
El venezolano pervive tan optimista como desesperado. Lo estaba antes del discurso de la vicepresidenta Delcy Rodríguez anunciando un aumento de ingresos el 1° de mayo y lo seguirá estando después de conocer el monto exacto del incremento responsable. No es magia ni perforación en la línea de flotación, sino la continuidad de lo que empezó en 1999, pero con menos renta que repartir.
Juan Pablo Guanipa, que estuvo recluido nueve meses por los cuerpos de seguridad, ya está en movimiento y recorriendo el país. Quiere que haya elecciones cuanto antes, pero con las condiciones necesarias para que sea un proceso transparente. “Ir a votaciones con Elvis Amoroso como presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE) no tiene ningún sentido”, recalca.
Desde el 3 de enero, Venezuela vive una situación de emergencia. La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores por funcionarios de la Administración de Control de Drogas (DEA) con apoyo de las fuerzas navales estadounidenses comenzó el desmantelamiento del tinglado ideológico-financiero que operaba desde el día que Hugo Chávez asumió el poder. Rodríguez, que ejercía un cargo ejecutivo de libre remoción, asumió la vacante de manera interina por “ausencia forzosa”. La Constitución solo reconoce “falta temporal o absoluta”. Ya pasaron los primeros 90 días y aparece la urgencia de convocar elecciones presidenciales.

—Yo quiero que haya elecciones lo más pronto posible, pero necesitamos que los presos políticos estén en libertad, que los exiliados puedan regresar y, sobre todo, que se cambie el Consejo Nacional Electoral. Antes de convocar votaciones tenemos que lograr las condiciones para que la elección sea creíble. Ninguna de las condiciones retrasa innecesariamente el proceso. Queremos que los venezolanos que están fuera puedan votar, eso requiere una auditoría del registro electoral que toma dos o tres meses. Para que el CNE presente un proceso transparente, Amoroso no puede presidirlo. Es un irresponsable. Aceptó unos números que le dio Maduro y los publicó como oficiales.
—Las elecciones de 1958 no las organizó el mismo cuerpo electoral que perpetró el fraude de 1952, se eligió uno que era representativo de las fuerzas políticas participantes…
—Sí, estamos en un momento de emergencia y se requieren decisiones de emergencia. No me niego a que se nombre un árbitro electoral que sea confiable por fórmulas distintas. Es absolutamente necesario.
—¿Cuándo serían las votaciones?
—No puedo dar fecha. He escuchado que puede haber una elección en seis meses, un año o hasta en año y medio. Si es dentro de seis meses, tenemos tiempo para cambiar el CNE, auditar el registro electoral, liberar a los presos políticos, traer a los exiliados y devolver las tarjetas a los partidos. En seis meses se puede hacer perfectamente.
—Y en menos tiempo, son decisiones políticas.
—Totalmente de acuerdo. Lo que hace falta es voluntad política.
—Y presión de la oposición.
—Exactamente. Varios dirigentes estamos recorriendo el país. En Barquisimeto coincidimos con dirigentes de cinco o seis partidos, varios de ellos expresos como yo. Es gratificante estar en la calle haciendo política. Tenemos que lograr la articulación de los partidos, del liderazgo de María Corina Machado, de Edmundo González Urrutia y también de Estados Unidos (EE UU), que ejerce un tutelaje sobre Venezuela que es finito. Termina cuando tengamos un proceso electoral.
—¿De tutelaje caribeño?
—Cubano, ruso, chino, turco, iraní, norcoreano…
—¿Cómo se vive en Venezuela? Si los políticos están llenos de dudas, ¿cómo está el venezolano que se acuesta sin saber si podrá desayunar mañana?
—La situación política, económica y social es grave. En lo político noto optimismo; el país siente que estamos saliendo de una dictadura. Pero así como hay optimismo, hay desesperación. Si un profesor titular universitario gana dos dólares al mes, ¿cuánto gana un obrero?. Lo compensan con un bono que no incide en el salario ni en las prestaciones. El pueblo quiere el cambio político con urgencia porque siente que abre la puerta al cambio económico.

—No hace falta cambiar la Constitución para dignificar el salario sin sacrificios y fomentando la creación de empleos. Progreso sin inflación.
—La situación social la describe una palabra: depauperación. Es un absurdo que tengamos apagones diarios de cuatro a seis horas. El agua no llega. El régimen monopoliza la distribución. Ninguno de los servicios funciona. La gente madruga para hacer una cola de agua, lo que quita horas que sirven para producir.
—Quienes asuman responsabilidades en un gobierno de transición enfrentan la oportunidad de convertir recursos existentes en estabilidad real para millones de hogares, sin endeudarse.
—La estrategia desde 1999 fue desarticular el país. Acabar con las universidades autónomas, los colegios profesionales y los sindicatos. Lo hicieron por la vía de la estrangulación salarial e impidiendo elecciones internas. Instalaron un proceso de desgaste. La universidad está exhausta. Querían imponer una hegemonía, pero ya eso no va a pasar.
—¿Si se acabó, por qué sigue?
—Tenemos un proceso que nos va llevando por una vía. EE UU habla de estabilización, recuperación económica y luego transición democrática. Marco Rubio dice dos cosas importantes: sin cambio institucional no hay recuperación económica, y no concibe elecciones sin María Corina Machado. Esas aseveraciones me dan confianza sobre la visión de Washington.
—¿Y las otras?
—Me parece positivo el restablecimiento de relaciones diplomáticas. Permite que los venezolanos en EE UU tengan cédula, pasaporte y voten. Pero algunas opiniones encienden alarmas, como las de Donald Trump sobre Rodríguez. Menos mal que ella es transitoria. Pretenden que los inversionistas sientan confianza porque negocian con alguien sin sanciones, pero no tiene la legitimidad de las urnas.
—No tiene la sanción, tampoco la legitimidad que otorgan las elecciones.
—Totalmente de acuerdo. Sin instituciones, democracia y seguridad jurídica, no vendrán los inversionistas.
—Todavía hay sectores del Estado que no se han incorporado a la verdadera estabilización. La libertad de los presos sigue siendo una burla.
—Rodríguez trata de ganar tiempo. No entiende que es parte de una minoría. La democracia es el gobierno de las mayorías con respeto a las minorías. Ella debe actuar desde la oposición. Están tan aferrados al poder que es patológico.
—La realidad es que están fuera del poder. Solo administran transitoriamente el Estado según las directrices que vienen de Estados Unidos.
—Y lo hacen muy bien. Trump está contento. Rodríguez es absolutamente sumisa a las órdenes de Washington.

