Chelo Camacho
Un yorkshire diminuto y asustado salió con vida de los escombros diez días después del derrumbe, y el video corrió por las redes de toda Venezuela. Detrás del animal está Eliezer Alfonzo, una estrella nacional del béisbol que ha montado su propio campamento de rescate en un estacionamiento de La Guaira, la zona más devastada tras el doble terremoto del pasado 24 de junio. Alfonzo tiene mineros, tiene comida, tiene cinco máquinas pesadas y 50 hombres a su cargo. Ha formado un equipo de logística propio ante las limitaciones del Estado. La misión era sacar a su esposa Patricia y a su hija Eliana, de 16 años. Vivas o muertas. El sábado todavía había esperanza: si el perro sobrevivió diez días ahí abajo, era posible que ellas también. Pero el domingo se esfumó. Las hallaron sin vida.
Por María Martín / elpais.com
El dinero compra velocidad y tiempo. Alfonzo pudo traer maquinaria desde Puerto La Cruz, a cinco horas por carretera, contratar hombres de las minas de oro de Tumeremo, acostumbrados a trabajar bajo tierra, y mantener alimentados y a base de suero vitamínico a un ejército propio, incluidos los operadores de la maquinaria que trabajan de seis de la mañana a dos de la madrugada.
Una grúa, un martillo hidráulico, un jumbo con pala, una cuchilla para retirar escombros y luminarias que permiten excavar de noche. Unos 1.200 euros por máquina. Alfonzo es uno de los venezolanos que estos días están invirtiendo lo que tienen en buscar a los suyos porque la espera es demasiado larga. Pero incluso con todo eso, con una fama que le ha dado contactos y dinero suficiente, diez días después seguía buscando.
Alfonzo fue estrella de Grandes Ligas con los Gigantes de San Francisco y en Venezuela lo conocen como El Matatán, el rey de los jonrones. Hoy es manager de Los Delfines de La Guaira, el equipo con el que llevaba tres meses instalado en el hotel Eduard’s Suites, cuyas ruinas ha pasado días removiendo. Su fama y sus recursos no lo hacen muy distinto del resto de los que buscan. “Estoy devastado”, contaba a EL PAÍS este sábado. “Me siento impotente por no ver el resultado de tanto esfuerzo”.
El primer día tras el doble sismo, nadie los asistió. “El capital humano éramos nosotros mismos”, recuerda la hermana del jugador, Hensily Alfonzo. Cavaron con las manos hasta que, desde el segundo día, empezó a llegar la maquinaria que Alfonzo mismo gestionó y pagó. La propia familia se puso a dirigir las excavadoras porque los conductores no tenían ninguna experiencia en cómo abordar un edificio colapsado. “Acabamos ordenando el tráfico nosotros, por instinto”, cuenta.
La mayoría de los afectados no puede permitirse pagar esa fortuna en Venezuela. “Muchas personas decían: cuando Eliezer consiga lo que tenga que conseguir, nosotros nos vamos, porque no contamos con nadie”, cuenta Hensily sobre los vecinos que dependían de que las máquinas de su hermano les echasen una mano en otros edificios cercanos. “Llevamos diez días aquí y no encontramos nada. Imagínate sin máquinas”.
El balance oficial de la tragedia, actualizado este domingo, elevó a 3.342 los fallecidos y a 16.740 los heridos por el doble terremoto del 24 de junio. Otras 6.462 personas han sido rescatadas con vida y 17.345 perdieron su vivienda. La Guaira, donde buscaba Alfonzo, es el estado más golpeado: allí colapsaron 8 de cada 10 edificios totalmente derrumbados tras los sismos.
El sábado, tras hallar a la perrita Sandina, los rescatistas empezaron a encontrar algunas pertenencias de la familia. El teléfono de su hija, de su esposa, una maleta, un reloj, una cartera… Eliezer se movía abatido por el campamento. “No puedo decir que me he sentido desatendido porque yo hice el movimiento que tenía que hacer. Pero pienso que la búsqueda hubiese sido algo más grande si hubiese vendido más apoyo”.

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