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martes, 5 de julio de 2011

EL 5 DE JULIO DE 1811 de Juan Páez Ávila

                       
 Fue una de las grandes gestas de la Sociedad Civil  de las Provincias  de la Capitanía General de Venezuela.

            La Primera Constitución establece un gobierno federal, de separación de los Poderes Públicos y de no reelección inmediata, totalmente contrario al centralismo y reeleccionismo defendido por el  Comandante Presidente Hugo Chávez.

            Suspendida por los efectos de la guerra, no fue restituida después de la Batalla de Carabobo que restableció la independencia, liquidada por la pérdida de la plaza de Puerto Cabello defendida por Simón Bolívar y la Capitulación de Francisco de Miranda.

                       
Una de las  jornadas políticas e históricas que protagonizó la sociedad civil de la Capitanía General de Venezuela, inmediatamente después que España fue ocupada por las tropas de Napoleón Bonaparte, secuestrado el Rey Fernando VII y sustituido por el hermano del Emperador francés, fue la Declaración de Independencia con la firma de Acta correspondiente el 5 de Julio de 1811 en los Salones del Congreso de la Confederación creada por los representantes de las  principales provincias de Venezuela, con lo cual quedaba definitivamente separada de la Madre Patria.
 
            La Declaración de Independencia es la culminación de un proceso de luchas que encabezan  los hijos o descendientes en general de los peninsulares y los pardos caraqueños, que habían establecido contacto con los libros y con algunos revolucionarios franceses, norteamericanos e incluso españoles  que pretendían, primero, establecer la República y posteriormente liberarse de la ocupación napoleónica. La primera gran jornada política fue de la deposición  del Capitán General Vicente Emparan, representante del Rey en cautiverio, y la constitución de una Junta Suprema Defensora de  los Derechos de Fernando VII, lo cual ocultaba seguramente  la intención y hasta los planes para liberarse del régimen monárquico, que era lo que estaba en boga, y que ya lo habían logrado los norteamericanos y luego los franceses.
            Lo cierto es que los integrantes de la Junta Suprema Defensora de los Derechos de Fernando VII, presionada sin lugar a dudas por la Junta Patriótica de la que forman parte algunos caraqueños partidarios de la independencia, y por su propia  voluntad, decide convocar a una  .representación del pueblo soberano para que tome las decisiones posteriores. Una vez instalado  el Congreso y después de largas y controversiales discusiones, llegan a la conclusión de que se debe declarar la independencia definitiva y se proceda a elaborar una Constitución Nacional de la nueva República. Se firma el Acta de Independencia el 5 Julio, tal día, como hoy, en 1811, lo cual provocará, como  era de esperarse, la reacción del Rey de España que había recuperado la Corona, y los preparativos de una invasión para tratar de recuperar las provincias perdidas, ya constituidas en República, que dará comienzo a una nueva etapa en la historia de nuestra naciente nación, la guerra y sus graves consecuencias, una vez que las tropas españolas pisan territorio venezolano  en las costa de la Provincia de Coro.
            Pero antes de que comience la guerra fraticida, la guerra por la independencia, se produce en Venezuela otro gran acontecimiento, protagonizado por la sociedad civil. El Congreso de la nueva república aprueba una Constitución, inspirada en los principios fundamentales  de la libertad, la igualdad, la fraternidad, el derecho inviolable de la propiedad y otros consagrados en las Cartas Magnas de los Estados Unidos de Norteamérica y en la de la República de Francia, que también inspiraron a  a nuestros primeros congresistas, y a los cuales me referiré más adelante, que fueron puestos de lado no sólo por los motivos, justificados, por la guerra, sino también una vez finalizada una de las más sangrientas contiendas bélicas de nuestro continente.
                                   LA GUERRA Y LA CONSTITUCIÓN
