Pérez Abad fue destituido por no seguir el Plan de la Patria | Foto AFP
El ex vicepresidente del área económica se
quedó solo con sus planteamientos que fueron vistos como una amenaza
para el sector que no acepta cambios dentro de la economía
La
destitución del vicepresidente del área económica y ministro de
Industria y Comercio, Miguel Pérez Abad, abre un nuevo capítulo dentro
de la toma de decisiones económicas en el gabinete ministerial. La línea
dura de pensamiento dentro del madurismo se impuso a los pragmáticos y
convenció al presidente Nicolás Maduro de continuar profundizando el
actual modelo económico inscrito dentro del Plan de la Patria.
El
ex presidente de la Federación de Industriales junto con el ministro de
Finanzas, Rodolfo Medina, y el presidente de Petróleos de Venezuela,
Eulogio del Pino, hicieron llave para impulsar ciertos cambios que desde
el principio no gustaron dentro del statu quo que hace vida en el alto gobierno.
Maduro
le confirió la tarea de sentarse con los distintos gremios a revisar la
estructura de precios de algunos productos sujetos a control. Asimismo
se diseñó el Sistema de Divisas Complementarias y el Sistema de Divisas
Protegidas. La propuesta buscaba la unificación cambiaria. Sin embargo,
aunque se permitió hacer flotar la tasa Simadi hasta llevarla a niveles
por encima de 600 bolívares por dólar, el Dipro siguió cotizándose a 10
bolívares por dólar
Ni
al Banco Central de Venezuela ni al Ministerio de Alimentación les
gustó este nuevo esquema mucho más transparente que proponían Pérez
Abad, con Medina y Del Pino. El ex vicepresidente del área económica no
contó con el apoyo del directorio del BCV para la instalación del Dicom.
De hecho, la instalación de la plataforma tecnológica fue retrasada más
de tres meses. Una fuente cercana a ese instituto explicó que había
resistencia a esta propuesta porque el Banco Central perdía el monopolio
de manejar a discreción la entrega de divisas al sector privado.
La
salida de Pérez Abad del gabinete garantiza que el Dicom quedará
engavetado y que el ministro de Alimentación, Rodolfo Marco Torres,
continuará manejando las importaciones con una divisa controlada a 10
bolívares por dólar a pesar del gran diferencial cambiario. “La
discrecionalidad con la que Torres cuenta para esta función es absoluta.
Ni el Banco Central puede interferir con estas operaciones”, señaló una
fuente que prefirió mantenerse bajo la reserva.
El
punto que marcó el cisma definitivo dentro del gabinete económico fue
la discusión por el incremento de los precios de los bienes controlados.
Esto se hizo en contra del ministro de Planificación, Ricardo Menéndez.
Un hombre de bajo perfil, sin discursos airados, pero muy cercano a
Maduro. Dentro de su círculo de confianza están la ministra de las
Comunas, Isis Ochoa; la ministra de Agricultura Urbana, Lorena Freitez; y
el asesor español, Alfredo Serrano Mancilla.
El
tono conciliador de Pérez Abad con el sector privado crispó los ánimos
entre este grupo, que insiste en la necesidad de no ceder espacios y
continuar impulsando el discurso de la guerra económica. Esta ala
radical del gobierno está negada a cambios y criticó a Pérez Abad
utilizando el argumento de la alta inflación –que al cierre de julio
alcanzó el acumulado de 565,2%, según reportes extraoficiales del BCV–.
Señalaron que el alza de precios era responsabilidad de Pérez Abad por
permitir el incremento de la tasa Simadi (Dicom). “El problema es que en
el gabinete nadie entiende realmente por qué se están produciendo esos
altos índices de inflación y culpar a Pérez Abad les sirvió de excusa”,
explicó la fuente.
La estocada final. Mientras
Pérez Abad negociaba la nueva estructura de costos de algunos productos
y se sentaba con las empresas de telecomunicaciones para revisar las
tarifas, dos figuras iban sigilosamente entrando al círculo íntimo del
alto gobierno. Se trata de Carlos Farías, un ingeniero que fungía como
viceministro de Industrias Intermedias y Ligeras; y Juan Arias, quien
fue nombrado ministro de Industrias Básicas, Estratégicas y Socialistas
sin que ni siquiera Pérez Abad se enterara de que el Ministerio de
Industrias que él presidía ahora contaba con esa división.
Al
final, Pérez Abad fue desautorizado y el aumento de las tarifas del
sector telecomunicaciones, congelado. La arremetida contra él se
alimentó de las declaraciones del empresario en las que proponía un plan
de devolución de las empresas expropiadas. “Esta transición fue
inaceptable para el statu quo que no quiere que nada cambie”, sentenció la fuente.
A
partir de ahora, Juan Arias y Carlos Farías –muy cercanos al Ministerio
de Planificación– son dos fichas que pueden ser nombradas
vicepresidentes del área económica, en caso de que el propio Menéndez no
sea el elegido.
Eulogio del Pino bajo aviso
“Al
ala radical del madurismo no le gusta Eulogio del Pino”, aseguró una
fuente de Petróleos de Venezuela. Del Pino ha sido un defensor de la
unificación cambiaria y de ampliar la participación del sector privado
en las empresas con el Estado. Lo que recientemente despertó la ira de
figuras como Diosdado Cabello, Rafael Ramírez y Elías Jaua fue que Del
Pino declaró que haber abandonado los pozos del Lago de Maracaibo fue un
error. “Si Maduro pudiera, ya lo habría destituido”, señaló la fuente.
El
presidente de la República está atado a la confianza que el mercado le
tiene a Del Pino, quien está impulsando un canje de bonos y la
titularización de la deuda con proveedores. “En pocos días lo verán en
un gran evento relacionado con Petróleo y Minería que servirá para el
lobby de Pdvsa. Maduro necesita a Del Pino; la salida de Pérez Abad es
un aviso para que no declare y se ajuste al Plan de la Patria”,
sentenció la fuente.
El
pasado jueves, Del Pino pareció desdecirse de sus declaraciones en la
38 asamblea de la Cámara Petrolera de Venezuela, donde señaló que fue un
error estatizar las empresas que prestaban servicio a Pdvsa en la Costa
Oriental del Lago. “Todo lo que hemos recuperado en revolución está
bajo el control del pueblo. ¡No hay marcha atrás!”, publicó en la red
social Twitter.
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