
En toda transición política, la legitimidad es el activo más poderoso. Pero no siempre es suficiente. La historia demuestra que el poder efectivo no surge únicamente del respaldo ciudadano, sino de la convergencia entre legitimidad política, control institucional y reconocimiento internacional.
Cuando estos tres elementos no coinciden en una misma estructura de poder, se abre una fase intermedia de incertidumbre, de espera estratégica y de cálculo geopolítico. Venezuela se encuentra en ese momento.
María Corina Machado encarna hoy la mayor fuente de legitimidad democrática del país. Su liderazgo ha logrado consolidar un respaldo ciudadano verificable, sostenido y reconocido dentro y fuera de Venezuela. Sin embargo, la legitimidad por sí sola no otorga el ejercicio del poder del Estado. Para convertirse en autoridad efectiva necesita una vía institucional que traduzca ese respaldo popular en poder político. En pocas palabras: elecciones.
Esta desconexión entre legitimidad democrática y control institucional ha creado un dilema en Washington. Un dilema clásico de su política exterior: el equilibrio entre valores democráticos e intereses estratégicos.

La lógica de Washington: legitimidad y viabilidad
Desde sus orígenes republicanos, la diplomacia estadounidense se ha debatido en un dilema: la promoción de valores democráticos y la defensa de intereses geopolíticos. En algunos momentos ambos han coincidido; en otros han entrado en conflicto o en tensión.
Venezuela representa hoy uno de esos casos.
Para la diplomacia de Washington existe una diferencia fundamental entre legitimidad y viabilidad política. La legitimidad define quién debería gobernar en términos democráticos. La viabilidad define quién debe gobernar en términos de control real del poder. Cuando ambas coinciden, el reconocimiento internacional es rápido y decisivo. Pero cuando permanecen separadas, la política exterior estadounidense suele entrar en una fase de espera estratégica y evaluación.
Estados Unidos no parece haber abandonado completamente el reconocimiento de la legitimidad democrática en Venezuela. Lo que parece estar haciendo es esperar el momento en que la legitimidad pueda traducirse en poder efectivo y estabilidad institucional o favorecer una alternativa.
O es probable que, como hemos dicho antes, el abrumador soporte popular de Machado le incomode a Trump, tan inclinado a ser el el protagonista o el factótum que resuelve todo escenario problemático.

El control del poder coercitivo
En toda transición política hay un elemento determinante: el control de los instrumentos coercitivos del Estado. La legitimidad otorga respaldo popular. Las instituciones otorgan legalidad. Pero el monopolio de la fuerza define quién debe ejercer el poder en el corto plazo.
En Venezuela, como en toda América Latina, ese control no puede subestimarse y permanece en manos del aparato estatal construido por el chavismo durante más de dos décadas. Esta realidad explica en gran medida la cautela estratégica de Washington y de otros actores internacionales.
El país vive una dualidad política: un liderazgo con legitimidad democrática creciente y un poder establecido que conserva el control del aparato estatal que incluye el militar. Y Estados Unidos como una suerte de árbitro. El caso es que la historia demuestra que las transiciones pueden demorarse o resolverse pronto, pero no pueden eludirse. La sobrevivencia del chavismo más representativo es a corto plazo y probablemente con dificultades pese a la liturgia elogiosa del presidente Trump. La dinámica política, en estas circunstancias concibirá un nuevo liderazgo extraído del remanente chavista.
La crisis internacional cambia el contexto
A esta ecuación se suma ahora un nuevo elemento: la creciente tensión internacional con la guerra en el Medio Oriente y la ampliación de crisis en distintos escenarios.
Cuando el sistema internacional entra en una fase de alta tensión, las prioridades estratégicas de Washington cambian. Medio Oriente, Asia o Europa oriental tienden a absorber la mayor parte de la atención política y diplomática y esto va a tener un efecto indirecto sobre Venezuela. Cuando el poder dominante reduce su capacidad de intervención directa en un conflicto político regional, el peso de la dinámica interna aumenta.
En ese contexto, la legitimidad política de María Corina Machado adquiriere mayor fuerza como factor de presión.
Su estrategia parece apoyarse precisamente en esa lógica: convertir la legitimidad democrática en una fuerza política capaz de reorganizar el equilibrio interno del poder que caracteriza la transición.

Energía, seguridad y alineamientos
La crisis internacional reactiva otro factor estructural: la energía. Las tensiones de la guerra, en el Medio Oriente eleva el valor estratégico de los países con grandes reservas petroleras. Venezuela posee las mayores del mundo.
Para Washington esto introduce una ecuación compleja. La estabilidad energética puede incentivar soluciones pragmáticas de corto plazo, pero al mismo tiempo refuerza el interés en contar con socios previsibles y políticamente estables en el hemisferio occidental.
En un sistema internacional cada vez más polarizado, los alineamientos geopolíticos adquieren mayor relevancia.
El chavismo ha mantenido vínculos por décadas con actores como Irán, Rusia y China. Frente a un escenario de conflicto, un liderazgo venezolano claramente alineado con las democracias occidentales, como el de María Corina, adquiere un valor estratégico de mucho valor para Estados Unidos y para otros actores internacionales.
El momento venezolano
Venezuela vive hoy una situación que en teoría política se conoce como una “dualidad de legitimidades”: un poder que conserva el control institucional, pero carece de legitimidad democrática plena y un liderazgo que con gran legitimidad popular no controla el aparato estatal.
Las transiciones políticas suelen resolverse cuando esa legitimidad se traduce en autoridad institucional mediante mecanismos electorales o acuerdos políticos que reordenan el poder. Washington aún no se ha inclinado por esos desenlaces. Los reconoce cuando se vuelven estructuralmente viables y eso dependen de MCM y su enorme ventaja de legitimidad democrática.
El fin de la espera
La crisis internacional no resuelve la transición venezolana, pero modifica su contexto estratégico. Mientras más inestable se vuelve el sistema internacional, mayor valor adquieren los gobierno políticamente previsibles y democráticamente legítimos. Venezuela vuelve a convertirse en una pieza dentro de la geopolítica mundial del petróleo, la energía y el poder.
El regreso de María Corina Machado al país introduce presión sobre la fase de espera que caracteriza el momento venezolano. No es el final del proceso.
Es el comienzo de su definición.
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