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lunes, 15 de mayo de 2023

Mercado de los Corotos: la deprimida mezquita del comercio informal lucha por sobrevivir

 


mercado de los corotos

Un 44% de la actividad laboral del país se ubica en el comercio informal, según datos de la Encovi 2022, porcentaje en el que se encuentran los llamados «mercados de los corotos», un espacio que permite a vendedores de artículos poco usuales y de segunda mano intentar rebuscarse sin sufrir el impacto de la desmedida carga tributaria que azota al sector formal



Mesas cubiertas con manteles, cajas de plástico sosteniendo tablas y vitrinas que se sostienen con tarantines improvisados dan forma a la postal que puede apreciarse en el quinto piso del Centro de Economía Popular Cipriano Castro, donde unos 50 comerciantes exhiben particulares productos que muchos catalogan de «corotos».

El término «Mercado de los Corotos» no es una denominación novedosa para este tipo de lugares. Es todo lugar que acumule comerciantes informales vendiendo artículos de segunda mano, especialmente cuando se comercializan electrodomésticos o piezas tecnológicas descontinuadas.

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Aunque hay distintos lugares en Caracas donde se organizan este tipo de mercados, el punto de referencia principal con actividad de lunes a viernes, es el Mercado de los Corotos de Quinta Crespo, ubicado al inicio de la avenida Baralt —a pocos metros del Mercado Municipal de Quinta Crespo—, en el Centro de Economía Popular Cipriano Castro.

Llegar al lugar puede ser abrumador, pues decenas de tarantines y kioscos se extienden a lo largo y ancho del piso, sin indicaciones de ningún tipo, solo un vendaval de productos de todos los tamaños, colores y categorías imaginables.

Un recorrido por este mercado se asemeja a una búsqueda del tesoro, pues entre tantas opciones y una selección tan peculiar de productos para la venta, puede emerger algún artículo que satisfaga la necesidad específica del cliente por un precio muy bajo, pues la norma implícita en este lugar es manejar «precios solidarios».

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Las baratijas y las curiosidades son el principal atractivo del lugar, pero no se puede descartar la opción de dar en el clavo con una compra muy específica que resuelva necesidades particulares. Los comerciantes lo saben y por eso emplean esfuerzos en conseguir artículos usados que no puedan adquirirse ni siquiera nuevos, ya sea por su rareza o por su antigüedad.

Muchos optan por vender piezas de electrodomésticos, plomería, ferretería o mecánica que sirvan de repuesto, por lo que algunos de los compradores que van al Mercado de los Corotos, buscan específicamente piezas para reparar sus propios artículos del hogar.

«Aquí se vende de todo un poco. Cámaras, llaves, pinturas, cocinas, pesos, balanzas, relojes, exprimidores de jugo, todas cosas usadas, pero en buen estado. La gente siempre busca algo distinto. Hasta tornillos buscan aquí», manifestó Juan Alcántara, un vendedor con una amplia variedad de artículos usados en su vitrina.

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Lo mismo ocurre con la tecnología. Componentes de modelos obsoletos de teléfonos o computadoras terminan en las manos de estos comerciantes, convirtiéndose en su principal apuesta para hacer los «cobres» (dinero) del día.

*Lea también: Buhoneros sobre ruedas: cuando el rebusque es la única manera de sobrevivir a la economía

Este es el caso de César Matos, vendedor con más de una década en estos espacios que se especializa en la venta de piezas de ferretería, fontanería, electrodomésticos y tecnología descontinuada. Explicó que, entre los artículos más solicitados, figuran cables y controles de televisores que ya no se comercian.

«Lo más buscado son controles de modelo viejo, que la gente no consigue. Vienen y preguntan mucho por eso. Igual con los teléfonos Cantv y cables de modelo viejo», relató frente a un mostrador repleto de cables de distintos tipos, para computadoras, teléfonos y televisores.

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Bastión de la informalidad

El Mercado de los Corotos es una suerte de híbrido. El espacio cedido en la edificación constituyó un intento del entonces presidente Hugo Chávez por recoger a los comerciantes de las calles y otorgarles una infraestructura en la que pudiesen desarrollar sus actividades comerciales de manera más formal y «digna».

No obstante, el modelo de negocios no viró hacia la formalidad, ni siquiera con el apoyo del Gobierno. Las transacciones que se efectúan en este espacio están al margen del control del Estado y de cualquier ente regulador, pues no se emiten facturas de ningún tipo y el único pago al que están sometidos los comerciantes es una «contribución» de 3 dólares semanales para mantener su espacio en el piso. Los vendedores desconocen el uso que se le da a sus aportes.

«Antes pagábamos impuestos. Ahora aquí nos cobran 3 dólares semanales por el espacio. Yo no sé para dónde van esos reales, porque aquí no ha habido mejora», confesó Alicia Herrera, una comerciante de antigüedades que ocupó el mercado desde que las autoridades habilitaron el lugar.

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La informalidad mantiene su posición como uno de los principales problemas de la economía venezolana. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) de 2022, al menos 44% de la actividad laboral del país se ubica en el ámbito informal. Esto quiere decir que casi la mitad del comercio nacional queda al margen del pago de impuestos y de toda regulación por parte de entes gubernamentales.

Informalidad - Encovi

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El gremio empresarial y enfáticamente el Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio) han advertido desde el año pasado que se ha presentado un incremento de la actividad informal, en gran medida debido a la carga fiscal que impone el Gobierno, con una diversidad de impuestos que hacen insostenible la actividad.

Una mayor carga fiscal implica precios más altos para los bienes y servicios que ofrece el comercio, un aumento que puede ser letal en un contexto como el venezolano, en el que la oferta es mínima debido a la capacidad adquisitiva del venezolano.

En medio del leve repunte económico experimentado por la economía venezolana desde el segundo semestre de 2021 —tras perder el 80% del producto interno bruto (PIB) en ocho años de contracción—, el consumo no parece recuperarse y el sector privado siente el impacto con el cierre de decenas de comercios que abrieron sus puertas en los últimos cuatro años. Según el Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF), el crecimiento se desaceleró y podría avecinarse una nueva etapa de recesión económica.

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