La incoherencia, hasta acabar en agonía, ha marcado el rumbo de la economía de Venezuela en el último cuarto de siglo de chavismo. Una incongruencia condicionada durante los 26 años desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1999 hasta que Nicolás Maduro fue arrestado por EE.UU. este pasado sábado ya que se trata de un territorio sembrado de las materias primas más valiosas del mundo –petróleo especialmente, aunque también gas natural, hierro y todo tipo de tierras raras-, pero con una población cada vez más depauperada por los precios agigantados que les acechan y unos vaivenes económicos inusuales para el que ha estado llamado a ser una potencia en toda América. 26 años de derrumbe de Venezuela, desde su PIB a la inflación, pasando por la incapacidad de gestionar el subsuelo.
Por José María Camarero / Daniel Caballero / abc.es
El régimen chavista ha llevado a la pobreza a un país bañado en oro negro de forma difícil de explicar para los analistas. La economía del país, sin ajustar la inflación, ha crecido alrededor de un 30% todos estos años (unos 28.000 millones de dólares) y el PIB per cápita lo ha hecho en un 9%, de los 3.869 dólares hasta los 4.217, pero no lo ha hecho por un crecimiento real sino porque los precios se han ido disparando continuamente. Además, estas son cantidades irrisorias teniendo en cuenta que han pasado más de dos décadas y más aún si se comparan con el resto del mundo; por ejemplo, la economía global se ha multiplicado por tres en ese mismo periodo y su principal comparable en reservas de petróleo, Arabia Saudí, ha disparado su riqueza por nueve veces. Ya si se toma en cuenta el PIB a dólares constantes, es decir, en términos reales ajustada la inflación, la foto para la experiencia del régimen chavista sale todavía mucho peor, con una caída de más del 50% frente al crecimiento del 100% registrado a nivel global.
Ya con estos números se ve que la inflación ha sido el gran problema de Venezuela. Si se va al detalle de cómo han evolucionado los precios en el país, entre 1999 y 2013 se registraban inflaciones del 10, 20, 30% pero pasaron al lado oscuro de la historia a partir de 2014. En 2018 la inflación fue de más del 65.000%, y el año siguiente de casi el 20.000%. Cifras inasumibles para cualquier país. Por poner el problema de la inflación en contexto, basta decir que en Europa el objetivo anual es de solo el 2%.
¿Cuáles han sido las consecuencias de una economía destrozada por la inflación? Pobreza, peor calidad de vida y huida de sus ciudadanos. Por momentos, Venezuela ha sido el país de América más pobre, por encima de otros como Guatemala, Haití o Nicaragua, según Naciones Unidas. Y aunque esto es algo difícil de medir, la realidad de los datos, se cojan los que se cojan, es muy pesimista.
Venezuela también se ha situado como uno de los países más desiguales de América Latina. Los registros más actualizados de 2025 revelan cómo el 10% más rico de la población gana 50 veces más que el 10% más pobre. Asimismo, la crisis se profundiza por la baja remuneración, la informalidad laboral, la inflación persistente y la inestabilidad cambiaria con una moneda cada vez más empobrecida y una economía paralela que camina con el dólar en ‘b’ como divisa extraoficial.
Ante esta situación ha sido inevitable la famosa diáspora venezolana. Millones y millones de personas han abandonado el país con el paso de los años. Según las cifras del Banco Mundial, ya que es algo complicado de medir, desde que llegó Chávez hasta que final de 2024, último ejercicio con datos, el saldo migratorio de Venezuela es de -5,2 millones de personas. Esta es la diferencia acumulada entre inmigración y emigración, arrojando un saldo dramático de huida de personas en busca de una vida mejor con destino hacia otros países de Iberoamérica, Estados Unidos cuando era posible, España… Todo por salir de una Venezuela en crisis constante.
El talón de Aquiles
Los mimbres de la riqueza de Venezuela, sus recursos naturales, en particular el crudo, han resultado ser precisamente su talón de Aquiles. Ya venía ocurriendo antes de que Chávez llegase al poder, con episodios de corrupción política, debacle institucional e indignación social. Aunque desde entonces, con el chavismo primigenio y su sucesión posterior, la situación no ha hecho más que empeorar. La economía venezolana siempre ha ido hacia atrás, cuando tenía todos los factores para avanzar sin parar; por ejemplo, solo en petróleo tiene bajo sus pies 18 billones de dólares.
Su joya de la corona, Pdvsa (Petróleos de Venezuela, S.A.), apenas tiene capacidad de producción de crudo por la intervención estatal que ha derruido -literalmente en algunos casos- las instalaciones de la corporación. Y a falta de esa materia prima, la ingente deuda, las medidas enfocadas al mastodóntico gasto público y, por ende, unos precios que no suben por meses, sino por horas, han fagocitado al país en un legado que Maduro no solo no ha contenido sino que ha acentuado.
La dependencia del petróleo y su decadencia se explican fácilmente con las cifras de exportaciones del país en términos reales, a dólares constantes dejando a un lado la inflación. Si bien antes del chavismo se exportaban casi 88.000 millones de dólares anuales en bienes y servicios, gran parte de ellos eran crudo, en la última década todo ha colapsado, plagados de sanciones para el crudo venezolano. Al cierre del 2024 el país solo exportó bienes y servicios por 15.664 millones de dólares. La apuesta por el petróleo nunca llegó a salir como esperaban, ni a nivel interno ni externo.
Todo al crudo
Aunque las estadísticas económicas del país son tan oscuras como el resto de registros oficiales, Venezuela albergaría ahora mismo reservas por unos 300.000 millones de barriles de petróleo, una cuarta parte del crudo que aún queda en todo el planeta, según la Administración de Información Energética de EE.UU. Sin embargo, a día de hoy, ese 25% de oro negro líquido aporta menos del 1% de la oferta mundial para consumo, ya que produce solo alrededor de 1 millón de barriles diarios. Esa cuantía está muy lejos de los 3,5 millones de barriles que bombeaba antes del giro y de la llegada de Maduro al poder en 2013.
Cuando uno piensa en los países con más petróleo bajo sus pies le vienen a la cabeza Arabia Saudí, Irán, Emiratos Árabes, Rusia… pero ninguno de ellos encabeza realmente el ranking. Es Venezuela el que lo lidera. La paradoja aquí es clara: es el territorio con más reservas pero el que menos produce.
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