El aterrizaje de las imponentes aeronaves militares de los Estados Unidos en el Aeropuerto internacional de Maiquetía es, sin duda, la imagen más poderosa de la semana posterior al doble terremoto.
Con las operaciones comerciales completamente suspendidas debido a los daños y la emergencia en La Guaira, la presencia de estos gigantes del aire en suelo venezolano trasciende lo estrictamente humanitario para convertirse en un hecho político ineludible.
En un país bajo estricto control y militarización local, la apertura de la principal puerta aérea para el despliegue estadounidense evidencia la magnitud de una tragedia que ha obligado a flexibilizar posturas ante la desesperada necesidad de asistencia y soporte técnico.

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