“Aquí no ha pasado nada, pero queremos que pase”

El pasado sábado, alrededor de las 6:00 de la tarde, usuarios de un grupo de WhatsApp formado por venezolanos en el exterior, manifestaban en sus mensajes una preocupación creciente. Pensaban que algo estaba ocurriendo en su país natal. Trataban de hacer contacto con familiares y les resultaba imposible. Por otras vías recibían noticias inquietantes: “hubo una explosión en la avenida Fuerzas Armadas (a solo cuadras del palacio de Miraflores)”, “en algunos sitios de Caracas no hay luz, ni señal para llamar por los celulares”.
No era nada. La angustia se disipó al restablecerse los servicios, cuyas caídas sin aviso son comunes en la Venezuela de hoy. El domingo hubo otra alteración en La Carlota, urbanización del este capitalino, cuando clientes y empleados de un supermercado fueron “encerrados” dentro del local por agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim). Las primeras versiones apuntaban a un artefacto explosivo en el sitio, cerca de La Casona, antigua residencia presidencial convertida en centro cultural por el chavismo.
Hechos semejantes a estos del fin de semana, cargados de rumores de origen no aclarado, se vienen repitiendo en el país desde mediados de agosto. Tras el despliegue de las primeras fuerzas militares de Estados Unidos a las cercanas costas caribeñas por orden del presidente Donald Trump. Son como una rutina que ya forma parte de la cotidianidad, aunque han ido en aumento a raíz de la llegada a Puerto Rico el 11 de noviembre del portaviones USS Gerald R. Ford, navío nuclear insignia de la Armada norteamericana.
A la par, cadenas internacionales de noticias también aumentaron la cobertura sobre Venezuela. La italiana RAI destacó ese fin de semana el reciente mensaje de la líder opositora María Corina Machado exhortando a los militares a desconocer el régimen de Nicolás Maduro, descrito por Trump como un "narcoestado" al que debe “exterminar”. También informó sobre un nuevo llamado a la “movilización” por la defensa nacional por parte del gobernante socialista, acusado de “robar” las presidenciales de julio de 2024.




La procesión va por dentro
Las posturas de parte y parte, igualmente se han intensificado. Con Trump y Machado emitiendo mensajes sobre el tema casi a diario y Maduro encabezando actos públicos abundantes en consignas contra el "imperialismo yanqui" y a favor de la "paz". El próximo 24 de noviembre aparece como una probable fecha clave, ya que el Departamento de Estado anunció que ese día designará al Cartel de los Soles como “organización terrorista extranjera”, lo que le permitiría a Estados Unidos emprender severas acciones contra Venezuela.
Toda esta inquietud a nivel noticioso y redes sociales, sin embargo, no se manifiesta en las calles. En la cosmopolita Caracas la vida transcurre en medio de la normalidad propia de esta época del año. La temporada de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP) –el deporte que mueve más dinero– atrae a miles de personas. Así fue como 33.270 entradas fueron vendidas para asistir al juego del clásico Magallanes-Caracas, los equipos más populares del país, disputado el domingo 11 en el Estadio Monumental.

La presencia masiva de citadinos no es solo propia de eventos deportivos. Igual sucede en los ámbitos culturales (teatros, cines, exposiciones, etc.), conciertos, centros comerciales y hasta en actos religiosos. El 29 de octubre se colmaron tres salas del Cinepic en el Sambil de la Candelaria para la premier del film venezolano Un viaje de película, dirigido por Carlos Daniel Alvarado. Y un concierto de reguetoneros, en el mismo Estadio Monumental, congregó a 50.000 fanáticos del ritmo de moda el pasado domingo.
Los asistentes al Festival Intercolegial de Gaitas –competencia musical que se extiende de octubre a diciembre– desbordan los escenarios. El Sambil de la Candelaria, centro comercial ubicado en una de las parroquias coloniales de Caracas –expropiado y estigmatizado como símbolo “consumista” por Hugo Chávez en diciembre de 2008–, es ahora visitado diariamente por una masa humana calculada en 30.000 personas, segundo más concurrido después del Sambil de Chacao.

La gente igual acude por montón al templo donde reposan los restos del ahora primer santo del país, el médico José Gregorio Hernández, como a los mercados para comprar los ingredientes de la hallaca, tradicional plato navideño, a pesar de la inflación. Pero nadie habla ni dice nada sobre la flota estadounidense en el Caribe, ni de la eventualidad de un ataque. Sí ocurre cuando se trata a las personas de tú a tú. Del contacto directo se desprenden opiniones muy variadas que no se oyen en las calles.
A quedarse en la casa
Opina la alumna de un taller de joyería que viaja cada sábado desde las afueras de la ciudad vía Valles del Tuy hasta San Bernardino, en el norte caraqueño, donde asiste a sus clases. Dijo que está “cansada” de los que gobiernan a Venezuela y que no teme oír en su casa a todo volumen la canción al estilo de flamenco español que el mexicano Prodigio del Corrido dedicó a Machado. “Estoy cansada de esta gente, no me importa que lo oigan… si va a pasar algo que pase de una vez”.
El parquero del estacionamiento en un automercado al este de Caracas también debe movilizarse desde un sitio distante hasta su trabajo, aunque le basta con tomar el Metro entre las estaciones Colegio de Ingenieros y Petare para llegar. De 28 años de edad, afirmó que 9 de cada 10 asiduos clientes del abasto, con quienes ha entablado relaciones cordiales, quieren un cambio de gobierno, aunque agregó que también hay a quienes les da igual. “Si pasa algo, hay que quedarse en la casa hasta que se termine y listo”.
Un ingeniero eléctrico con residencia en El Valle sostuvo que no cree mucho en la posibilidad de una incursión abierta armada por parte de Estados Unidos. “Para mí, si es que finalmente van a hacer algo, debe ser con una especie de fuerza especial reducida que procederá con una acción encubierta … Nada de invasiones como ocurrió en Panamá cuando el dictador Manuel Noriega. Ojalá no sea lanzando bombas… vivimos casi enfrente de Fuerte Tiuna” (principal instalación militar de la ciudad).
La rutina debe continuar
De las opiniones se desprende que un porcentaje de los venezolanos quiere que pase algo, pero no queda claro en qué proporción. El director del Instituto Delphos, Félix Seijas, aporta a manera de comentario una aproximación a lo que él piensa en relación con este tema. Aclara que no se trata de divulgar datos de un estudio del que se obtienen porcentajes, ya que estos son revelados solo cuando son solicitados por sus clientes, sino de brindar una percepción que ayude a entender el porqué de lo que ocurre.
“Esto ha tenido varias fases. Cuando todo este ruido empezó, la gente tenía una expectativa alta de que iba a suceder alguna cosa, porque también se estaba reactivando, algo que había quedado adormecido por las razones que conocemos. Al principio hubo mucha expectativa y la gente hasta se preguntaba si podía viajar a visitar a su mamá en Maracay”, explica Seijas y agrega que esa fase inicial fue cambiando rápidamente a medida que el tiempo transcurrió.
El estadístico añade que los venezolanos mantienen en su sistema mental que algo puede ocurrir, pero que ahora no altera en lo absoluto su dinámica diaria. “Hay un porcentaje que desea que ocurra y otro que no. Un porcentaje que duda sobre si debe ocurrir o no, dependiendo de la forma en la que ocurra; la mayoría no quiere nada violento”, desglosa. Para el analista la gente ve que algo está allí y puede suceder, aunque no varía su dinámica diaria. Hay que seguir la rutina para vivir y eso explica lo que ocurre en las calles.
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