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martes, 7 de julio de 2026

Fracturas, aplastamientos y largas jornadas: la batalla silenciosa de médicos en el Periférico de Catia tras el sismo


El Hospital Periférico de Catia “Dr. Ricardo Baquero González” se convirtió en uno de los epicentros de la resistencia médica en Caracas tras los terremotos del pasado 24 de junio, donde el jefe de servicio de Traumatología y Ortopedia, Carlos Peralta, aseguró que todo el personal de esta área respondió de manera inmediata, pese a lo sorpresivo de la situación y al espacio reducido del hospital para la magnitud de la emergencia.

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Por: Luz Dary Depablos / lapatilla.com




Peralta, confirmó el lamentable fallecimiento de un reconocido exdirector del hospital junto a toda su familia en los sismos. Igualmente, indicó que varios médicos del servicio de Traumatología perdieron sus viviendas en medio de la tragedia.

Debido al colapso del Hospital Vargas (único Tipo 4 de la zona); el cierre del Hospital de Coche por los daños que sufrió su infraestructura por los movimientos telúricos; así como la distancia para llegar al Domingo Luciani (el más grande del Seguro Social en el este de la ciudad), el Periférico de Catia asumió un ingreso masivo de sobrevivientes en condiciones críticas.

Cabe destacar que la red ambulatoria en Caracas activó los 150 ambulatorios, además de los 18 hospitales, expresó Peralta. Todos los centros de salud colapsaron los primeros días.

La mayoría de los heridos ingresaban solos, desorientados y sin familiares que pudieran aportar datos de identidad para el registro médico, lo que dificultó el proceso en plena emergencia.

Las primeras tres jornadas exigieron un esfuerzo continuo de los médicos traumatólogos, quienes acudieron de forma voluntaria, fuera de sus horarios de guardia, para apoyar junto con los 12 residentes del postgrado de Traumatología y los estudiantes de la Universidad Rómulo Gallegos, a los heridos que no paraban de llegar.

Peralta, detalló que la patología más común entre los rescatados fue el síndrome de aplastamiento prolongado, causado por el colapso de concreto sobre las víctimas.

Por su parte, Alfredo Mogollón, traumatólogo con 18 años en ejerciendo en centro de salud y coordinador de posgrado, se encontraba de día libre, pero ante la tragedia inmediatamente se trasladó al hospital, donde la emergencia en pocas horas colapsó.
“También vino el doctor Carrillo que se encontraba en la clínica porque no era su guardia, vino con su hijo que también es médico. El doctor Durán entró a quirófano con los primeros que llegaron con heridas complicadas, fracturas abiertas”, narró.

“Nosotros pasamos toda la madrugada metidos en quirófanos y los pacientes seguían llegando. Eso era ambulancia tras ambulancia” recordó Mogollón.

Las primeras 72 horas del desastre, “fueron críticas”, señaló Mogollón. El hospital procesó casos de extrema urgencia: fracturas abiertas, daños musculares severos y cuadros de rabdomiólisis que requerían cirugía inmediata.

Por su parte, Carlos Peralta añadió: “Hemos ido tratando de solucionar, egresar los que estén en mejores condiciones para darle respuesta a los demás”, resaltó Carlos Peralta.

Además acotó que la magnitud de este desastre superó cualquier contingencia anterior, incluyendo los heridos del deslave de Vargas, en la que también atendió la emergencia.

Tras casi dos semanas de los terremotos, los heridos que han estado llegando a este hospital son pacientes con fracturas cerradas, pacientes que se mantuvieron en su casa tras los terremotos, así lo indicó el traumatólogo y especialista en medicina deportiva del hospital de Catia desde 2019, Eduardo Zambrano.

El centro de salud comenzó a recibir pacientes remitidos de otros hospitales que ya habían copado su capacidad operativa y este flujo corresponde a una segunda oleada de afectados que sufrieron fracturas cerradas en muñecas, hombros y piernas, quienes inicialmente pudieron mantenerse bajo manejo ambulatorio en sus hogares mientras disminuía la saturación de los casos críticos en las salas de urgencia, explicó Zambrano.

18 horas continuas en quirófano

Jean Manuel Córdoba, traumatólogo cirujano de mano, fue uno de los médicos que atendió de forma ininterrumpida a unos 20 pacientes, la mayoría quirúrgicos, en las primeras 18 horas de la emergencia.

Córdoba, quien también labora en Clínicas Caracas, sirvió de puente para remitir a este centro privado a varios pacientes, tanto para estudios como para resolución quirúrgica. La clínica recibió sin ningún costo casos complejos, pues el hospital de Catia no cuenta con algunos equipos especializados.

“El personal humano se agota; no es lo mismo operar un paciente que operar 10 consecutivos. El agotamiento es de alta demanda, pero estudiamos para salvar vidas”, afirmó el Dr. Córdoba.

Rabdomiólisis y aplastamiento

El panorama en la emergencia, “fue dramático con pacientes con heridas muy complejas” aseguró Jorge Contreras, traumatólogo con especialidad de cirugía de hombro y codo, adjunto al hospital de Catia.

Señaló que casi todos los heridos ingresaron por aplastamiento, la mayoría fue sacado debajo de los escombros con heridas o fracturas a las que no están acostumbrados a recibir y, además las complicaciones que generalmente llevan este tipo de lesiones, como el síndrome compartimental, explicó.

Dijo que entre los pacientes fue necesario amputar a uno de ellos por una lesión grave, pero pese a los esfuerzos del personal lamentablemente falleció 48 horas después. También mencionó que una niña perdió los deditos de la mano, debido a las fuertes heridas.

Alianzas institucionales para casos complejos

La severidad de los casos obligó a activar la solidaridad interinstitucional. El hospital no cuenta con un intensificador de imágenes (equipo radiológico móvil esencial para cirugías complejas). Ante esto, solo por mencionar un caso, una paciente con fractura de pelvis debió ser trasladada a Clínicas Caracas con el apoyo de especialistas aliados, manifestó el especialista, Peralta.

Actualmente, el flujo de insumos y materiales como tutores externos y reemplazos articulares se mantiene activo gracias a donaciones de fundaciones internacionales, empresas privadas, ciudadanos anónimos y casas comerciales, permitiendo programar las cirugías definitivas de quienes sobrevivieron a las horas más oscuras.

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