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domingo, 29 de marzo de 2026

Regreso silencioso de las empresas colombianas a Venezuela: negocios, riesgos y millones en juego

 

Comerciantes en Paraguachón, frontera entre Colombia y Venezuela, el 8 de marzo de 2023. Santiago Mesa

 

Viviana Gutiérrez no esperó a que la situación política de Venezuela cambiara de golpe el pasado 3 de enero para moverse. Hace dos años, la gerente administrativa de Automex —empresa bogotana que fabrica tableros y celdas eléctricas para la industria petrolera— ya había despachado un contrato de 15.000 millones de pesos (unos cuatro millones de dólares) hacia una plataforma marítima venezolana: cinco equipos diseñados para sostener la producción de un pozo en el mar Caribe. Los tableros salieron de Bogotá, cruzaron por Maicao, hicieron trasbordo de tractomulas en la frontera y llegaron a Maracaibo por tierra, para luego embarcarse hacia el mar. El pago llegó desde Francia, porque el comprador final era una multinacional con acceso a bancos que Venezuela no tiene.

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Por Juan Pablo Quintero | EL PAÍS




“A nivel logístico, no fue tan crítico como esperábamos”, dice. “Lo único complejo fue el tema de la bancarización. Venezuela tiene unos límites. Ese fue el bache difícil de administrar”. Automex es una empresa mediana con 150 empleados, nació en 2008 en la sala de la casa de la mamá de Gutiérrez en el barrio Molinos, al sur de Bogotá, y la fundaron tres hermanos. Su historia con Venezuela ilustra lo que siente el empresariado colombiano: un alistamiento gradual y lleno de matices hacia un mercado que alguna vez fue el segundo destino de las exportaciones del país y que, tras una década de crisis, empieza a respirar de nuevo, después del desalojo del poder de Nicolás Maduro.

Un dato de Analdex, Asociación Nacional de Comercio Exterior, resume la magnitud de lo que se perdió: las exportaciones a Venezuela alcanzaron los 6.071 millones de dólares en 2008, el registro más alto. Para 2021, esa cifra se había desplomado a 196 millones. Una contracción del 97% explicada por tensiones diplomáticas, el deterioro de la economía venezolana, controles cambiarios y el cierre de la frontera.

Carmen Caballero, presidenta de ProColombia, destaca a EL PAÍS la oportunidad: “Las condiciones actuales de comercio binacional se ven impulsadas por la reactivación y el fortalecimiento del relacionamiento estratégico entre los sectores públicos y privados de ambos países”. También identifica más de una docena de sectores con potencial en Venezuela, entre ellos aceites y grasas —que crecieron 74% en 2025—, autopartes, lácteos, farmacéutico, cosméticos y textiles.

Desde la reapertura de las relaciones comerciales en 2022, el camino de regreso ha sido lento. En 2024, las exportaciones a Venezuela crecieron un 49% en un año y superaron por primera vez el umbral de los 1.000 millones de dólares. En 2025, llegaron a 1.072 millones, un crecimiento adicional del 6,8%. La Cámara de Comercio Colombo Venezolana calcula que el intercambio bilateral total —incluyendo lo que Venezuela le vende a Colombia— cerró 2025 con 1.170 millones de dólares.

En 2025 participaron en ese comercio más de 1.180 empresas colombianas, un crecimiento del 84% frente a 2020, según la Cámara Colombo Venezolana. Los sectores que están jalando el comercio no son los de siempre: el 96% de las exportaciones corresponde a bienes no minero-energéticos. Alimentos procesados, aceites y grasas, químicos, plásticos, productos de aseo. La confitería —con marcas como Trululu, Supercoco o Bon Bon Bum— sigue siendo el producto estrella, con 38,8 millones de dólares exportados el año pasado. Javier Díaz, presidente ejecutivo de Analdex, lo resume con una imagen: “Después de una resaca [en referencia a Venezuela] uno no va a un supermercado, sino a una tienda de barrio. Bueno, Colombia en este momento es esa tienda en la esquina”, dice a EL PAÍS.

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