Corre, Correa
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, voló a La Habana poco después de haber obtenido una victoria contra el diario El Universo. No había mejor lugar para brindar que la capital de Cuba donde la libertad de expresión se conoció en muy pocos momentos en el siglo XX, porque de una dictadura se pasaba a otra, y en la última mitad del siglo la libertad no tuvo un minuto de respiro. Celebró la hazaña con los hermanos Castro, y con el Presidente de Venezuela.
Rafael Correa demandó al diario El Universo por injuria. Ha podido demandar a cualquier otro periódico de Ecuador, de los que suele llamar "la gran prensa del país, conspiradora y corrupta". Como todos los que atacan y persiguen a la libertad de expresión, Correa acusa al diario de "conspirar contra su gobierno". Utilizando el Poder Judicial, el mandatario ecuatoriano ganó una batalla que los dictadores de la vieja escuela ganaban con peinillas y machetes.
Rafael Correa demandó al diario El Universo por injuria. Ha podido demandar a cualquier otro periódico de Ecuador, de los que suele llamar "la gran prensa del país, conspiradora y corrupta". Como todos los que atacan y persiguen a la libertad de expresión, Correa acusa al diario de "conspirar contra su gobierno". Utilizando el Poder Judicial, el mandatario ecuatoriano ganó una batalla que los dictadores de la vieja escuela ganaban con peinillas y machetes.
La historia es ya conocida porque le ha dado la vuelta al mundo, y ha creado el escándalo que la noticia merece. Un juez de primera instancia sentenció esta semana a tres años de cárcel al director del periódico, César Pérez, a los subdirectores Carlos y Nicolás Pérez, y al ex editor de opinión Emilio Palacio.
Los dictadores de antaño no eran tan sofisticados. Mandaban un piquete policial, se llevaban a los periodistas y cerraban la empresa. La brutalidad era preferible a la sutileza puesta en práctica por el juez ecuatoriano. No sólo ordenó la prisión de los editores a tres años, sino que condenó a la empresa a pagarle a Rafael Correa nada más y nada menos que 40 millones de dólares, como compensación por los "daños morales" causados por una nota donde fue criticado, y se desató en iras.
Correa considera que es intocable, y que como presidente no puede ser objeto de críticas. Su demanda es por 80 millones de dólares, aunque el patrimonio de la compañía editorial apenas sea de 35. Tanto el mandatario como los editores anunciaron que apelarán el fallo. Como el juez dictaminó que fueran 40 en lugar de los 80 que reclama, está insatisfecho. Quiere los 80 o nada. Nadie sabe en Ecuador de dónde pueden sacar esos 80 millones los editores. Correa, entre tanto, asegura que "no tocará ni un centavo". Cómicamente, anunció que los dedicará "a un plan del gobierno contra el calentamiento global". El único recalentado en Ecuador es Rafael Correa.
Veamos lo que dijo al conocer la sentencia: "Es un hito histórico, se derrumbó el mito de la prensa omnipotente que se cree con patente de corso para hacer lo que le da la gana. Se acabó la estrategia de permitir que un descalificado injurie y la culpa no sea de los directivos sino de los sicarios de tinta".
El intocable Correa ignora que la función pública está sometida al análisis y a la crítica. Tuvo razón de ir a La Habana a celebrar su victoria. En Granma no se publican esas críticas.

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