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jueves, 28 de mayo de 2026

Improvisación y negligencia amenazan con hundir una solución al colapso del Sistema Turimiquire

 

Cortesía

 

Desde el pasado 25 de febrero, el descanso no es opción para los habitantes de los municipios Sucre, Bolívar y Cruz Salmerón Acosta del estado Sucre, en el oriente de Venezuela, luego de que las autoridades regionales anunciaran la interrupción del servicio de agua y días después se conociera que el motivo fue una falla en el Sistema Turimiquire. En ese momento, la población de Cumaná, Araya y Marigüitar tuvo que empezar a ingeniarse mecanismos para abastecerse del recurso hídrico, recurriendo a ríos, playas o tomas clandestinas, además de las cisternas dispuestas por la Gobernación de Sucre para la atención de las comunidades o la sectorización del servicio.

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No fue hasta el 6 de marzo cuando la gobernadora de Sucre, Jhoanna Carrillo, a través de una gaceta oficial declaró a estos tres municipios en emergencia hídrica. Se ha hecho común observar en las comunidades sucrenses a adultos mayores, mujeres, jóvenes, hombres y niños caminando largas distancias cargando envases para poder surtirse de agua, vehículos con adaptaciones y tanques para facilitar el traslado o grupos de vecinos o familias gestionando cisternas privadas para surtirse de agua ante la insuficiente respuesta oficial a la situación.

A más de tres meses desde que inició el problema, no se percibe una solución inmediata a este panorama que mantiene en agonía a miles de familias sucrenses. Incluso, es un drama que se extiende a parte del estado Nueva Esparta. El malestar social se ha manifestado en múltiples protestas ciudadanas, reclamos de gremios y sindicatos, partidos políticos, entre otros.

Detrás de los grifos vacíos, la paralización de la actividad económica, la alteración del calendario académico, las dolencias de salud y las profundas incomodidades que atraviesa la población en sus hogares, existe un debate técnico y político que corre en paralelo con la opacidad informativa.

Mientras la narrativa oficial del Ejecutivo regional promete una megaobra definitiva amparada en reportes centralizados y propaganda, los gremios de ingenieros y los propios trabajadores hidrológicos denuncian un escenario de improvisación.

El férreo control sobre los datos reales del colapso no solo alimenta el escepticismo generalizado, sino que camufla un retraso metodológico y un nivel de riesgo laboral que, según los expertos, amenazan con prolongar la sequía de forma indefinida.

Crisis severa

El ingeniero civil y expresidente de Hidrocapital, José María De Viana, en entrevista con el equipo de lapatilla.com en Sucre, consideró que se trata de “la emergencia de agua más severa que tenemos en Venezuela en mucho tiempo”.

De acuerdo con De Viana, el problema no se resuelve solamente sacando escombros. “Si tú lo haces mal, vas a pasar meses pedaleando. Y le estás diciendo cosas a la gente que no es verdad. Cuando tú retires los escombros, todavía no has terminado, porque vas a retirar los escombros y se sigue demorando el techo. ¿Por qué? Porque la obstrucción vino de un tramo del techo del túnel. Entonces, cuando tú retires los escombros, va a seguir cayendo. Y en esas condiciones, además, es muy peligroso para la gente. Entonces, tú tienes que tener herramientas de tal manera que tú vas retirando los escombros y vas creando con concreto lanzado una nueva cáscara”, explicó.

Del mismo modo, aseguró que en el territorio nacional existen empresas y profesionales de ingeniería capaces de hacer grandes aportes a la solución, pero no han sido tomados en cuenta por las autoridades nacionales ni regionales. “Por empresas nacionales y con talento venezolano tenemos el conocimiento.

No tenemos que ir a buscar a nadie, si necesitamos, si tenemos un problema, sabemos a quién llamar (…) ¿Qué yo creo que hay que hacer? Pregúntale a la gobernadora si cuando ella tiene un problema cardíaco y se tiene que operar el corazón, busca un zapatero o busca un cardiólogo (…) Ahora resulta que se le cayó un túnel. Y entonces, quiere buscar a los amigos y los conocidos. Esta es una emergencia nacional”, sentenció De Viana.

Peligros en el trabajo

Aunado a los retrasos en la restitución del servicio, el debate técnico choca de frente con otra realidad alarmante: el peligro al que están expuestos quienes trabajan en la obra. Luis Blanco, secretario de Reclamo de los Trabajadores de la Hidrológica de Venezuela en Sucre, denunció que la gobernación de Sucre subestimó la envergadura del siniestro desde el primer día.

A su juicio, el equipo técnico de la gobernación “no vio la magnitud del problema” y prefirió improvisar en una estructura de alta complejidad como si se tratara de un incidente superficial en la superficie.

“Atacaron el problema como si fuera un derrumbe de una vía común. Intentaron reponerlo prácticamente con un estilo rudimentario, a pico y pala, utilizando maquinarias pequeñas que no eran las adecuadas para un túnel de trasvase. Esto no solo retrasó las labores, sino que provocó nuevos derrumbes en el sitio que terminaron dejando trabajadores heridos”, alertó Blanco.

