
¡Somos los reyes absolutos del béisbol mundial! En un duelo no apto para cardíacos que rozó la épica, Venezuela derrotó 3 carreras por 2 a Estados Unidos, tomando venganza de aquel doloroso 2023 y coronándose, por primera vez en la historia, como el flamante campeón del Clásico Mundial de Béisbol.
Por: Luis Eduardo Martínez | lapatilla.com
Se acabó la hegemonía estadounidense, se les negó su tercera final consecutiva y los fantasmas de Trea Turner fueron enterrados para siempre gracias a una exhibición de coraje, pitcheo magistral y el bateo oportuno de los criollos.
Eduardo Rodríguez: El titán que silenció a las estrellas
El guion de esta final de película comenzó con una declaración de intenciones. Al primerísimo lanzamiento del abridor norteamericano Nolan McLean, «El Abusador» Ronald Acuña Jr. despachó un cohete al jardín central, avisando que Venezuela venía decidida a faltarle el respeto a los dueños de casa. Sin embargo, el verdadero héroe de la primera mitad del juego estaba en el montículo nuestro: Eduardo Rodríguez. El zurdo carabobeño lanzó el juego de su vida, retirando las primeras entradas por la vía rápida y silenciando por completo a una alineación repleta de superestrellas que no lograba descifrar sus envíos.
Esa confianza desde la lomita contagió a la ofensiva. En el tercer capítulo, Venezuela fabricó la carrera apelando al béisbol pequeño e inteligente. El incombustible Salvador Pérez inició el ataque con una línea de hit hacia la banda contraria, seguido por un pasaporte a Acuña Jr. Un lanzamiento descontrolado de McLean permitió que ambos avanzaran, dejando la mesa servida para que Maikel García, con un elevado de sacrificio al jardín central, trajera a «Salvy» al plato con la primera rayita del campeonato.
El dominio tricolor se amplió en el quinto episodio gracias al poder puro. Wilyer Abreu castigó la pelota y la mandó a volar a lo más profundo del jardín central, un largo cuadrangular solitario que sacó del encuentro a McLean, trajo al relevista Brad Keller y puso la pizarra 2-0, desatando la locura total en las gradas de Miami.
El drama del octavo y los fantasmas del pasado
A partir del quinto tramo, el mánager comenzó a mover sus piezas en el bullpen. Eduard Bazardo, José Buttó, Ángel Zerpa y Andrés Machado se combinaron para mantener a raya a los bates estadounidenses, permitiendo apenas imparables aislados. Parecía que la blanqueada y el título llegarían sin sobresaltos, pero el béisbol es un deporte caprichoso y en el octavo inning el drama tocó a nuestra puerta.
Frente a los envíos de Machado, un inoportuno boleto a Bobby Witt Jr. encendió las alarmas. Con un hombre en base, apareció el temible Bryce Harper para conectar un cuadrangular por el centro del campo que enmudeció a la mitad del estadio y empató el juego a dos carreras por bando. Los fantasmas del grand slam del 2023 amenazaban con volver, y la presión era absoluta en el estadio.
El noveno de la gloria eterna
Pero esta generación está hecha de un material diferente. En el noveno episodio, ante el relevista Garrett Whitlock, Venezuela demostró por qué es el campeón. La paciencia de Luis Arráez le valió un boleto vital, y el mánager se jugó una carta maestra enviando al veloz Javier Sanoja como corredor emergente. Sanoja no solo entró a correr, sino que con atrevimiento y picardía se robó la segunda base, poniéndose en posición anotadora.
Entonces, el destino eligió a su héroe. Eugenio Suárez se paró en el cajón de bateo y con un soberbio doblete trajo a Sanoja volando hacia el plato, devolviéndole la ventaja a Venezuela 3-2 ante la algarabía de millones de almas. El golpe fue letal para Estados Unidos, que tuvo que recurrir a Tyler Rogers para terminar la entrada, pero el daño ya estaba hecho.
El cierre del telón fue obra de Daniel Palencia. Con la responsabilidad más grande de su carrera y el peso de 30 millones de venezolanos en su brazo, el derecho se subió al montículo en la baja del noveno. Sin titubear y con nervios de acero, retiró a los tres bateadores estadounidenses por la vía rápida del uno, dos y tres recetando dos ponches de lujo. Cayó el out 27, los guantes volaron por los aires y el cielo se pintó de amarillo, azul y rojo. ¡Venezuela, somos campeones del mundo!
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