Ronald Peña R (EFE)
La guionista Gaba Agudo Adriani buscaba con el GPS la casa de una amiga en Caracas cuando acabó frente a una calle cerrada por uniformados y controles. Tardó varios segundos en entender no solo que allí vive Delcy Rodríguez, sino quién es ahora Delcy Rodríguez. Ese instante de desconcierto resume bien una sensación común ante el nuevo momento del país. Después de años atrapada en la espera del cambio, Venezuela ha entrado en una nueva etapa sin que sus ciudadanos terminen de saber dónde están parados. La realidad se movió de golpe, pero sigue envuelta en una mezcla de optimismo e incertidumbre. Algo cambió: lo difícil es definir cuánto, hacia dónde y por cuánto tiempo. Aunque sí parece irreversible.
Por María Martín | El País
En Caracas, el nombre y el rostro de Nicolás Maduro siguen plasmados en algunas vallas y cuñas de televisión, pero su presencia se ha ido diluyendo hasta desaparecer de las conversaciones cotidianas. E incluso de la esfera de poder. Casi tres meses después de su captura en una cinematográfica operación estadounidense y a pocas semanas de que empiece su juicio en Nueva York, el país funciona —mejor— sin él.
En su lugar, Delcy Rodríguez gana espacio dentro del chavismo y, aunque no desmonta el sistema que la sostiene, ha ido apartando a los más leales a su antecesor en un intento de dejar atrás al madurismo. En las últimas semanas, Rodríguez ha dado un revolcón a su gabinete, reemplazando unos ministros por otros, más afines a su liderazgo. También ha desmontado la jerarquía militar —incluido el poderoso ministro de Defensa, Vladimir Padrino— que controlaba el país incluso después del fracaso defensivo que supuso la captura de Maduro. Los nuevos generales no suponen una ruptura —siguen siendo leales a la revolución bolivariana—, pero ya son los que ella eligió.

Uno de los ejemplos más claros de este pasar página ha sido el desplazamiento del general Jorge Márquez, uno de los hombres de mayor confianza de Maduro. Primero fue apartado de áreas clave como la energía y las telecomunicaciones y, en la última remodelación, relegado al Ministerio de Vivienda, una cartera con mucho presupuesto pero mucho menos estratégica. Era el último gran representante del núcleo madurista dentro del gobierno.
“Quizá el elemento central de la Venezuela de hoy es la desaparición política de Nicolás Maduro. No se trata solo de su figura, sino de todo el entramado de poder que lo sostenía”, advierte un observador internacional que pide anonimato. “Se están produciendo cambios que ya no responden al madurismo, tanto en el Ejecutivo como en otros niveles del poder”.
Hay escenas de la Venezuela de hoy que habrían sido impensables hace unos meses. Una huelga de transportes que paralizó Caracas, un opositor liberado que da una rueda de prensa para cargar contra la represión chavista o una marcha sindical avanzando hacia la Asamblea Nacional con carteles que reclaman mejores salarios y más libertades. “Los venezolanos están hartos de un sistema corrupto e ineficiente y ese descontento podría convertirse en motor real de cambio”, mantiene Geoff Ramsey, investigador sénior no residente del Atlantic Council.
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