El representante gremial cuestionó la falta de profesionalismo del equipo técnico oficial, señalando que en lugar de articular soluciones con expertos hidráulicos y el Colegio de Ingenieros de Sucre, se optó por un esquema que pone en riesgo vidas humanas.

Esta denuncia sobre el rudimentarismo en la zona del desastre coincidió con los señalamientos del ingeniero José María De Viana, quien calificó de “pecado” el uso de maquinarias inapropiadas y la falta de protocolos de seguridad industrial en espacios confinados. Para el expresidente de Hidrocapital, pretender mover miles de metros cúbicos de tierra y roca dentro de un viaducto subterráneo a pura fuerza humana y carretillas no solo es inviable en términos de tiempo, sino un error operativo que roza la negligencia.

El aspecto más crítico, advierte De Viana, radica en la atmósfera tóxica que se genera dentro de la estructura debido a malas prácticas de ejecución. El ingeniero explicó que introducir motores de combustión interna en un túnel sin el despliegue previo de aire comprimido y ventilación industrial (adecuación realizada muchos días después de iniciadas las labores) es una trampa mortal para las cuadrillas.

Narrativa oficial

Para la realización de este reportaje, se intentó obtener una entrevista con la gobernadora Jhoanna Carrillo y el ministro de Obras Públicas y Servicios, Juan Ramírez, para precisar detalles, pero no fue posible.

La gobernadora Jhoanna Carrillo ha salido al paso para pedir paciencia a la población, admitiendo que el colapso del Sistema Turimiquire no es una avería ordinaria, sino un problema de gran envergadura. “Es un problema estructural y eso amerita una inversión considerable por el Ejecutivo Nacional”, defendió la mandataria en su programa “En Contacto con Jhoanna” el pasado 15 de mayo, asegurando que a través de la Vicepresidencia de Servicios y el Ministerio de Aguas ya se ejecuta un proyecto de envergadura para recuperar los 13 kilómetros del túnel trasvase. “Hemos estado muy pendientes de que se haga un proyecto de calidad, no estamos colocando pañitos de agua tibia”, enfatizó. En una reciente aparición pública, Carrillo lanzó esta perla: sería irresponsable dar una fecha estimada para la solución del problema.

A través de videos institucionales editados con inteligencia artificial, el Ministerio de Obras Públicas y Servicios reporta un presunto “progreso histórico” en los frentes de trabajo del túnel Guamacán.

Según los datos oficiales emitidos por el ministerio, las labores avanzan a “paso firme en ambos extremos de la obra”, reportando la iluminación continua de 3.5 kilómetros del viaducto, la instalación de 5.700 metros de mangas de ventilación y la remoción de más de 2.000 metros cúbicos de sedimentos.

Sin embargo, para las miles de familias sucrenses que ya acumulan tres meses cargando tobos de agua bajo el sol oriental, este despliegue de datos y videos contrasta con la realidad de sus grifos. “Hay muchas personas que no tienen tanque en su casa, no tienen ni siquiera un pipote en su casa para poder llenar. Y por eso es que venimos constantemente aquí a agarrar agua, ya que no podemos agarrar mucha y no todos podemos cruzar la avenida para El Mercadito porque es riesgoso”, dijo Dioselys González, vecina del sector Villa Bolivariana en Cumaná.

¿Paliativos humanitarios?

A la par de los trabajos del Turimiquire, la distribución insuficiente del recurso hídrico por cisternas o sectorización que llega a las comunidades, se ha convertido en otro foco de conflicto. Luis Blanco puntualiza que la sectorización actual en municipios como Sucre no da resultados, porque la red posee demasiadas conexiones y carece de válvulas ubicadas estratégicamente. “El Colegio de Ingenieros entregó un plan técnico para corregir esto y llevar mejor calidad de vida mientras se repara el túnel, pero no ha habido respuesta”, denunció, evidenciando la exclusión que existe para la toma de decisiones que beneficien a la colectividad.

El ingeniero José María De Viana manifestó su postura sobre el fondo de emergencia destinado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estipulado en 2 millones de dólares. “Lo que yo me temo es que se gasten ese dinero contratando camiones cisterna, que es la mejor manera de botar la plata. Lo que se necesita es producir agua. Lo sensato sería reunir a los expertos y preguntarles qué ingeniería de verdad se puede ejecutar con dos millones de dólares. Allí está la plata, pero debe ponerse en manos de gente seria y responsable”, argumentó el exdirector de Hidrocapital.

Mientras se desarrollan las proyecciones técnicas, las disputas por el presupuesto internacional y las promesas gubernamentales, la tolerancia en las calles de Sucre parece estar llegando a su final. Tras más de tres meses en sequía, el desespero colectivo se traduce en trancas de vías y protestas espontáneas que amenazan con agudizar la conflictividad en el oriente del país. Como bien sentencia De Viana, la paciencia tiene un término cuando lo que falta es un elemento vital. “Detrás de esta crisis hay muchas madres, muchos niños y demasiada actividad económica perdida. Entre el sufrimiento y la rebeldía hay un trecho muy corto, y en cualquier momento la gente se va a molestar más de lo soportable”.

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