La caída de Nicolás Maduro ha puesto fin a más de dos décadas de alianza estratégica entre Venezuela y Rusia y abre una fase de repliegue de Moscú en América Latina. El desenlace combina una iniciativa diplomática del Kremlin que no prosperó, el mal desempeñó de los sistemas militares rusos desplegados en el país durante la operación estadounidense y una reacción política posterior marcada por la extrema cautela de Moscú.
Por David Alandete | ABC.es
En los meses previos a la operación de Estados Unidos, Rusia concentró su actuación en el terreno diplomático. A través del Vaticano y con la mediación del cardenal Pietro Parolin, trasladó a Washington una propuesta para facilitar la salida de Maduro del poder. La oferta incluía asilo en territorio ruso y garantías personales de seguridad con respaldo directo del presidente Vladímir Putin. Según fuentes diplomáticas, la iniciativa se extendía a otros altos cargos del chavismo y buscaba evitar una intervención militar de Donald Trump, contener la inestabilidad en la zona y preservar márgenes de interlocución con Estados Unidos en otros asuntos internacionales, incluida Ucrania.
La propuesta no prosperó. Maduro rechazó la opción por desconfianza sobre su situación personal en el exilio y por el riesgo de perder el control sobre activos financieros en el exterior. Exigía inmunidad y garantías para mantener un nivel de vida acomodado fuera de Venezuela. Con la vía diplomática cerrada, la crisis entró en una fase operativa centrada en su captura.
La operación estadounidense que culminó con la detención de Maduro se desarrolló con un despliegue aéreo y tecnológico amplio. Más de 150 aeronaves participaron en acciones coordinadas que incluyeron ataques selectivos, guerra electrónica, inteligencia y vigilancia, así como el uso de helicópteros en el centro de Caracas. Las defensas aéreas venezolanas, basadas en sistemas de fabricación rusa como el S-300, el Buk-M2 y el Pantsir, no lograron derribar aeronaves estadounidenses. El presidente Donald Trump confirmó que un avión fue alcanzado, sin detallar el sistema empleado, y que continuó operativo. Estados Unidos no registró bajas ni pérdidas materiales relevantes.
Sistemas neutralizados
Desde el Pentágono se informó de que los sistemas destinados a proteger la capital fueron neutralizados en las primeras fases de la operación. Mandos militares estadounidenses indicaron posteriormente que las capacidades de radar, mando y control, así como los lanzadores, fueron desactivados o inutilizados con rapidez.
Venezuela había adquirido durante años material militar ruso considerado avanzado en el momento de su compra. Parte de ese equipamiento no correspondía a las versiones más recientes. También existían dudas sobre el estado de mantenimiento, la integración efectiva de los distintos sistemas y el nivel de formación de los operadores. La eficacia de una defensa aérea depende de la coordinación, la cadena de mando y la capacidad de reacción, además del armamento desplegado.
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