acceder a mejores lecturas que las monsergas socialistas del siglo XXI que nadie lee.
A quienes piensan que a estos reclusos se les están dando mucho privilegios y que por ser malandros deberían ser castigados duramente sin tener la protección de los derechos humanos, hay que recordarles que la prensa nacional ha revelado que existe un entramado entre quienes supuestamente atrapan a un delincuente y lo conducen al sitio de retención para sacarles dinero, y aquellos que en verdad manejan el crimen organizado y no son molestados porque "se bajan de la mula" con cifras millonarias.
Optimizar nuestro sistema de justicia, acentuar la confianza en la actuación modernizadora de la Fiscalía General y limpiar de manzanas podridas el Cicpc podría ser un buen comienzo.
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