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miércoles, 16 de noviembre de 2022

Al filo de la muerte trabajan en la CVG: Al menos 85 empleados han fallecido este año

 

 

Julio nunca imaginó que la última vez que compartiría con su papá sería el 12 de noviembre. Han pasado más de 3 días y el recuerdo de cómo transcurrió ese sábado está intacto.

Por Pableysa Ostos/Corresponsalía lapatilla.com


“En la mañana, asistí a mis clases de cocina hasta la tarde y llegué en la noche a la casa. Mi padre pasó todo el día en casa junto a mi mamá y mi abuela. Recuerdo que cenamos juntos. Antes de irse a trabajar en su guardia desde las 11:00 de la noche hasta las 7:00 de la mañana del domingo 13 de noviembre, juntos como familia oramos y compartimos una Palabra que Dios le dio a mi padre. Luego de eso, él se alistó y se fue a trabajar. Eso fue lo último que conversamos”, relató Julio, quien es uno de los cuatro hijos que tuvo Julio César Barroso García de 57 años.

Horas más tarde, ocurrió lo inesperado: un supervisor de Ferrominera llamó a la hija de Julio César Barroso para decirle que su papá había muerto. A ella le tocó el doloroso trance de decirle a su madre y a sus hermanos sobre el fatídico hecho.

Barroso García trabajó por 34 años en el taller de vagones de la Gerencia de Ferrocarril de Ferrominera Orinoco, en Puerto Ordaz, estado Bolívar, al sur de Venezuela.

 

Julio César Barroso García y su esposa

 

“Aproximadamente a las 2:30 de la mañana del domingo tuvo un accidente fatal a causa de las condiciones precarias en las que se encuentra la empresa. Sin dotación, personal que no está capacitados para tener cargos superiores, trabajando bajo presión y sin la supervisión adecuada”, detalló el hijo de Julio César.

El joven sumó que a su papá “lo mandaron a desacoplar unos vagones, una labor que, de acuerdo a la descripción del cargo, no le correspondía”.

Relató el joven que su padre fue enviado junto con Manrique y otro compañero (el operador de la locomotora) a realizar esa maniobra de una manera que no era la adecuada, pero que por obligación y presión debían cumplir, ya que si se negaban, por orden de sus superiores, los enviarían a sus casas sin pago y sin beneficios.

“Esto último me lo dijeron unas personas (que temen revelar su identidad) que estaban ahí, pues no nos han dicho la verdad de lo sucedido”.

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