Sin lugar a dudas que en una época de guerra es muy difícil y a veces imposible preservar la vigencia de una Constitución Democrática como la que aprobaron los próceres civiles de 1811, excepto que se trate de un potencia, con instituciones consolidadas, y que la guerra se haga lejos de su frontera, como han sido los casos de Estados Unidos e Inglaterra. Pero en un país pequeño, en el que la capital y gran parte del territorio puede ser ocupado por las tropas del enemigo, es ineludible el imperio  de la verticalidad en el mando supremo. Nuestra primera República se perdió en manos de sus defensores, bisoños unos, como el joven Simón Bolívar que perdió la base de Puerto Cabello, e inadaptados otros, como el General Francisco de Miranda, acostumbrado a comandar ejércitos profesionales, que capituló, ante la imposibilidad de organizar militarmente a un montonera de hombres sin preparación para la guerra, y eso para no referirnos a la ineptitud del Marqués del Toro, que no pudo contener el avance del Capitán Domingo Monteverde que comandaba las tropas del Rey.
            Una vez desatada la  guerra, con la ferocidad que le impusieron los españoles y sus hijos o descendientes, la Declaración de Independencia y la Constitución de 1811 deberían esperar el final de la contienda, que para nosotros será el 24 de junio de 1821, en la Batalla de Carabobo, planificada y dirigida por el General y Libertador Simón Bolívar y ejecutada por miles de soldados del Ejército venezolano, que en el campo de guerra comandó, entre otros generales, José Antonio Páez, quien con su caballería decide la victoria a favor de Venezuela.
            En el Campo de Carabobo se sella la independencia que la sociedad civil había declarado en el Congreso de la Confederación de las Provincias asistentes a sus deliberaciones, pero también se sella un pugilato que se prolongará  por toda la historia nacional, entre el poder militar y el civil, con la preponderancia de quien poseía la fuerza de las armas. Nunca se restituye la Constitución de 1811, sino que los caudillos militares en ejercicio de poder político hacen aprobar nuevas cartas magnas adaptadas a sus planes hegemónicos. Copian de la Constitución de 1811 aquellos artículos que pueden darle un carácter liberal a sus mandatos, incluso otros que por lo general no se cumplen. Pero quedan desterrados  aquellos artículos que coliden con sus principios militares del orden, la disciplina y la obediencia, incluso encuentran civiles con mentalidad caudillista que elaboran teorías  para justificar los gobiernos de fuerza, para someter a un pueblo ignorante, al cual nunca se ocuparon de educar.
            Lo primero que eliminan es el carácter federal de los gobiernos y ponen en práctica un régimen centralista, el mismo que tenemos hoy y que el Comandante Presidente, Hugo Chávez, quiere prolongar hasta el fin de sus días. Pero la marcha de la historia es la misma de la evolución del conocimiento del hombre, y en estos tiempos modernos también de la mujer, y la lucha por la libertad y la igualdad de los ciudadanos siempre  ha estado presente en la vida nuestra nación. Contra el centralismo de algunos militares surgió en la Venezuela de mediados del siglo XIX, un grupo de ciudadanos que pedían la instauración del gobierno federal, que ya estaba establecido en la Constitución de 1811.  Pero los militares centralistas de la época apelaron a la violencia, que dio lugar a llamada Guerra Federal, que desangró nuevamente a nuestra población y liquidó lo poco que quedaba de nuestra economía, obra del trabajo de nuestros hombres del campo, que no lo abandonaron ni lo han abandonado en las peores circunstancias. Todo terminó en un pacto que sugería el fin de la violencia, pero continuó la presencia militar hasta 1945, cuando un logia militar insurgió contra  un gobierno presidido por otro militar, el General Isaías Medina Angarita, pero con participación civil, tratando de volver a la hegemonía militar, que fue contenida por 3 años, durante los cuales Rómulo Betancourt, que presidió la Junta de Gobierno, logró la preponderancia del poder civil. Convocó a una Asamblea Nacional Constituyente, mediante el voto universal directo y secreto, que elaboró una nueva Constitución Democrática, que en cierto modo actualiza y moderniza la de 1811. Convoca a la elección del Presidente de la República y de un Congreso bicameral, también a través del voto universal, directo y secreto, cuyos representantes,  Rómulo Gallegos y algo más de un centenar de diputados y senadores, apenas ejercen menos de un año, porque vuelve la hegemonía militar mediante un golpe de Estado, que los derroca e instauran una dictadura militar, que dura 10 años.
                                   SE CONSOLIDA LA DEMOCRACIA

