47 agresiones a
En un país en el que todavía
es factible que impere en la mentalidad de sus gobernantes una concepción
autoritaria, caudillista y militarista para gobernar, la primeras víctimas del
autoritarismo, el caudillismo y el militarismo, generalmente son las
universidades, los centros de discusión y formación crítica del profesorado y
en particular del estudiantado, sin descartar el grado de conciencia ciudadana demostrada
por empleados y obreros, que si bien tienen objetivos distintos a los del
proceso de enseñanza-aprendizaje, han tenido y tienen la oportunidad de
compartir sus luchas por sus legítimas reivindicaciones económicas y sociales,
con la defensa de las libertades públicas y en especial de la libertad de
cátedra y de investigación que requieren las universidades para cumplir sus
fines académicos y científicos.
De allí, tal vez, surge la ambigüedad en la conducta de
profesores y estudiantes, sobre todo con rango de autoridades, frente a la exigencia del gobierno
¨revolucionario¨ del Presidente Chávez, de extender el voto a empleados y
estudiantes para elegir las autoridades que deben conducir los destinos de
nuestras máximas casas de estudio. No la aceptan, no sólo porque es ilegal, sino también porque un universo de
electores distinto al Claustro Universitario, pueda distorsionar los objetivos
de formación científica, tecnológica y humanística de los educandos, propios de
toda universidad, a la hora de elegir autoridades.
El objetivo del
gobierno no es, desde luego, la transformación de la universidad en un centro
superior del la excelencia, y ni siquiera de una mayor democratización de esas
casas de estudio, al darle participación a empleados y obreros para elegir
autoridades. Algo que sólo puede plantearse un gobierno formado por los mejores
cerebros políticos del país y de una firme vocación democrática, y no un
régimen mayoritariamente dirigido por mediocres, corruptos y de tendencia
represiva.
Las universidades
pueden aceptar el reto y derrotar a los mediocres candidatos del gobierno en
elecciones universales, no sólo porque el
autoritarismo y el militarismo son rechazados por la mayoría de la
comunidad universitaria, sino también porque ésta puede elegir a los mejores o
a las más calificadas autoridades, en sus distintos niveles, desde el Rector
hasta los directores de escuelas.
De parte del gobierno ese planteamiento no es
científico ni democrático, sino demagógico, que hábilmente lo coloca al lado de
sectores mayoritarios de la comunidad universitaria. Para enfrentarlo hay que
ser firmemente partidario de la excelencia educativa y verdaderamente
democrático. Si por mandato legal, para ser rector, vicerrector, secretario,
decano o director de escuela e institutos de investigación, se exige haber
alcanzado el más alto rango académico de Profesor Titular o Asociado, se reduce
el riesgo de que una elección masiva pueda obstaculizar la buena marcha de la
universidad en el cumplimiento de sus fines últimos.
Después de más de
cuatro décadas de democracia nacional y en particular universitaria, de
funcionamiento de su autonomía, un gobierno autoritario es rechazado por la
mayoría de los estudiantes, empleados y obreros de las universidades autónomas
e incluso de algunas experimentales, en las que los profesores –generalmente
padres de familias- soportan la presión de las autoridades, y los estudiantes
tienen condicionada su permanencia en las aulas universitarias si se mantienen
al margen de cualquier conflicto que se presente, por muy justos que sean sus
reclamos en ejercicio de sus derechos constitucionales.
La asfixia
presupuestaria a las universidades forma parte de la agresión a su condición de
centro crítico del pensamiento, donde circulan libremente todas las corrientes
o ideologías que el ser humano ha inventado, para tratar no sólo de vivir en
libertad, sino también para servir de ejemplo de convivencia democrática,
civilizada, que resulta inaceptable para los bárbaros que se han entronizado en
el poder. Afortunadamente las universidades no solo forman parte de un pequeño
universo de libertades y debates por la consolidación de la democracia, sino
que en su seno se reportan diariamente los avances de la ciencia, de la
tecnología y de la cultura humanística que caracterizan al primer mundo. La
globalización de la economía camina paralela con la mundialización del saber,
en particular de las nuevas tecnologías que nos permiten estar comunicados y en
contacto permanente con los vientos de libertad que recorren el globo. Ninguna
agresión podrá impedir que las universidades y el país en general se integren
del mundo civilizado. Los regímenes autoritarios como el de Hugo Chávez, como
las dictaduras del norte de África y algunas naciones asiáticas, no podrán
impedir el beneficio del progresos de nuestro tiempo, y el destino de los
violadores de los Derechos Humanos, ya es conocido, el más democrático, por el
respeto a sus derechos, es la Corte
Internacional de La
Haya.
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