Un esquema comercial utilizó documentación engañosa para mover unas 90 toneladas de oro venezolano, valoradas en 3.000 millones de dólares, contribuyendo a perpetuar la catástrofe ambiental y de derechos humanos del sur de Venezuela. La refinería europea Argor-Heraeus, que figura en la cadena de suministro de gigantes tecnológicos como Apple y Nvidia, procesó el metal que se colaba entre las fallas del régimen de control del oro
OCCRP | IRPI | ARMANDO.INFO
El bimotor King Air 200 tenía previsto aterrizar en Miami a las 04:00 de la tarde, a tiempo para que su carga pasara por la aduana, siguiera su tránsito en otro avión y llegara a Zúrich ese mismo día. Las 10 maletas contenían oro valorado en más de 7 millones de euros, destinado a un complejo de edificios grises al pie de los Alpes: una de las refinerías más grandes del mundo, la suiza Argor-Heraeus.
Pero cuando el avión procedente de Curazao, la isla de las Antillas Neerlandesas en el Caribe a 70 kilómetros de la costa venezolana, aterrizó en el aeropuerto de Miami el 17 de marzo de 2015, no hubo forma de que siguiera su viaje como estaba previsto. «No es posible realizar la conexión hoy… Nuestro equipo en Miami la cambiará al vuelo de mañana», escribió el encargado de logística de transporte de valores, Brink’s, al cliente exportador de la carga.
Aquel contratiempo trastocó algo más que el plan de vuelo, pues esa noche en la aduana los lingotes de oro fueron incautados. Oficialmente, el decomiso se debió a una inconsistencia en la documentación. Los agentes estadounidenses intentaban comprender algo más sustancial: ¿de dónde provenía realmente el oro, declarado como «chatarra», es decir, material reciclado, originario de Curazao?.
«[Los agentes] se centraron mucho en el origen del oro y en si provenía de Venezuela», escribió un ejecutivo de Brink’s en un intercambio interno de correos electrónicos. En aquel entonces, la industria minera venezolana ya estaba ampliamente asociada con graves violaciones de derechos humanos, delitos ambientales y la participación de grupos armados y redes criminales.
El oro fue liberado dos años después tras el pago de una multa de 300.000 dólares, según declaró el proveedor en una declaración judicial de un procedimiento conocido como “decomiso civil”, útil para evitar litigios penales. Así pues, el caso se cerró sin que se presentaran cargos formales. Diez años después, una colaboración periodística entre Occrp (Organized Crime and Corruption Reporting Project), IrpiMedia y Armando.info revela que ese cargamento fue uno de muchos dentro de un esquema de flujo de oro cuya fuente se encontraba, al menos en parte, en las minas ilegales al sur de Venezuela.
Cientos de documentos confidenciales, incluyendo facturas, extractos bancarios, correos electrónicos, certificados de refinación y declaraciones judiciales, revelan por primera vez el funcionamiento de una cadena de suministro que, entre 2012 y 2018, transportó más de 90 toneladas de oro venezolano —con un valor aproximado de 3.000 millones de dólares— a refinerías de Italia, Turquía y, sobre todo, Suiza. Estas refinerías, a su vez, abastecen al sector joyero, pero sobre todo a grandes empresas tecnológicas como Apple, Tesla y Nvidia. El oro es, de hecho, un material esencial para la industria tecnológica: según el Consejo Mundial del Oro, el sector electrónico consume más de 270 toneladas al año, más que cualquier otro sector industrial.
Esta investigación periodística ha reconstruido cómo el oro era vendido a refinerías europeas como “oro chatarra”: trozos del metal supuestamente viejo como joyas usadas, piezas dentales o lingotes antiguos que se funden para ser reutilizado. En la práctica, esa etiqueta funcionó como disfraz pues, una vez fundido, el oro pierde cualquier rastro visible de su origen, lo que permite que el metal extraído en zonas de violencia y destrucción ambiental entre al mercado global como si fuera legítimo.
Clasificar el metal de esa forma permite evitar los controles más estrictos. Expertos advierten que esta categoría se ha convertido en una de las principales grietas del sistema de regulación internacional.
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