
ANDREA HERNÁNDEZ BRICEÑO
A Juan Guaidó le encanta contar historias. Mientras recorre sus oficinas —la planta 17 de un viejo edificio con ascensorista y unas vistas esplendorosas a los cerros de Caracas—, lo hace sobre el portero de su casa, sobre un taxista, un amigo, un primo. Hay una exageración de la personificación que vuelve un poco densa la conversación. Uno olvida por momentos por qué la charla gira alrededor de una vida anónima de la que no se tienen más referencias.
Por Juan Diego Quesada / elpais.com
Guaidó, de 39 años, fue nombrado presidente encargado de Venezuela hace tres, con el apoyo de Estados Unidos, como una forma de presionar y provocar la caída de Nicolás Maduro. En este tiempo se ha demostrado que su cargo estaba vacío de contenido y que con esa arriesgada operación diplomática no se ha logrado mover ni un centímetro del poder al sucesor de Hugo Chávez, más atornillado que nunca. Se puede ver a Guaidó como alguien que no tiene una visión irónica de sí mismo, pero también como un joven opositor al que las circunstancias lo colocaron en un papel extraño; tiene acné en el rostro producto del estrés. Ahora trabaja para ganar unas primarias al resto de opositores y disputarle a Maduro unas elecciones libres en 2024, si eso es posible de conseguir. Entonces podría convertirse en un presidente de verdad, sin asteriscos ni pies de página.
Pregunta. Ha iniciado una campaña como candidato presidencial para unas eventuales elecciones en 2024…
Respuesta. Lo he hecho para dos cosas. Una, para lograr unas robustas primarias, que para nosotros es igual a unidad. Es un vehículo que nos ha demostrado eficiencia en el pasado. Hace una década hicimos primarias para enfrentar a Chávez y luego ganamos el Parlamento nacional. El primer paso es consolidar esa unidad con la participación de la gente.
P. … Claro, ¿pero entonces qué queda del Gobierno interino y su rol como articulador de una transición?
R. Por eso empiezo por ahí, por lograr las primarias. Sin eso no hay nada. Y las primarias no están montadas. Eso es más importante que cualquier aspiración, porque además estamos en dictadura. No nos podemos olvidar de ese elemento. Mi gran rol ahorita es articular eso. Cuando tengamos unas primarias, cuando haya fecha de inscripción, evaluaré cuáles son las mejores opciones que tenemos. Las primarias tienen que venir con un acuerdo de gobernabilidad. Nosotros vamos a ir a esa elección presidencial.
P. ¿Quién le puede hacer sombra en la oposición?
R. No se trata de hacer sombra. No debemos ver esto como una competencia. La dificultad no es derrotar a Maduro, sino conseguir la elección, y debemos sentarnos en una mesa para llegar a acuerdos. El que gane, ganó, pero el que quede segundo tiene que formar parte de un equipo. Necesitamos el 100% de los votos de la oposición.
P. ¿Y si no ganase usted las primarias se presentaría como candidato independiente?
R. No, no. No podría pasar eso. Al que gane la primaria todos tienen que apoyarlo. Lo que enfrentamos es complejo y difícil.
P. En una elección limpia, ¿está convencido de vencer a Maduro?
R. En una elección libre, limpia, no solamente yo le ganaría a Maduro. Si lanzamos a un perro, le ganamos a Maduro. Y no es que quiera banalizar a un perro. Quiero decir con esto que la gran mayoría de los venezolanos quiere una solución.
P. Y debería haber un acuerdo de gobernabilidad con la oposición e incluso con el chavismo…
R. Tiene que haber un acuerdo de no reelección y garantizar alternabilidad. Esa es la transición.
P. Llegado el momento de hacer una transición con el chavismo, ¿plantearía una amnistía general?
R. Propuse una ley de amnistía en 2019 que el régimen rechazó. Era una ley de paz en general, pero ellos se sintieron ofendidos. Estamos en un país en el que está señalada la cadena de mando, desde Maduro hacia abajo, de delitos de lesa humanidad en curso. Eso es muy delicado.
P. ¿Qué responsabilidad asume en la atomización de la oposición?
R. Hay dos cosas de las que responsabilizarse y dos cosas que hacer. Lo primero es administrar la gobernabilidad parlamentaria. Yo soy presidente encargado por un momento de vacío de poder. Fue lo que asumimos el 5 de enero de 2019, que se ratificó después con el respaldo de casi 60 naciones. Eso ha ido variando y Latinoamérica es un reflejo claro de cómo ha ido variando esto. Administrar esa gobernabilidad en un momento de tanta tensión en el mundo, algo como esto, inédito, es de mucha responsabilidad. Y lo hemos hecho, de una manera u otra. Digo eso porque hemos tenido momentos altos y bajos.
P. ¿Qué lugar ocupan para usted las negociaciones del chavismo con la oposición en México y su eventual reactivación?
R. Una oportunidad.
P. ¿Le tiene fe a ese proceso?
R. Es una buena pregunta. No le tengo fe a la dictadura, solo quiere mantenerse un día más en el poder a costa de lo que sea. Pero la posibilidad de un acuerdo genera expectativas. Mi expectativa es lograr un acuerdo que fije fecha para elección presidencial. No que se diga que es en el año 2024 o antes. No, que se diga el día exacto. Hay que hacer competitiva la elección, que se consiga el respeto a los resultados. Nuestras peticiones son muy elementales: que la elección sea competitiva. Y el régimen quiere licencias petroleras, por ejemplo.
P. Ha sido muy crítico con la visita a Caracas del presidente de Colombia, Gustavo Petro…
R. Y seguiré siéndolo.
P. … y con que llame presidente a Maduro. ¿De qué otra forma podría dirigirse a él?
R. Como lo que es, un dictador. El pragmatismo no te puede llevar a la complicidad con un régimen. Entiendo las relaciones bilaterales. Hace 14 años, había 7.000 millones de dólares [cifra similar en euros] de intercambio comercial entre Colombia y Venezuela. Hoy no llega ni a 100 millones. Por un apretón de mano en Miraflores y una sonrisa fingida o tensa no se van a restablecer. Se van a restablecer con Estado de derecho, seguridad jurídica y democracia.
P. ¿Pero a quién beneficiaba el cierre de la frontera?
R. La frontera no estaba cerrada. Estaba abierta en todo momento. ¿Cuántos camiones han cruzado ahora de un país a otro? Lo dijo Petro hace unos días: ninguno. No hay producción en Venezuela y no hay poder adquisitivo para comprar. No podemos caer en la retórica banal que simplifica un conflicto muy difícil, que tiene a 7,1 millones de venezolanos en el exilio. Para restablecer relaciones, hay que restablecer relaciones con una democracia.
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