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jueves, 26 de marzo de 2026

Demacrado, ojeroso y con varios kilos de menos: apariencia de Maduro expone sus amargos días en prisión

 

UA9395. NUEVA YORK (NY, EE.UU.), 26/03/2026.- Fotografía de un dibujo realizado por la artista Jane Rosenberg donde aparece Nicolás Maduro, en una audiencia este jueves, en un tribunal federal en Nueva York (EE.UU.). El juez encargado del caso contra el depuesto líder chavista, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, descartó desestimar su caso «porque sería tomar una medida demasiado seria». EFE/ Jane Rosenberg

 

A las 11.40 se abrió una puerta lateral en la sala en el piso 26, con paredes tapizadas en madera oscura y piso con alfombra azul, con vistas elevadas a los puentes de Manhattan. La audiencia, que había hecho fila desde la madrugada para poder presenciar el momento, contuvo la respiración cuando el reo ingresó al recinto principal de la Corte del Distrito sur de Nueva York: con paso lento, mucho más delgado y una sonrisa débil, Nicolás Maduro, de 63 años, se presentó a su segunda audiencia judicial desde que fue capturado el 3 de enero de este año

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Por: Clarín




Con uniforme de presidiario color beige sobre una remera naranja, en zapatillas y sin esposas, el ex dictador venezolano, que rigió con mano dura su país por años, ahora se lo vio ojeroso, algo demacrado y con varios kilos menos que la última vez que se presentó en público, hace 80 días, en una primera audiencia. Igualmente, su metro noventa sobresalía entre todos los presentes.

De apariencia más frágil, su mujer, Cilia Flores, de 69 años, levaba uniforme de prisión verde seco, arriba de un sweater gris, y el pelo atado en una colita de caballo que sostenía su cabello prolijamente teñido de rubio. Estaba maquilada.

En medio de un fuerte operativo de seguridad habían llegado en camioneta de madrugada, a las 4.30, al edificio de la Corte, para evitar a periodistas, curiosos y manifestantes que se aglutinaron desde temprano en la puerta del lugar. Los que pudieron acceder a la sala, entre ellos Clarín, fueron obligados a dejar teléfonos, grabadores, laptops y cualquier objeto electrónico en seguridad. Solo lápiz y papel, a la vieja usanza.

No hubo cámaras ni fotógrafos. Solo tres mujeres artistas retrataron la escena con ilustraciones en pastel, que fueron luego distribuidas a los medios. Las reglas eran muy estrictas, con riesgo de cometer un delito federal: no se podía hablar, gritar, susurrar ni hacer cualquier gesto extraño. Mucho menos pararse para observar a los detenidos.

Ya en la sala, donde había unas 120 personas, Maduro y Flores se sentaron entremezclados entre sus abogados defensores, encabezados por Barry Pollack, y en otra fila más adelante estaban instalados los fiscales, timoneados por el fiscal adjunto Kyle Wirshba. Cuando le colocaron a Maduro los auriculares para escuchar en español todo lo que sucedía a su alrededor, dijo “está bien” y solo esas fueron las palabras que se le escucharon.

Puedes leer la nota completa en Clarín

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