La activación de la Operación de
Liberación del Pueblo, desde julio de 2015, el empobrecimiento y la
carestía de alimentos, productos y servicios básicos han incidido en que
este año los delitos hayan sido más violentos que en años anteriores,
de acuerdo con los registros del Informe Anual del Observatorio
Venezolano de Violencia.
En el documento se señala que la
proyección para 2016 es que cerrará con 28.479 muertes violentas, que se
traduce en una tasa de 91,8 muertes por cada 100.000 habitantes. En
2015 se habían proyectado 27.875 muertes.
La OVV prevé que los homicidios
legalmente aceptados son 18.230 y las muertes en averiguación son 4.968
por no haber tenido una intencionalidad conocida o porque faltan
denuncias. Este año, además, aumentaron las víctimas por resistencia a
la autoridad, con una proyección de 5.281 muertes por esta causa.
“En años anteriores 65% del total de
víctimas por resistencia a la autoridad concluía en casos fatales, pero
los resultados de este año, con análisis de cifras primarias, nos
indican que ese indicador ha aumentado a 79% y eso tiene que ver con las
operaciones y acciones que se han desarrollado este año (OLP)”, explicó
el criminólogo Roberto Briceño León, director del OVV.
Este año el estado Aragua se
posicionó como el más violento del país, con una tasa de 142 muertes por
100.000 habitantes, y desplazó al Distrito Capital que registró 138
muertes. En 2012 esta entidad se ubicaba en tercer lugar con una tasa de
92. En segundo lugar se encuentra Miranda con 149 muertes por 100.000
habitantes, y Distrito Capital con una tasa de 138 fallecimientos.
Estos 3 estados, además, también
lideraron en la tasa de homicidios por resistencia a la autoridad:
Aragua punteó con una tasa de 25,2; Miranda, con 19,7 y Distrito
Capital, con 19,9 por cada 100.000 habitantes.
Consecuencias de la crisis.
Hay cuatro tipos de respuestas ciudadanas que demuestran el aumento de
la violencia. Por lo menos, hay entre uno y tres linchamientos a la
semana con víctimas fatales. La característica de este delito cambió:
anteriormente ocurrían en personas que habían ejecutado crímenes como
asesinatos o violaciones, pero ahora las víctimas son las que cometen
delitos comunes como robos o hurtos, y hasta personas inocentes. El
segundo delito es el incremento por muertes por encargo (sicariato) con
un registro de uno a cuatro cada semana en el país.
Otras respuestas que no han sido
cuantificadas son “la generalización del miedo y la pérdida de la
libertad en la población” y un impacto en el desplazamiento de la
población por la violencia, sobre todo en zonas de paz. Aún se desconoce
cuántas familias están en esta situación.
El criminólogo aclaró que este año el
observatorio intentó superar otra vez las limitaciones que ocasiona no
tener acceso a la información oficial desde 2003, con la utilización de
varias fuentes: datos primarios recibidos de fuentes policiales que, a
su vez, fueron contrastados con los reportes de la prensa que hacen los
observatorios de las universidades nacionales ubicados en San Cristóbal,
Mérida, Cumaná, Barquisimeto, Ciudad Guayana y Caracas, y con
entrevistas a personas involucradas en los casos.
Estas cifras posicionan a Venezuela
como el segundo país más violento después de El Salvador, que tiene una
tasa de 100 homicidios por 100.000 habitantes.
“Nuestros cálculos indican que al
finalizar 2016 Venezuela tendría una tasa de muertes letales 3,6 veces
mayor que las de Colombia y Brasil. Colombia continúa su proceso de
disminución de homicidios, y con una tasa de 25,3 por cada 100.000
habitantes al finalizar este año igualaría a la tasa de 25,1 que ha
venido presentando Brasil”, cita el informe.
“La violencia no está exenta de las
relaciones e impactos que tienen las crisis económicas, de la democracia
y del modelo político, porque al fin y al cabo el control de la
violencia es una manera de convivir. Uno convive con mecanismos de
acceso a los recursos, a la comida o con mecanismos de acceso al poder y
de cambio de poder. Cuando todos esos mecanismos se cierran, se
bloquean y se convierten en informales e, incluso, en violentos. Las
respuestas que tenemos es lo que vemos en Venezuela. Sin embargo, esta
violencia no es una maldición irreversible, sino que es el resultado de
políticas públicas equivocadas y, cambiándolas, esta situación podrá
revertirse”, concluyó el criminólogo.
Policías víctimas y actores del delito
La victimización de policías ha
aumentado. Para el año que cierra, en Caracas ultimaron a un promedio de
2,5 policías cada semana, y al mismo tiempo hay más evidencia de
funcionarios policiales y militares involucrados en delitos.
“La OLP, en sí misma, es una
concepción de guerra. Cuando la seguridad ciudadana es una política de
paz. Las acciones en las cuales se emprende con una concepción militar,
de fuerza y capacidad de fuego hacia una política de seguridad
ciudadana, se obtiene lo que estamos viendo: un incremento de muertes de
policías, una respuesta más violenta de los delincuentes hacia policías
y ciudadanía”, explicó Briceño León.

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