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viernes, 3 de julio de 2026

Los milagros y la muerte de un pueblo extenuado: "Hemos visto sus fotos y zapatos, pero vamos a conseguir sus cuerpos"

 

Rescatistas trabajan en un operativo para salvar a Fabio, un niño de nueve años que lleva ocho días entre los escombros de una edificación derrumbada por el doble terremoto que ha dejado más de 2.290 muertos, este jueves, en Caraballeda (Venezuela). EFE/ Henry Chirinos

 

“El sueño se deshizo para siempre. ¡Para siempre! ¡Dios mío!”. El poema de Federico García Lorca emerge entre los escombros del edificio Club Caribe, zona cero de la tragedia del Día de San Juan. El libro está abierto de par en par, tan estrujado como las enormes paredes de dos edificios de 14 y 7 pisos. El primer verso de las Obras Completas del autor granadino ha sobrevivido a duras penas, como si quisiera dejar constancia que La Guaria fue un sueño para sus habitantes y para los caraqueños, por algo era su playa favorita. Hasta que la furia de la naturaleza, tan hermosa hasta entonces, lo pulverizó.

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Por Daniel Lozano / elmundo.es




“Somos nueve de la familia, vinimos el primer día desde Caracas. Carla (47 años) y sus niñas Bianca (10) y Verónica (14) están ahí debajo, uno de los rescatistas internacionales vio uno de sus cuerpos. Estamos con lo que ves, picos y palas y sabemos que ellas no están vivas. Hemos visto sus fotos, sus zapatos y lo sabemos. Pero tenemos algo claro: vamos a conseguir sus cuerpos”, explica a EL MUNDO Abraham Rojas.

El chico, sus hermanos y toda la familia tiene una misión y la van a cumplir. Han luchado con fortaleza, pero también sienten el desespero, dos de los muchos sentimientos que estos días inundan a los venezolanos, un pueblo que durante mucho tiempo se sintió bendecido por los dioses, con la riqueza que brotaba de sus suelos, ya fuera petróleo, oro o cualquier otro mineral.

“Son milagros, pero pasan”, atestiguó ayer Daniel Acevedo, colombiano de Boyacá, quien participó en el rescate del niño Moisés, que tanto ha conmovido a su país. El chiquillo sólo tenía un rasguño, pero a su lado permanecían los cuerpos de su madre y sus hermanitas.

Restos del libro Obras Completas, del autor Federico García Lorca, emergen entre los escombros.D. Lozano

 

Daniel pertenece a los USAR Col1, los rescatistas del país vecino que pese a saber que ya se ha sobrepasado con creces la frontera de las 100 horas que marcan la vida y la muerte en este tipo de tragedias no cede a la realidad. Por eso se niegan a seguir las órdenes de una autoridad venezolana, que les quiere dirigir a zona de derrumbes sin esperanza. Los colombianos van equipados con la última tecnología. ¿Y los venezolanos?, pregunta el reportero. “Picos y palas, nada más”, contesta Acevedo.

Uno de los últimos milagros también tiene nombre: Hernán Gil. Los rescatistas de la Cruz Roja de Costa Rica le han extraído de una montaña de escombros tras 114 horas de lucha sin cuartel. Estaba atrapado en el Centro Comercial Galería, en Playa Grande.

“¿Cuál es la diferencia de esta tragedia? ¡La magnitud!”, responde sin titubear el brigada español Alberto Vazquez, de la Unidad Militar de Emergencias (UME), apesadumbrado ante un escenario que parece más cercano a una guerra sin escrúpulos. Pese a que todos ellos saben que están jugando más allá de la prórroga, “siempre está la esperanza, siempre. Hemos sacado a Antonio y a Adelaida”, añade.

El brigada sevillano Fran Pérez, sus seis hombres y el pastor belga malinois Krampus permanecían ayer en la zona de Caribe esperando una señal para lanzarse a salvar vidas, pese a que el edificio en el que están trabajando hay riesgo evidente. Están orgullosos, incluso cuentan con una sonrisa cómo fue el rescate de Adelaida (61). “Temía que le robáramos la planta (eléctrica), pero poco a poco la tranquilizamos”, recuerda Pérez.

Los rescatistas españoles descansan algunas horas al día en el campo de béisbol, convertido en cuartel general. Y siempre cuentan con la presencia de un soldado o un guardia nacional, rifle en mano, una constante por toda la zona del desastre. Estas fuerzas chavistas parecieran más preocupadas en vigilar quién sabe qué que en ayudar a sus “hermanos” venezolanos, mientras miles de voluntarios se reparten los trabajos.

La morgue improvisada en la entrada del puerto de La Guaira también cuenta con un despliegue armado, como si los muertos fueran a rebelarse. Los familiares esperan en sillas que les toque el turno para reconocer a sus seres queridos, uno de los puntos finales de este recorrido por el milagro y la muerte. Aquí está José Fuente, que vivía en Maiquetía, pero que ha visto como los terremotos salvajes se tragaban la vida de sus familiares, incluido Carlos Eduardo, que ya es un héroe para todos ellos tras salvar a su mujer y a sus hijas. El hombre quedó atrapado y murió, pero su gente no iba a permitir que quedará enterrado de esa forma.

Socorristas participan en el rescate de un hombre, tras ocho días bajo los escombros, en una operación de salvamento de casi 72 horas este jueves, en Catia La Mar (Venezuela). EFE/ Ronald Peña R

 

“Lo desenterramos con nuestras manos, nadie ayudó. Lo sacamos de debajo de los escombros y lo entregamos aquí. Ya lo hemos identificado y ahora esperamos que nos entreguen el cuerpo para enterrarlo, pero el gobierno no ayuda nada. Ellos son muchos, pero son malos”, atestigua bajando su voz. Todos ellos vivían en una de las Misiones Vivienda, el famoso plan de vivienda protegida que Hugo Chávez puso en marcha y quiso convertir en uno de los grandes emblemas de la revolución bolivariana.

Si el legado del comandante supremo se va a medir en el futuro con esta iniciativa, este ha quedado tan hecho añicos como su Misión populista favorita.

La familia Fuente está buscando un “hueco” para darle sepultura, “pero con la situación no hay quien venda ni preste. Queremos enterrarle en el cementerio de La Guaira o en Carayapa. Pese a todo le vamos a dar la sepultura que merece”, sentencia José Fuente, que ha guardado en su teléfono móvil las imágenes de la morgue improvisada, cuando las autoridades han preferido preservarlas tapando las verjas con lonas semioscuras.

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