Mientras que en América Latina haya
políticos idealizando el fallido ensayo de la revolución cubana,
mientras haya quienes creen que ese modelo de explotación política
conduce a la redención del ser humano, mientras crean que las
elucubraciones de Fidel son verdades absolutas, nuestro continente
seguirá anclado en el debate ideológico surgido en el siglo XIX y
modificado perversamente en el siglo XX por los dirigentes comunistas
sovieticos.
En el siglo XXI la discusión no puede seguir anclada entre comunismo y capitalismo, porque ambos modelos no responden a las exigencias de un mundo globalizado habitado por más de seis millardos de habitantes.
La preferida postura de los políticos de la región de etiquetarse de izquierda o de derecha es un anacronismo detrás del que se escudan para privilegiar los intereses de sectas que usan el poder para, en demasiados casos, enriquecerse ilícitamente.
América Latina no será protagonista fundamental en el siglo XXI sino cambian las mentalidades y entienden que la función pública no es para enriquecerse sino para servir a la comunidad.
En el siglo XXI la discusión no puede seguir anclada entre comunismo y capitalismo, porque ambos modelos no responden a las exigencias de un mundo globalizado habitado por más de seis millardos de habitantes.
La preferida postura de los políticos de la región de etiquetarse de izquierda o de derecha es un anacronismo detrás del que se escudan para privilegiar los intereses de sectas que usan el poder para, en demasiados casos, enriquecerse ilícitamente.
América Latina no será protagonista fundamental en el siglo XXI sino cambian las mentalidades y entienden que la función pública no es para enriquecerse sino para servir a la comunidad.
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