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sábado, 2 de julio de 2011

Editorial El Nacional


Y la Venezuela futura
 La salud del Presidente


La dramática alocución del presidente Chávez en la cual informó, desde La Habana, sobre la enfermedad que lo aqueja puso fin a días de incertidumbre y especulaciones en torno a sus condiciones personales y las consecuencias que puedan derivarse para la sociedad venezolana.

La determinación del jefe del Estado contrasta con las indecisiones y mentiras de su equipo de gobierno el cual, además de atentar contra el derecho de información, dio pábulo a todo tipo de rumores. Recordemos a Soto Rojas: "Si tiene cáncer seré el primero en decirlo". Quedó colgado de la brocha.

La solemnidad de la ocasión se reflejó en la voz y los gestos del presidente Chávez y fue subrayada por el hecho insólito de que no improvisó sus palabras y que éstas, además, fueron de corta duración.

De la evolución de su salud, aquejada por un mal que es impredecible, depende su vida y su capacidad de acción. Y eso no está en sus manos. Tal como dijo: "El retorno no tiene nada que ver ya conmigo mismo". Depende también de su salud, y de la manera de enfrentar la enfermedad, la marcha de la sociedad venezolana.

Como lo demostró el desconcierto de los últimos días, quienes lo acompañan en la tarea de gobernar son incapaces de tomar decisiones por sí mismos. La ausencia del jefe ha dejado en la orfandad a sus seguidores, y buena parte del país ha quedado a la deriva, menos en aquellos estados y alcaldías donde la oposición democrática se ha mantenido funcionando firme y tranquila.

Esta situación de falta de rumbo en el alto Gobierno es el resultado del desmantelamiento de las instituciones democráticas y el irrespeto a las sanas prácticas administrativas que produjo el personalismo en la gestión gubernamental.

Una nación madura se maneja a través de instituciones, no de una persona. Y si dichas instituciones se ven sometidas a un constante socavamiento y llegan a caer en manos de acólitos incapaces "el país corre tanto riesgo como si lo jugaran todos los días a la suerte de los dados", como dijo Simón Bolívar.

La enfermedad del Presidente debe alertar sobre los peligros de debilitar las instituciones democráticas y debe constituir un llamado a que se las refuerce. Es preciso que el Gobierno muestre disposición al diálogo y sus propuestas sean sinceras para que el país salga adelante.

En Venezuela, en el siglo XX, dos gobiernos terminaron por enfermedad del jefe de Estado: el de Cipriano Castro y el de Juan Vicente Gómez. El fin del primero significó el inicio de la más cruel y duradera dictadura que ha tenido el país. El del segundo, marcó el comienzo del período más largo de modernización y democratización vivido en los doscientos años que tiene la república.

Los voceros de la oposición han dicho que desean que el presidente Chávez se restablezca, vuelva pronto al país y reasuma sus funciones. Pero hay que estar preparados para hacer frente a cualquier circunstancia que ponga en riesgo el futuro democrático de Venezuela.

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