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miércoles, 18 de febrero de 2026

J. J. Rendón: “La transición no es un evento, es un rompecabezas que se arma sobre la marcha”

 


En una conversación que disecciona el tablero político venezolano de 2026, el estratega Juan José Rendón abandona la retórica para explicar por qué el país no necesita un milagro, sino piezas que encajen. Entre el pragmatismo petrolero y la urgencia de una paz social, Rendón traza la hoja de ruta de un proceso que, según afirma, es la "última oportunidad" de la República

Juan José Rendón no cree en las fechas mágicas. Para el estratega que ha navegado las aguas más turbulentas de la política hemisférica, la transición venezolana no es un Big Bang que ocurrió una mañana de enero o un mediodía de febrero. Es, en cambio, una marea que lleva años subiendo, alimentada por errores de cálculo, presiones internacionales y un cansancio estructural que ha forzado al poder a mutar.

Desde su exilio, que lo mantiene alejado físicamente de las calles de Caracas pero conectado a su pulso, Rendón ofrece una visión que choca con el romanticismo político. "La transición no es un evento, es un proceso, es un rompecabezas que se arma sobre la marcha", señala. En su análisis, el país ha pasado de la resistencia al "acomodamiento", un estado intermedio donde las autoridades de hecho y las aspiraciones de derecho deben convivir para evitar el abismo de un Estado fallido.

El mito del evento único y el "soft reset"

El error de los que no han estudiado otras transiciones, según Rendón, es creer que existe un punto de ruptura total. Para él, la legitimidad de Nicolás Maduro se fracturó mucho antes de 2024; sitúa el inicio del declive en la muerte de Chávez y en las irregularidades de 2013. Sin embargo, el "golpe final" fue una combinación de factores externos y la propia ceguera del régimen.

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elnacional

"Maduro fue mal asesorado por los cubanos", afirma Rendón. "Le dijeron que podía aguantar 40 presidentes estadounidenses como lo hizo Fidel Castro, pero no contaba con la efectividad de las operaciones de extracción", agrega. El estratega compara la salida de Maduro con hitos históricos de precisión militar, como el rescate en Entebbe o la operación del SAS en Londres.

Lo que vivimos hoy no es un "hard reset" (un reinicio violento y total), sino un "soft reset". Es un proceso de desmontaje gradual donde lo más importante es evitar el daño colateral. "La pacificación ha sido exitosa", asegura. "No hay colectivos en la calle, no hay guerra civil. El gobierno americano no forzó un conflicto fratricida y eso ha permitido que las calles, con todos sus abusos pendientes de corregir, estén tranquilas", dice.

La transición en Venezuela: un rompecabezas que se arma sobre la marcha

El rompecabezas: cuadrantes que no encajan a la vez

Aquí es donde Rendón introduce su metáfora más fértil. A diferencia de un muro que se construye ladrillo a ladrillo, la transición venezolana debe verse desde arriba, como un rompecabezas dividido en cuadrantes: seguridad, educación, economía, salud y energía.

"El problema es que cada actor quiere que su cuadrante se complete primero", explica. El político quiere elecciones inmediatas; el educador, sueldos dignos; el economista, la dolarización total; y el paciente, que los hospitales funcionen. Pero las piezas de un cuadrante no siempre encajan con las del otro al mismo tiempo.

En este mapa, Rendón advierte que los hechos políticos superan a los hechos jurídicos: "Las transiciones son políticas, no totalmente jurídicas. Casi todas son inéditas y se arreglan en el camino". Por eso, defiende que autoridades que no son "de derecho" puedan ejercer actos "de hecho" que tengan validez para que el país no se detenga. Es el triunfo de lo práctico sobre lo ideal.

El petróleo: el motor del pragmatismo

Si hay una pieza que está encajando más rápido que las demás, es la energética. Rendón menciona lo que denomina el "milagro de Erhard", en referencia al economista alemán que, tras la Segunda Guerra Mundial, liberó precios y controles de un plumazo, haciendo que la comida apareciera en los estantes de una Europa hambrienta.

"Hace una semana decían que era imposible la inversión petrolera sin estabilidad jurídica absoluta. Hoy, siete u ocho empresas ya firmaron acuerdos", revela. Para el estratega, la industria minera y petrolera es la más resiliente del mundo. "Están acostumbrados a trabajar con talibanes, en guerras civiles y bajo bombardeos. Si ven una apertura, entran", advierte.

Su tesis es clara: es preferible que se cambien las leyes de hidrocarburos, aunque sea de manera imperfecta, para que el dinero entre y el próximo gobierno reciba un país menos conflictivo y con producción activa: "No podemos esperar a que todo sea perfecto para empezar a producir".

El 3 de agosto de 2015, J. J. Rendón publicó un aviso de dos páginas en El Nacional llamando a la unión de los venezolanos

Justicia y los "presos invisibles"

La conversación adquiere un tono personal cuando se toca el tema de la justicia. Rendón, que ha sido blanco de persecuciones y solicitudes de extradición, no pide una ley de amnistía a su medida: "A mí no me importa mi caso en este momento, me importa la mayoría".

Su preocupación se centra en los "presos invisibles": ciudadanos que no son figuras políticas pero que tienen procesos penales abiertos, órdenes de presentación o antecedentes falsos que les impiden trabajar o salir del país. "Esa gente es 100 veces más numerosa que los presos políticos de renombre. Hay que limpiarles el camino", señala.

Rendón también lanza una advertencia de realismo político: el chavismo no desaparecerá: "Vamos a ver alcaldes, gobernadores y quizás senadores chavistas en el futuro. Eso es la democracia". El reto no es aniquilar al otro sino obligarlo a volver al carril de la política discursiva, abandonando la hegemonía y el abuso.

La transculturización: el regreso de los ocho millones

La pieza final del rompecabezas de Rendón no está en los despachos oficiales sino en las maletas de la diáspora. El estratega ve en el regreso de los migrantes la mayor oportunidad de cambio cultural para Venezuela.

"Los que se fueron tuvieron que adaptarse. Aprendieron que no se pueden colear, que no se tira basura en la calle, que se respeta al otro", dice con esperanza. Esa "transculturización" será la cura para la "viveza criolla". Cuando esos ocho millones vuelvan, traerán consigo una mentalidad institucional que el país perdió hace décadas.

El veredicto: la última oportunidad

Rendón cierra con un llamado a la unidad y al "voto de confianza". Pide a los líderes opositores que bajen sus aspiraciones personales y dejen de presionar por calendarios imposibles. "Las transiciones no se cuentan mientras están pasando", sentencia.

Para él, este es el momento de la disciplina y el orden: "Si perdemos esta oportunidad, vamos al estado fallido o a la guerra civil". Venezuela está hoy ante una mesa servida, con la flota aún en el horizonte y un plan que, aunque secreto y complejo, parece estar ejecutándose con precisión.

"Ubicarse en el presente y mirar al futuro", es su consejo final. El rompecabezas de Venezuela todavía tiene muchos espacios vacíos, pero por primera vez en 27 años, las piezas parecen ser del mismo juego.

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