            No obstante que un historiador tan agudo y estudioso de la sociología y la política universal, como lo es el Dr. Germán Carrera Damas, llega  a la conclusión de que esta tendencia autoritaria que representan Chávez y el chavismo, alimentado por los restos del socialismo autoritario de los hermanos Fidel y  Raúl Castro, es un intento fallido, condenado al más rotundo fracaso, lo cierto es que hoy vivimos momentos de confrontación entre el autoritarismo militar y los principios de la democracia parlamentaria establecida en la Constitución de 1811, que condujo a los próceres civiles de entonces a declarar la independencia de Venezuela.
             200 años después de la Declaración de Independencia, el gobierno de Hugo Chávez vulnera los derechos fundamentales de la Constitución Nacional de la Primera República, como son la libertad, la igualdad, la propiedad y la seguridad. Jamás se plantearon los próceres civiles de 1811, la posibilidad de que la libertad de expresión del pensamiento pudiera permanecer amenazada, tal como sucede en el régimen del Comandante Presidente. Jamás se plantearon los fundadores de la Primera república democrática en 1811, que desde el gobierno se pudiera elaborar una lista TASCÓN, que liquida el derecho de igualdad de los ciudadanos ante la ley, pues sólo aquellos que no aparecen en dicha lista, por no haber firmado la solicitud de un revocatorio consultivo al mandato del Presidente, pueden optar a un cargo público o a un crédito de los organismos oficiales, creados con dinero de todos  los venezolanos. Jamás se plantearon los firmantes del Acta de Independencia la factibilidad de que el Gobierno invadiera fincas e industrias productivas, porque estaba garantizado el derecho de propiedad, y el Estado quedaba obligado a respetarlo y a hacerlo respetar. Jamás pasó por la mente de los hombres que firmaron el Acta que nos daba la independencia, que el gobierno armara a unos civiles para actuar contra los derechos de otros ciudadanos. Las armas sólo podían estar en manos del Ejército de República, para garantizar la soberanía nacional, la paz entre los ciudadanos y el respeto a la Constitución de la República.
            De allí que no puede admitirse como válida la consigna de que este gobierno autoritario representa la continuación de la independencia de la República. Lo que este régimen autocrático representa es el centralismo, todo lo contrario a lo que concibieron los firmantes del Acta de Independencia, que crearon una Confederación de Provincias, raíz histórica de la descentralización moderna de nuestro tiempo.   
            Este gobierno del Comandante Chávez en muchos aspectos contradice el espíritu y el texto elaborado por los firmantes del Acta de Independencia. Por ejemplo, su rompimiento con, y separación de,  la Comunidad Andina de Naciones, es absolutamente contrario al espíritu unitario de los firmantes del Acta de Independencia, cuando en las Disposiciones Finales recogen  como importante la unión de todos los pueblos de Colombia para la defensa y conservación de su libertad e independencia política. La unidad de Colombia, escriben, garantiza la inviolabilidad de la Constitución y preserva   la soberanía. La salida de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) contraría incluso el pensamiento de Simón Bolívar,  quien al coincidir con la establecido en la Constitución de 1811, crea y defiende hasta el final de sus días, lo que él llamaba la Gran Colombia.

                                   HONORES A QUIENES LOS MERECEN
En estos tiempos de confusión no se puede aceptar que se tergiverse la historia. Los generales Simón Bolívar y José Antonio Páez, los más destacados, entre muchos, militares que  derrotan a los tropas que defendían a la Corona de España, el 24 de Junio de 1821 en la Batalla de Carabobo, son nuestros dos grandes héroes que sellan, con su victoria, la independencia de Venezuela, que había sido decretada por  los congresistas el 5 de Julio de 1811. Las fechas y los actos protagonizados por nuestros libertadores son inconfundibles. El 24 de Junio de 1821 nuestros militares se llenan de gloria, cuando logran vencer al Ejército realista. El 5 de Julio de 1811 es el día de nuestros héroes civiles, que firman el Acta de Independencia, uno de los primeros grandes actos históricos por la libertad y futuro de nuestra  naciente República, que muchos pagaron con sus vidas, perseguidos y asesinados por atreverse a desafiar el poder de una de las primeras potencias coloniales de la época.

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