—¿Cómo acelerar la transición?
—Trabajamos en dos cursos. Machado está en Washington vinculándose con gobiernos de América y Europa. Nosotros estamos movilizando a la gente internamente. Esta emergencia la resolvemos los venezolanos.
—Sin medios de comunicación no hay presión, tampoco hay libertad mientras existan presos políticos. —Se han liberado algunos, yo soy un caso, pero que falten todavía 500 me parece una cantidad elevada. La libertad se resuelve con una simple orden: libérenlos.
—Además de 500 presos políticos, quedan 80 desaparecidos.
—Es sumamente grave. Se viola la Constitución y los acuerdos internacionales. Yo estuve nueve meses preso y la primera visita de mis hijos fue una semana antes de salir. Me mantuvieron los primeros 21 días en un claustro sin bañarme. Hemos perdido un tiempo precioso para la educación y la producción.
—Volvimos a la prehistoria, a cocinar con leña y a curarnos con raíces…
—Pudimos comenzar el siglo XXI de otra manera. Trump se alegra porque tiene 100 millones de barriles en las refinerías de Texas. Podría tener 400 millones si hubiéramos desarrollado la apertura petrolera que planteó Rafael Caldera. Por una posición extrema de Chávez, perdimos ingresos que se habrían traducido en bienestar.
—Después de 27 años de antiimperialismo somos tutelados por el imperialismo.
—Es una realidad. Espero que esto abra las puertas a la reinstitucionalización. Somos parte del mundo occidental y debemos vincularnos a EE UU y Europa.
—¿Quién manda en este momento en Venezuela, Delcy Rodríguez o Marco Rubio?
—Estados Unidos, sin duda. Quienes dirigen la administración del Estado siguen las directrices de Washington.
—Pero tienen una enorme capacidad de sabotearse, dicen que van a liberar los presos y se inventan la amnistía; hablan de transparencia, pero no rinden cuentas…
—Washington dicta directrices, pero no puede estar en todos los detalles y de eso se aprovecha quien ejerce el gobierno.
—Los venezolanos sí están. Hay una quietud expectante de que van a ocurrir hechos, pero no hay la conciencia de que quienes tienen que hacer que las cosas ocurran son los venezolanos.
—La ciudadanía está muy consciente. La gente quiere que el cambio sea rápido. El venezolano está entendiendo que tiene que actuar y no esperar a que otro le resuelva el problema.
—¿Y los otros partidos? ¿Existen conversaciones, se plantean firmar un pacto como el de Puntofijo?
—Hay que definir quién es de oposición. Para mí, debe aspirar a un cambio político inmediato. Quien diga que Rodríguez debe seguir para dar estabilidad, no es opositor. El otro criterio es el democrático: respetar que 92% eligió a Machado.
—¿Y la unidad?
—La nación opositora está unida. En la elección del 28 de julio de 2024, la gente votó por Edmundo González Urrutia porque sabía que era el candidato de la unidad. Los otros 10 candidatos no obtuvieron ni 2% de los votos.

—Plantea un país nuevo, con políticos nuevos…
—El país debe ser reconstruido con las nuevas generaciones. A la gente le corresponde decidir quién continúa.
—¿Por qué no elecciones generales? Todos los que ocupan cargos son írritos.
—Los actuales alcaldes y gobernadores aprovecharon que la oposición no participó. Hay una discusión: unos proponen solo presidenciales y luego una constituyente; otros, presidenciales y de Parlamento. Todos los cargos de elección popular deben cambiar. Los nombramientos actuales son provisorios.
—¿No tiene una posición, una preferencia?
—Lo ideal sería elegir presidente y convocar a una constituyente que modifique puntualmente la Constitución y legitime los poderes. Todo depende del consenso. Tener un país legitimado es la mejor manera de recuperarlo.
—¿Y comenzar ya la campaña electoral?
—Sería dañino postularse ahora a alcaldes. Nuestro objetivo es la liberación de Venezuela. La única candidatura válida a la Presidencia es la de Machado.
—Pero sí es importantísimo que empecemos a presionar por la dignificación de los salarios.
—Sí, pero también tenemos que dinamizar el aparato productivo. Está muy mermado. Hay que generar condiciones para que la gente sienta que puede regresar, trabajar y emprender.
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