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lunes, 27 de junio de 2011

"Yo no conozco el infierno, hija, pero debe ser como esto" (Sobre El Rodeo)



"Para venir para acá a veces tenemos que pedir hasta la cola para poderle traerle algo a él. (...) Le ha dado fiebre, diarrea. Y hasta unos nacidos (abscesos) , como le dicen, en los brazos y en la cabeza", expresa la hija de Martín Cordero, recluso de El Rodeo I.
Jhonny Esthir Cordero Pérez tiene los ojos hinchados de tanto llorar y poco dormir. Su piel está quemada por las inclemencias del sol guatireño y por la cantidad de lacrimógenas que le tocó respirar el fin de semana pasado. No ha comido. "No me pasa bocado... solo he tomado un poco de agua y juguito que me regaló una muchacha", dijo. Las noches, desde el viernes 17 de junio, las pasa en cualquier escalera o en la puerta de alguna casa, a la que alguno de los vecinos del barrio Las Casitas de Guatire, le dé acceso.

Está ahí solo para intentar ver y abrazar a su papá, Martín Ramón Cordero, de 59 años. O simplemente para escucharle la voz.

Martín está preso en el Rodeo I desde el 14 de abril de 2009. Durante el tiempo que Martín ha estado preso ha visto mucho y ha contado poco. Es la ley que aprendió a respetar para sobrevivir. Se bautizó en la religión cristiana evangélica para estar protegido y porque no se metía con nadie. Decidió gastar su tiempo escribiendo en los cuadernos que le llevan sus hijas. Le pide a Dios en sus líneas por sus hijos, que son 10, y por él mismo, para que le dé fuerzas y lo ayude a salir pronto de allí.

Cuando hay visita, recuerda Jhonny, y se tardan mucho para entrar, consigue a su papá sentado en un tobo, con la espalda apoyada sobre una pared, adormitado. Al tocarlo, Martín se despierta y con los ojos aguados y dice: "Yo creía que ya no venías".

- ¿Cómo fue que metieron preso a tu papá?

- Mi papá es un señor que tiene 59 años, y es de Acarigua, estado Portuguesa, del campo. De Turén, Villa Bruzual, más hacia el campo. Yo vivo en Caracas, en el kilómetro tres de El Junquito. Y él siempre nos venía a visitar a Caracas, por ocho días, porque aquí estamos tres hijas. La última vez que vino, llegó a mi casa y al tercer día de estar de visita, llegó el Cicpc y dos PM, a una invasión nueva que está ahí. Ellos llegaron buscando a unas personas por sobre nombre, no los buscaban por nombre. Mi papá había venido con un primito mío que es menor de edad. Los policías llegaron y no preguntaron nada. Después de violentar cuatro ranchos y no encontrar a nadie se llevaron a mi papá, que no tenía nada que ver. A él y a mi primito los golpearon.

- ¿Estabas en la casa cuando pasó todo eso?

- Sí. Cuando escuché que se estaban gritando, salí, afuera vi que tenían a mi papá pisado por el cuello. Así que les pregunté que qué era lo que pasaba. Ellos me dijeron que no me metiera y le dijeron a una vecina que salió a defender a mi papá que se callara, que le harían lo mismo. Ella le preguntó: "¿Qué es lo mismo?", y ellos le respondieron: "Bueno lo mismo es que los sembramos también y los metemos presos. Mi papá tenía dos meses de operado de la rodilla y de la vista. Luego nos dijeron que mi papá no iría preso sino como testigo y todo fue mentira.

- ¿Y tiene sentencia firme?

- No. En las primeras audiencias no hubo pruebas y lo mandaron a juicio. Le han mandado ocho boletas y solo lo hemos podido mandar dos veces con la mala suerte de que a una no fue el fiscal y a la otra no fue el juez. En las demás no pudimos reunir el dinero para que lo montaran en el autobús. Hay que pagar entre 300 y 500 bolívares para que salga en la lista de traslados al tribunal.

- ¿Cómo han hecho para cubrir esos gastos?

- Qué no hemos hecho, porque en verdad nosotros somos gente del campo, humilde. Hemos tenido que hacer rifas, trabajar, hemos recibido ayuda de nuestras amistades, de la familia del campo que nos depositan lo que pueden. Para venir para acá a veces tenemos que pedir hasta la cola para poderle traerle algo a él. A veces no venimos porque de verdad no tenemos.

- Además de los traslados, ¿por qué otra cosa pagan?

- Se tiene que pagar entre 60 y 80 bolívares dependiendo de lo que pidan esa semana los mismos internos. El dinero que él paga es para limpieza. Tenemos que comprarle medicinas para cuando se enferma, los cuadernos, la comida. Pero lo más caro que hemos pagado es 300 o 500 bolívares, que es cuando le toca ir a tribunales.

- ¿Se ha enfermado mucho tu papá?

-- Sí. Es frecuente que se sienta enfermo. Débil. Le ha dado fiebre, diarrea. Y hasta unos nacidos como le dicen adentro (abscesos) en los brazos y en la cabeza. Parece que son las picadas de las moscas que son enormes y hay muchísimas. No te dejan ni comer. Él mismo se ha curado. Nos pide que le llevemos ampicilina, gasa, algodón y él mismo se cura, o algún muchacho lo ayuda. Hasta nosotros mismos le hemos drenado los de la cabeza. Y él aguanta el dolor, y nos dice: "Sígale dando, hasta que salga la sangre clarita". Y la ampicilina se la toma él mismo según le parezca porque ahí no hay médicos que los atienda.

- ¿Cómo es su rutina?

- Es poco lo que habla de eso. Pero sabemos que por ejemplo duermen como gusanos, uno encima de otro. "De donde alguno saca una pierna, uno agarra ese espacito y ahí uno se acomoda... a veces no se pude dormir", nos cuenta. Él nos dice: "Yo no conozco el infierno, pero debe ser como esto".

- ¿Estás en los predios de la cárcel desde cuándo?

- Desde el viernes 17 de junio. Él me mandó un mensaje que los estaban quemado vivos y nos vinimos asustadas. Y de ahí para acá no supimos más nada hasta hoy (miércoles) que hicimos unas llamada y nos la devolvieron diciéndonos que sí está ahí en el grupo de presos que no fueron trasladados. Pero es fuerte, él lo que nos dijo el lunes 13 de junio, después del motín, que fue cuando hablamos con él, nos dijo: "aquí la cosa está muy dura. Hijas recen mucho, yo también lo haré. Las quiero mucho, Dios me la bendiga, infórmele a sus tías y sus hermanos, aquí no se sabe qué va a pasar con nosotros, aquí no dicen la verdad de lo que estamos pasando nosotros. Allá afuera le dicen una cosa y aquí adentro está pasando otra. Las quiero mucho Dios me las Bendiga, no les sé decir más nada".

El Universal

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